Falleció el famoso dramaturgo judío que escribió 'Shakespeare enamorado'

04/12/2025

11 min de lectura

El gran dramaturgo abrazó su identidad judía en la adultez tardía y se convirtió en una voz apasionada contra el creciente antisemitismo.

Tom Stoppard, quien murió a la edad de 88 años, fue el dramaturgo más importante de su generación. El único escritor en ganar cinco premios Tony, alcanzó fama con clásicos modernos como Rosencrantz y Guildenstern han muerto, Travesties, La cosa real, La costa de la utopía y Leopoldstadt (todas ellas ganadoras del Tony), así como Arcadia, Jumpers, La invención del amor y muchas otras. Sus brillantes obras a menudo incluyen múltiples líneas temporales, sorprendentes paralelismos entre el tiempo y el espacio, además de eruditas discusiones sobre filosofía, matemáticas y la naturaleza del amor y el destino.

Los aficionados al cine quizá estén más familiarizados con los guiones de Stoppard. Él escribió la exitosa película Shakespeare apasionado (1998), la película de Steven Spielberg El imperio del sol (1987), y otras más. También corrigió sin aparecer en los créditos los guiones de numerosas películas, perfeccionando textos como El ultimátum de Bourne, Star Wars Episodio III: La venganza de los Sith, La lista de Schindler, Indiana Jones y la última cruzada y muchas otras.

Para muchos admiradores, Stoppard era el inglés por excelencia. Sin embargo, lejos de ser el arquetipo del artista inglés, Stoppard era judío y un refugiado. Aunque reprimió esta identidad durante gran parte de su vida, finalmente abrazó su judaísmo en la madurez, abordándolo directamente en su última obra maestra, el drama épico del 2020 Leopoldstadt, que ganó tanto el Premio Olivier en Inglaterra como el Premio Tony en Estados Unidos.

“Sería engañoso verme como alguien que, a los cuarenta y tantos, pensó inocentemente: ‘¡Oh, Dios mío, no tenía idea de que pertenecía a una familia judía!’”, explicó Stoppard en una ocasión. “Por supuesto que lo sabía, pero no sabía quiénes eran. Y no sentía que tuviera que averiguarlo para vivir mi propia vida. Pero en realidad, eso no era cierto”.

Al conocer la historia de su familia y su pasado judío, Stoppard finalmente se sintió completo e íntegro.

La infancia olvidada

Antes de ser Tom Stoppard, fue Tomas Straussler, nacido en 1937 en una familia judía en la ciudad de Zlín, en Checoslovaquia. Stoppard vivía con sus padres, Eugen y Martha, y su hermano mayor Petr en una casa cómoda, rodeados por una familia muy extensa y una cálida comunidad judía. Su familia estaba muy asimilada. Stoppard estimó más tarde que la mitad de sus parientes judíos se habían casado con personas no judías.

El padre de Stoppard, Eugen, era médico y trabajaba en el hospital de la mayor empresa de la ciudad: la fábrica de zapatos Bata, un hecho que terminaría salvando la vida del pequeño Stoppard. Cuando tenía solo 18 meses, las tropas alemanas estaban listas para invadir Checoslovaquia. Reconociendo el peligro que corrían los trabajadores judíos de la compañía Bata, el director general Jan Antonin Bata trasladó a unos 80 empleados judíos a oficinas en el extranjero. La familia de Stoppard aprovechó la oportunidad y eligió como destino la fábrica de Bata en Singapur.

Dos años más tarde, la familia volvió a verse atrapada por la guerra. A finales de 1941, los soldados japoneses estaban a punto de invadir Singapur, y la madre de Stoppard, Martha, huyó de la ciudad con los pequeños Petr y Tomas, dejando atrás a Eugen para que participara en la defensa de Singapur. (Stoppard recreó años más tarde esa desesperada huida en su magnífico guion para la película El imperio del sol, que cuenta la historia de una familia británica en Singapur durante la invasión japonesa).

Stoppard, su hermano y su madre tomaron un barco hacia la India. Sin que ellos lo supieran, Eugen evacuó Singapur después de la invasión japonesa en febrero de 1942, y murió cuando su barco fue hundido por un torpedo japonés. Durante años, su familia no supo exactamente cómo había muerto. Stoppard reflexionó que el destino de su padre fue muy distinto al de muchos de sus parientes judíos asesinados por los nazis: “Porque lo de los japoneses era otra historia. Mataron a mi padre e hicieron lo posible por hundir el barco que nos llevó al resto a la India, pero no fue algo personal, no estábamos en ninguna lista; simplemente era la guerra y estar en el lugar equivocado en el momento equivocado”.

Adoptar lo inglés como si fuera ponerse un abrigo 

Tomas, Petr y su madre permanecieron durante cinco años en la India bajo control británico. Stoppard recordó más tarde que durante gran parte de ese período sólo habló checo. En 1946, su madre se casó con Kenneth Stoppard, un mayor del ejército británico, y se mudó con él a Inglaterra. Para facilitar las visas, Kenneth adoptó a sus nuevos hijastros. De la noche a la mañana, Tomas se convirtió en Thomas; Petr se convirtió en Peter; ambos cambiaron su apellido por Stoppard.

Su padrastro era antisemita, y existía una regla tácita de que la familia debía ocultar cualquier vestigio de su judaísmo.

Tom tenía ocho años cuando se mudó a Inglaterra. Más tarde describió que se adaptó tan rápido como pudo a su nuevo hogar: dijo que "adoptó lo inglés como si fuera ponerse un abrigo”. Su padrastro fue generoso con sus hijos adoptivos, pero también tenía una mentalidad estrecha y era antisemita. Existía una regla silenciosa de que la familia debía ocultar cualquier vestigio de su judaísmo.

La madre de Stoppard tuvo tres hijos más en Inglaterra; Tom y su hermano asistieron a prestigiosas escuelas privadas inglesas. Al graduarse de la secundaria a los 17 años, Stoppard empezó a trabajar como periodista en la ciudad de Bristol, en el suroeste de Inglaterra, y también escribía reseñas de teatro para una revista de Londres. Stoppard comenzó a escribir obras para radio y televisión, y alcanzó la fama en 1966 cuando Rosencrantz y Guildenstern han muerto, una obra que escribió para el Festival Fringe de Edimburgo, recibió excelentes críticas y fue llevada al prestigioso Teatro Nacional de Gran Bretaña, dirigida por Laurence Olivier.

La obra cuenta la historia de Hamlet desde el punto de vista de dos personajes secundarios. Aunque ellos intentan detener la tragedia que se desarrolla, fracasan, ofreciendo un poderoso comentario sobre la inutilidad de tratar de cambiar nuestro destino. Stoppard, con apenas 29 años, de repente se convirtió en uno de los dramaturgos más prometedores de Inglaterra.

Escribió éxito tras éxito, incluyendo The Real Inspector Hound en 1968, una parodia de los misterios de asesinato que también funciona como un profundo comentario sobre los límites de la capacidad humana; Jumpers en 1972, una comedia sobre dilemas morales; Travesties en 1974, una obra original sobre filósofos de principios del siglo XX; y Every Good Boy Deserves Favour en 1974, un feroz ataque contra los abusos de los derechos humanos en la Unión Soviética.

Aunque su obra empezaba a tratar temas políticos y vínculos con Europa del Este, Stoppard seguía firmemente aferrado a su identidad inglesa. Poco a poco olvidó el checo y “se sentía tan inglés como era posible”.

Incluso en agosto de 1968, cuando las fuerzas soviéticas invadieron Checoslovaquia y pusieron fin brutalmente a las reformas de la “Primavera de Praga”, Stoppard no sintió nada. “En agosto de 1968, cuando los ejércitos del Pacto de Varsovia aplastaron el movimiento de reforma en Checoslovaquia, quien era entonces mi esposa primero no pudo creerlo y luego se puso furiosa de que yo no me alterara como checo. Era verdad. No tenía ningún sentimiento especial más allá de la típica e impotente condena inglesa, teñida de esa complacencia que uno siente cuando los ogros de su demonología personal se comportan tal como se esperaba. Sabía que yo era (o había sido) checo, pero no me sentía checo”. (Stoppard se casó tres veces y tuvo cuatro hijos).

El despertar de una conciencia política

En las décadas de 1970 y 1980, Stoppard comenzó a hablar públicamente sobre cuestiones de derechos humanos que afectaban a judíos soviéticos, checos y de otros pueblos de Europa Oriental, aunque se esforzaba mucho por desvincularse personalmente de las personas a las que ayudaba con su creciente fama.

En 1977 viajó a Moscú y Leningrado para investigar la situación de los refuseniks, judíos soviéticos a quienes se les había negado el permiso para emigrar a Israel u otros países y que luego eran perseguidos. Stoppard escribió conmovedoramente sobre su tortura en hospitales psiquiátricos soviéticos, donde eran drogados, sometidos a electrochoques o a convulsiones inducidas por insulina, y encarcelados durante años. Su obra de 1977, Every Good Boy Deserves Favour, retrató esta brutalidad y ayudó a llamar la atención sobre la barbarie soviética contra judíos y disidentes.

Daniel Radcliffe y Joshua McGuire como Rosencrantz y Guildenstern en una reposición en Londres.

El 17 de febrero de 1986, Stoppard reunió a un grupo de celebridades y políticos de primer nivel en las escaleras del Teatro Nacional de Londres, donde leyeron los nombres de refuseniks que habían solicitado salir de la Unión Soviética. Este acto, al que llamó “Roll Call” (pasar lista), duró 24 horas y ayudó a llamar la atención en Gran Bretaña la situación de los judíos soviéticos. Aunque Stoppard sentía cierta conexión con los judíos soviéticos a quienes apoyaba (reconocía que su familia era judía y que, de no haber escapado en 1939, podría haber sido él quien estuviera sentado en una celda soviética), seguía sintiendo que, de algún modo, él no era un “auténtico” judío.

“Como resultado (del ‘Roll Call’), recibí cartas agradeciéndome como judío. Recuerdo que una o dos veces, sintiendo vagamente que estaba recibiendo crédito bajo falsas pretensiones, respondí que no era judío o, al menos, que no era realmente judío. Me había habituado a la idea no examinada de que, aunque (obviamente) había algo de sangre judía en mí [¿la familia del padre de mi padre?], suficiente para hacerme más interesante para mí mismo y para haber corrido peligro ante los nazis, no era suficiente para conectarme realmente con los judíos que murieron en los campos y con los que no murieron”.

“Tú eras judío”

Stoppard sabía que su madre se carteaba con algunos parientes en Checoslovaquia y en otros lugares, pero él no indagó demasiado en la historia familiar. El hecho de que su madre, Martha, fuera muy reservada respecto a su vida antes de llegar a Inglaterra le daba una excusa para no profundizar. Sin embargo, con la caída del comunismo, a los checos les resultó más fácil viajar y visitar a familiares en el extranjero. Un día de 1993, una mujer a la que Stoppard identificó solo por su nombre de pila, Sarka, le escribió a Martha. Ella era prima del primer marido de Martha. Ahora que el comunismo había terminado, vivía en Alemania y quería viajar a Inglaterra para conocer a su familia perdida hacía tanto tiempo.

Martha estaba “ligeramente en pánico porque (su esposo) Ken no habría recibido bien algo así y no se podía confiar en que se comportara con cortesía”. Siendo un antisemita empedernido, era un hecho que se enfurecería al conocer a un pariente judío. Martha sugirió que se encontraran en un restaurante de Londres, cerca del Teatro Nacional, donde trabajaba Stoppard. Stoppard, su hermana, su sobrina y su madre se reunieron para encontrarse con Sarka. Hacia el final de la comida, Sarka sacó un bolígrafo y un papel y dibujó todo el árbol genealógico de su extensa familia. Más tarde, Stoppard recordó la conversación que tuvo con ella. Siempre dramaturgo, la registró como si fuera una obra de teatro:

—¿Sarka, nosotros éramos judíos?
—¿Qué quieres decir?

Me corregí.

—Quiero decir, ¿cuán judíos éramos?
—Eran judíos.
—Sí, sé que éramos judíos, la familia de mi padre…
—Eran completamente judíos.

Miré el árbol genealógico. Fui de izquierda a derecha.

—¿Qué pasó con Wilma? (La tía de Stoppard)
—Murió en Auschwitz.

—¿Berta? (Otra tía)
—Auschwitz.

—¿Amy? (Una tercera tía)
—Murió en otro campo. No sé en cuál.

—¿Ota? (El tío de Stoppard)
—Sobrevivió.

Stoppard quedó atónito. Tías, tíos, primos, amigos y sus cuatro abuelos fueron asesinados en los campos de concentración nazis. Entendió que mientras él, su hermano y su madre vivían en la India en los años 40, casi todos sus familiares cercanos fueron brutalmente asesinados.

Al año siguiente, Stoppard viajó a Checoslovaquia para un encuentro literario; cuando regresó a su hotel en Praga alrededor de las dos de la mañana, encontró a un joven esperándolo en el lobby.
“No hablaba mucho inglés, y yo no podía entender qué intentaba decirme”, recordó Stoppard. “Tenía un viejo álbum de fotos que puso sobre el mostrador del hotel y lo abrió. Había una foto mía y de mi hermano Peter con el perro de la familia, tomada en el jardín de nuestra primera casa en Inglaterra”.

El joven se llamaba Alexandr y era primo de Stoppard. Había leído sobre la visita del famoso dramaturgo inglés a su país y viajó desde su hogar hasta el hotel para establecer un vínculo. De repente, por primera vez, Stoppard vio fotos de sus parientes. Se conectó con otros familiares e incluso regresó a Zlín con unos primos con quienes había jugado cuando era pequeño, hacía casi toda una vida atrás. De repente, Stoppard se sintió judío. Al pensar en todos los años en que respetó el silencio de su madre y no preguntó sobre la familia, sintió una “forma de autorreproche”.

La persistencia de nuestra identidad judía

La madre de Stoppard, Martha, murió en 1996. Unos días después, Kenneth Stoppard le escribió a Tom exigiéndole que dejara de usar el apellido “Stoppard”. “Me escribió… para decir que llevaba un tiempo preocupado por mi ‘tribalización’, con lo que se refería principalmente a mi asociación, diez años antes, con la causa de los judíos rusos, y me pidió que dejara de usar ‘Stoppard’ como mi nombre”.

Tom Stoppard respondió secamente a su padrastro en una carta diciéndole que “eso no era práctico”.

“Sé qué fue lo ue hizo que el mayor Stoppard, él mismo padre de dos hijos (biológicos) medio judíos, se enfureciera tanto”, reflexionó Stoppard. A pesar de ser antisemita, su padrastro no era abiertamente racista con otros grupos. Esto se debía, según Stoppard, a que muchos otros grupos que había conocido estaban encantados y agradecidos de mudarse a Inglaterra y adoptar costumbres y valores ingleses. Personas de África, de India, de otros lugares, estaban “agradecidas de adoptar las formas y modos de pensamiento ingleses”. Al mudarse a Inglaterra recibían una “membresía honoraria en el club” inglés.

Pero Tom Stoppard entendió que los judíos eran diferentes. Su padrastro le dio a Tom y a Peter lo que él consideraba el regalo supremo: convertirse en ingleses. Sin embargo, contra todo pronóstico, Tom continuó identificándose como judío. Esa persistencia del orgullo judío de Tom era lo que lo enfurecía.

Leopoldstadt

Stoppard terminó su última obra, Leopoldstadt, a los 83 años. Esta se estrenó en el 2020 en Londres y luego llegó a Broadway, donde recibió críticas entusiastas. Stoppard ya no se sentía nervioso antes de que se estrenaran sus obras, pero cuando Leopoldstadt abrió en Broadway, dijo que sintió mariposas en el estómago por primera vez en años. El título hace referencia al barrio judío de Viena, Leopoldstadt, y es profundamente personal: “Sabía que quería escribir una especie de versión oblicua de la historia de mi familia”, dijo Stoppard a The New Yorker. Al mismo tiempo, comprendió que su obra cuenta también la historia de “decenas de miles” de personas. Escribirla se sintió como una gran responsabilidad.

Una escena de Leopoldstadt

Leopoldstadt traza la fortuna de una familia judía desde 1899 hasta 1955, mientras las llamas de la persecución se alzan a su alrededor. Stoppard es representado en los últimos 20 minutos de la obra a través de Leo, un personaje torpe que escapó de Viena siendo un niño y se mudó a Inglaterra. Cuando él se reúne con sus parientes vieneses en la década de 1950, Leo tiene poco o ningún recuerdo de la vida que compartieron. Todo lo que él dice suena absurdo. “Mi madre no quería que fuera a la escuela con un nombre alemán. Fui Leonard Chamberlain desde que tenía ocho años…” balbucea Leo ante sus parientes austríacos en la obra. “Ella no quería que tuviera parientes judíos por si Hitler ganaba. Quería que fuera un niño inglés. No me importó. Me alegré”.

Finalmente pudo denunciar los prejuicios antijudíos, no como un observador preocupado, sino como judío.

Al final de la obra, el despistado Leo pregunta a sus parientes sobrevivientes por cada miembro de su familia, que en otro tiempo fue numerosa. Este final inquietante refleja la conversación real que años antes tuvo Stoppard con su prima Sarka:

—Ernst.
—Auschwitz.
—Jana.
—Auschwitz.
—Kurt.
—Dachau, 1938.
—Zajaria.
—Marcha de la muerte. Ningún lugar.
—Sally.
—Auschwitz.
—Mimi.
—Auschwitz.
—Bella.
—Auschwitz….

La escena continúa, enumerando las formas en que sus parientes judíos fueron asesinados, hablando en nombre de familias judías de todas partes.

Sentirse judío al final de su vida

Leopoldstadt finalmente le dio a Tom Stoppard un sentido de identidad y pertenencia judía que había eludido durante toda su vida. En una entrevista del 2022 con The New York Times, Stoppard señaló que mientras trabajaba en su última obra, “mi experiencia personal durante los últimos tres o cuatro años me ha hecho sentir mucho más parte del mundo de los judíos. Nunca he vivido en él, pero trabajando con la compañía de actores británicos y estadounidenses, muchos de ellos judíos, me sentí parte de esa comunidad”.

Al ganar un premio Tony por Leopoldstadt

Al final de su vida, Stoppard advirtió sobre el aumento del antisemitismo, señalando que le sorprendió el virulento odio hacia los judíos que veía provenir tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda. Finalmente, pudo denunciar los prejuicios antijudíos, no como un observador preocupado, sino como judío, apoyándose en la rica historia judía de su propia familia para dar peso a sus advertencias.

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