"Podredumbre cerebral", el término más apropiado para describir la época actual
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El nombre de la parashá de esta semana, Bamidbar, significa “en el desierto”. Esto describe el lugar donde el pueblo judío recibió la Torá. Nuestros sabios preguntan: ¿por qué Dios entregaría la elevada y sagrada Torá en el contexto de un desierto árido?
Si bien se dan muchas razones para explicar por qué la Torá fue entregada en el desierto, una de las explicaciones es que un desierto no tiene dueño. Para que podamos recibir la Torá, para conectarnos verdaderamente con sus enseñanzas e interiorizarlas, también necesitamos volvernos sin dueño: sin dueño de nuestros problemas, ira, celos, ego, negatividad y limitaciones.
A veces en la vida suceden cosas y nos aferramos a ellas con tanta fuerza que comienzan a moldear quiénes somos. Nos enfocamos en lo negativo, permitiendo que la venganza y el resentimiento distorsionen nuestra perspectiva. Nos enfocamos en la ira y la decepción, impidiendo cualquier atisbo de perdón y compasión. Nos sentimos altivos y orgullosos, sin dejar espacio para Dios.
Cuando nos aferramos a cosas negativas, somos incapaces de permitir que los mensajes y las enseñanzas de la Torá penetren en nuestro ser. Debemos estar abiertos a recibir, de lo contrario es como verter en un recipiente ya lleno. Sin embargo, cuando soltamos (cuando devolvemos nuestros problemas a Dios) y los trabajamos, nos convertimos en recipientes para recibir y para crecer espiritualmente. Al volvernos “nada”, como el desierto, cuando nos vaciamos, nos convertimos en un recipiente lleno, completamente disponible para recibir.
¿Y cómo recibimos? ¿Cómo florecemos? La montaña en el desierto donde los judíos recibieron la Torá se llama Har Sinai, el Monte Sinaí. Irónicamente, en el momento en que se entregó la Torá, Har Sinai estaba cubierto de flores y plantas hermosas y florecientes. Tanto así que en Shavuot, la festividad que celebra la entrega de la Torá, se acostumbra decorar las casas y sinagogas con flores.
¿Cómo ocurrió esto? Porque la Torá hace florecer las cosas, incluso en un desierto árido. Cuando abandonamos aquellas partes que nos impiden cambiar y cumplir nuestro potencial, creamos espacio para que la Torá nos transforme y nos haga florecer. Cuando trabajamos en transformar nuestro ser, nuestros desiertos en un Har Sinai a través de la Torá, las mitzvot y la confianza en Dios, verdaderamente podemos convertirnos en recipientes abiertos para recibir las bendiciones más elevadas y realmente florecer, con la ayuda de Dios.
Piensa en una parte de ti que ocupa espacio y te impide recibir. Puede ser una creencia limitante, vergüenza, ira, impaciencia, etc. Trabaja en soltarla para poder convertirte en un mejor recipie
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