¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Los valientes pasajeros y tripulantes salvaron el vuelo 1073 de FlyDubai. ¿Eso significa que no fue un milagro?
La alegría por el regreso a salvo de los 180 pasajeros israelíes que viajaban a bordo del vuelo de FlyDubai todavía flotaba "en el aire" cuando comenzaron las críticas. A algunos les molestaba que tantas personas lo llamaran un milagro.
Durante una entrevista en vivo en Fox News, un ex primer ministro de Israel afirmó que el final feliz del vuelo de FlyDubai que había estado en peligro "no fue un milagro, sino un acto de heroísmo de los pasajeros y de la tripulación emiratí".
En las redes sociales, muchos se hicieron eco de esa opinión. ¿Cómo podía alguien llamar a esto un milagro, se preguntaban, cuando tantas personas valientes se habían esforzado tanto por evitar una tragedia?
Y así fue.
Los héroes de aquel vuelo fueron extraordinarios:
Los críticos sostienen que llamar a esto un milagro resta valor a la sangre derramada, al coraje, a la habilidad y al ingenio de quienes salvaron el vuelo.
Nada podría estar más lejos de la verdad.
Todos conocemos el relato de la partición del mar. Pero ¿recordamos que el mar no se abrió de inmediato?
Según el Midrash, Najshón ben Aminadav se adentró en el agua y siguió avanzando hasta que le llegó al cuello. Solo entonces se abrió el mar.
Arriesgó su vida, confiando en que Dios intervendría.
Pero ¿está permitido hacer eso?
¿Puedo vendarme los ojos, cruzar una autopista y decir: "Confío en que Dios hará un milagro"?
Por supuesto que no.
Entonces, ¿por qué se elogia a Najshón?
Porque no esperaba un milagro para sí mismo. Estaba dispuesto a arriesgar su vida por todo el pueblo judío.
Hizo todo lo que un ser humano podía hacer. Y entonces Dios hizo el resto.
Acabamos de pasar por Rosh Hashaná e Iom Kipur. En nuestras plegarias, recordamos una y otra vez los milagros que Dios hizo al sacarnos de Egipto.
Cada viernes por la noche, al recitar el kidush sobre el vino, hacemos lo mismo.
Un momento: ¡no estamos en Pésaj! ¿Por qué seguimos hablando del Éxodo?
Porque los seres humanos tenemos una tendencia asombrosa: cuando algo sale mal, culpamos a Dios. Cuando algo sale bien, nos atribuimos el mérito.
La Torá nos advirtió sobre esto hace miles de años. Moshé le dice al pueblo judío que, después de entrar en la Tierra, construir casas, prosperar y acumular riquezas, podría sentirse tentado a decir: "Mi fuerza y el poder de mi mano me han conseguido esta riqueza".
Y de inmediato viene la corrección: "Pero recordarás al Eterno, tu Dios, porque él es quien te da la fuerza para obtener riquezas".
La Torá no niega nuestra fuerza. Nos recuerda de dónde proviene.
Las entrevistas con algunos de los pasajeros del vuelo de FlyDubai están llenas de relatos de plegarias.
La gente recitaba el Shemá, la declaración de fe que tradicionalmente nos acompaña en el momento de la muerte.
Un joven pasajero dijo: "Recé y toqué a Dios".
Los héroes del vuelo 1073 de FlyDubai son reales. Su valentía fue extraordinaria, absolutamente extraordinaria. Se lanzaron al mar, por así decirlo.
Lucharon, sangraron, recurrieron a su preparación y a su ingenio, y salvaron vidas.
Y, junto con todos los demás factores que confluyeron —factores que podríamos atribuir a la "casualidad", la "suerte", la "naturaleza" o simplemente a nuestra propia "fuerza y poder"—, nos fue concedido un milagro.
Justo antes de que el mar se abriera, la Torá nos cuenta que sopló un fuerte viento. ¿Qué es esto, The Weather Channel?
Cuando era niña e iba a la escuela hebrea, me enseñaron las explicaciones "reales" de los milagros de la Torá.
¿La plaga de la oscuridad? Quizás un eclipse total. ¿La partición del mar? Tal vez se debió a la marea baja. Siempre podemos encontrar otra explicación.
Y eso es parte de tener libre albedrío. Somos libres de decir: no fue obra de Dios. Fue la naturaleza, la ciencia, la casualidad.
Fuimos nosotros.
Los seres humanos, sin duda, actuaron heroicamente. Pero reconocer su heroísmo no exige dejar a Dios fuera. Ambas cosas son ciertas.
Después de todo el trabajo espiritual interior de Rosh Hashaná e Iom Kipur, comenzamos de inmediato a construir la sucá.
Las paredes de la sucá nos recuerdan las Nubes de Gloria que protegieron al pueblo judío en el desierto. Estábamos protegidos, pero también teníamos que hacer nuestra parte. Teníamos que construir, actuar y seguir adelante.
Necesitamos la humildad para comprender que nuestra fuerza, nuestro coraje, nuestra inteligencia y nuestras capacidades son, en sí mismos, regalos.
Los pasajeros de aquel vuelo fueron héroes. Debemos celebrar sus acciones y honrar su valentía.
Y quizás podamos honrarlos aún más al reconocer que su extraordinaria fuerza humana no elimina la necesidad de un milagro. Tal vez sea precisamente la forma en que se manifiesta un milagro.
Que sigamos elevándonos aquí, todos y cada uno de nuestros días, haciendo todo lo que esté a nuestro alcance, y que merezcamos los milagros que vienen de lo alto.
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Buen artículo. Los hombres actuaron con valentía y Dios hizo el milagro de que todo encajara para un final feliz.
Decía que trabajaron en grupo y seguramente tiene mucho mérito lo que cada uno aportó desde su experiencia, el servicio militar, la vida, la profesión, etc., para resolver la situación. Pero nada habría resultado bien si Hashem no les hubiera ayudado. Así que me atrevería a decir que Hashem voló con ellos.