¿Encontraron realmente el Arca de Noé?
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
El Shabat que cae entre Rosh Hashaná y Iom Kipur se llama Shabat Shuvá (el Shabat del Retorno).
La Amidá de las plegarias de las Altas Fiestas contiene la plegaria: "Tú nos elegiste entre todas las naciones; nos amaste y nos deseaste". Aunque esta plegaria está formulada en tiempo pasado, también implica que Dios continúa eligiendo, amando y deseando al pueblo judío en todo momento.
El comentarista Dover Shalom explica que las tres expresiones utilizadas en este rezo corresponden a tres niveles de amor. El nivel más bajo es cuando somos amados porque somos mejores que las demás opciones disponibles. Aunque podamos tener defectos, somos superiores en comparación con las alternativas. El nivel intermedio es cuando somos amados porque somos inherentemente buenos. El nivel más elevado es cuando somos amados incondicionalmente, sin ninguna razón en absoluto. Si existiera una razón, entonces lo que sería amado sería esa razón, y no nosotros.
La expresión "Tú nos elegiste entre todas las naciones" corresponde al nivel más básico del amor, cuando somos amados solo en comparación con las otras opciones alternativas. El Talmud (Avodá Zará 2b, sobre Deuteronomio 33:2) enseña que Dios ofreció inicialmente la Torá a las naciones del mundo, pero todas la rechazaron. Solo el pueblo judío respondió con entusiasmo: "Haremos y escucharemos" (Éxodo 24:7). Debido a esa respuesta positiva, Dios nos entregó la Torá.
[Por ello, podríamos decir que es más correcto decir que los judíos somos "el pueblo que eligió" y no "el pueblo elegido". Nosotros elegimos primero a Dios, y Él correspondió a esa elección. Desde la perspectiva judía, Dios elige a todo aquel que lo elige a Él].
La frase "Tú nos amaste" corresponde al segundo nivel del amor, cuando somos amados por nuestro valor intrínseco. No solo somos preferibles a otras opciones; somos dignos de amor por quienes somos. Finalmente, la expresión "Tú nos deseaste" representa el nivel más alto: un amor absoluto, inexplicable e independiente de cualquier motivo.
El amor entre Dios y el pueblo judío es comparado con el amor entre un hombre y su esposa. La Mishná (Kidushín 1:1) enseña que un matrimonio adquiere validez legal de tres maneras: mediante un transacción monetaria, mediante un contrato o mediante la consumación del matrimonio. Dios contrajo matrimonio con el pueblo judío de las tres maneras. Las riquezas egipcias que llegaron a la orilla después del cruce del Mar Rojo representan una transacción monetaria (ver Séfer HaMakné sobre Kidushín, Pisjá Zeirá). El pueblo judío recibió su contrato matrimonial en el monte Sinaí, cuando Dios nos entregó la Torá. Y el matrimonio se consumó cuando el pueblo judío vivió bajo la intimidad de las Nubes de Gloria Divina.
Podemos entender estas tres condiciones del matrimonio como una representación de los tres niveles del amor. Dios no cumple solamente una o dos de estas condiciones. Él derrama sobre nosotros un torrente de amor, mostrando que desea unirse a nosotros de todas las maneras posibles. La mitzvá de los tefilín, en la que la correa se enrolla tres veces alrededor del dedo medio, también expresa esta idea. Con cada vuelta recitamos un versículo que comienza con las palabras: "Haré de ti mi prometida" (Oseas 2:21-22). Las tres vueltas forman la imagen de tres anillos, simbolizando el matrimonio y los tres niveles del amor.Cada día, de manera continua, Dios nos elige, nos ama y nos desea.
El prólogo del Otzer Tefilot afirma que el objetivo principal de las plegarias de las Altas Fiestas es pedir que Dios Se revele a todas las naciones y pueblos, eliminando así la profanación de Su Nombre y aumentando su santificación. Quizá nuestros Sabios formularon las plegarias de esta manera para que nosotros intentáramos corresponder al amor y la entrega que Dios nos demuestra. En Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando nuestra propia vida pende de un hilo, la mayor demostración de amor consiste en ser capaces de elevarnos por encima de nuestras preocupaciones personales y dedicar toda nuestra atención a la revelación de la gloria de Dios. Cuando Dios ve que hemos madurado lo suficiente como para dejar de lado nuestras propias necesidades y colocar Su voluntad por encima de todo lo demás, hará cualquier cosa por nosotros. Ésta es la mejor manera de asegurarnos un año nuevo dulce y lleno de bendiciones.
Sin embargo, nuestras intenciones deben ser sinceras. El Talmud (Bavá Kamá 92a) enseña que quien reza por otra persona mientras él mismo necesita exactamente lo mismo será respondido primero. Esto no significa que dos personas pobres puedan ponerse de acuerdo para rezar una por la otra con el fin de obtener una respuesta más rápida. En ese caso, en realidad ninguno está rezando por el otro; cada uno está rezando por sí mismo y utilizando al otro como un medio para lograr su objetivo. Lo mismo ocurre con nuestras intenciones durante las plegarias de las Altas Fiestas. No debemos engañarnos pensando que estamos rezando por la manifestación de la gloria de Dios cuando, en realidad, lo único que queremos es garantizar un buen año para nosotros mismos. Precisamente nuestra capacidad de trascender nuestras preocupaciones personales es lo que permite que Dios se ocupe de ellas.
Al acercarnos al Día del Juicio, que aprendamos a quitarnos a nosotros mismos del centro y a enfocarnos en Dios. Y que, mediante esta suprema demostración de amor, seamos inscritos en el Libro de la Buena Vida.
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