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Gratitud espiritual

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Lej Lejá (Génesis 12-17 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

Si mi amigo es suficientemente generoso como para regalarme un billete de veinte dólares, mi gratitud será debidamente dirigida a él. Sin embargo, si encuentro un billete de veinte dólares en la calle, ¿a quién debo dirigir mi gratitud?

Para aquellos que no son particularmente espirituales o religiosos, encontrar dinero en la calle puede generar emociones positivas, pero probablemente la gratitud estará ausente, porque no hay nadie a quién agradecerle. Sin embargo, para quienes creen en Dios, esas experiencias afortunadas pueden dar lugar a sentirse agradecido con Dios. Con la hipótesis de que un individuo religioso tiene más oportunidades de sentir y expresar gratitud, el Dr. David Rosmarin y sus colegas investigaron el tema y encontraron que las personas religiosas disfrutan de los beneficios positivos asociados con la gratitud, como por ejemplo un mayor bienestar, además de las ventajas asociadas a la gratitud en general.

Llevando un paso más adelante el ejemplo del billete de veinte dólares, podemos agregar un nivel adicional de reflexión. Desde una perspectiva religiosa, incluso si mi amigo me da un billete de veinte dólares, mi gratitud hacia él debe verse suplementada con una gratitud adicional hacia Dios. Esto significa que cada beneficio social que tenemos también debe atribuirse a la providencia y la beneficencia de Dios. La pregunta es: ¿A quién debes agradecer primero? ¿A tu amigo o a Dios?

Después de que Abram ayudara a los cinco reyes a vencer a los cuatro reyes, Malkitzedek, el rey de Shalem, quien también era el "ministro del Dios Supremo", llevó pan y agua para Abram y sus soldados (Bereshit 14:18). Como una expresión de gratitud, Malkitzedek dijo: "Bendito es Abram para el Dios Supremo, Amo de los cielos y de la tierra" (14:19), y luego bendijo a Dios: "Quien entregó a tus enemigos en tus manos" (14:20).

El Talmud (Nedarim 32b) critica sus prioridades. Él debería haber bendecido a Dios antes de bendecir a Abram, tal como uno bendice al Amo y sólo después al siervo. Como resultado de su error, Dios le quitó a Malkitzedek el privilegio del sacerdocio y se lo otorgó a Abram.

El Ibn Ezra brinda un enfoque alternativo y sugiere que el orden en que bendijo Malkitzedek fue apropiado: primero debía bendecir a Abram, reconociendo que él había salvado a los cautivos, y sólo después bendecir a Dios, Quien había ayudado a Abram en su empresa. Rav Soloveitchik agrega una idea fascinante que explica el razonamiento de Malkitzedek. Dios, como si fuera, requiere la ayuda del hombre para revelar Su presencia en el mundo. La tarea de Abram era difundir el mensaje de Dios en un mundo en el cual Él estaba oculto por la idolatría. Específicamente a través del éxito de Abram Dios sería bendecido. La bendición a Abram también funcionó como una bendición a Dios.

Si bien los diferentes enfoques pueden estar en desacuerdo respecto a quién debe ser bendecido primero, el mensaje que resulta es importante en todos los casos. Hay una línea nebulosa intencional entre la gratitud a otras personas y la gratitud a Dios. Cuando otros nos hacen una bondad, no debemos limitar nuestra gratitud al reino interpersonal. Debemos expandir nuestra expresión de gratitud también a Dios. La persona que hace el jésed, la bondad, actúa como un emisario de Dios, haciendo que Su Nombre sea grandioso y revelado en este mundo. Además, debemos reconocer que fue la providencia de Dios la que permitió que tuviera lugar ese acto de bondad.

Al transformar todas nuestras experiencias interpersonales de gratitud al incorporar un elemento Divino, tenemos el mérito de recibir un bienestar espiritual y psicológico adicional, por encima y más allá de lo que generalmente se asocia con ser una persona agradecida.





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