"Podredumbre cerebral", el término más apropiado para describir la época actual


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Desafiando la política estadounidense, Harry Bingham IV salvó con visas falsas a miles de judíos que huían de los nazis.
En 1940, Hiram (Harry) Bingham IV, vicecónsul estadounidense en Marsella, Francia, desafió la política de su país y emitió visas falsas que salvaron las vidas de miles de judíos que huían de los nazis, entre ellos Marc Chagall, Max Ernst y la familia del escritor Thomas Mann.
Incluso después de que Washington perdiera la paciencia con él y lo trasladara a Buenos Aires, Argentina, en 1941, Bingham siguió incomodando a sus superiores al informar sobre los movimientos de los nazis. Finalmente, fue expulsado del servicio diplomático estadounidense.
Debido a que actuó en contra de la política de los Estados Unidos, nunca recibió reconocimiento nacional, y como era un hombre de acción y no de palabras, su historia se fue con él cuando falleció en 1988. Hasta que su hijo, Robert Kim Bingham Sr., de 67 años, descubrió algunos documentos de su padre escondidos en la casa de campo de la familia en Salem, Connecticut, y emprendió un camino para sacar a la luz la heroica historia de su padre.
En 1996, ocho años después de la muerte de mi padre, mi madre, algunos de mis 10 hermanos y yo comenzamos a encontrar documentos en la casa de campo en Salem. Allí había cartas, papeles de visados y fotos de la época que mi padre estuvo en Marsella. Hasta ese momento, nuestra familia sabía que él había ayudado a rescatar a un puñado de personajes ilustres, pero no teníamos idea de la magnitud de su labor, ni de que miles de personas acudieron a él como su última oportunidad para seguir viviendo.
#No teníamos idea de que miles de personas acudieron a él como su última oportunidad para seguir viviendo.
Descubrimos que además de emitir visas falsas, refugió a judíos en su casa en Marsella y trabajó con la resistencia francesa para sacarlos de Francia hacia España o a través del Mediterráneo. Incluso contribuyó a pagar sus gastos con su propio dinero. Hay quienes estiman que salvó entre 2.500 y 5.000 personas.
Hace unos cinco años, encontramos una carta de León Feuchtwanger, un escritor antinazi, agradeciendo a mi padre por esconderlo a él y a su esposa Marta en su residencia durante unas seis semanas, mientras preparaba un visado falso para él bajo el nombre de "Wet Cheek". Feuchtwanger escribió la carta a bordo del Excalibur, rumbo a la ciudad de Nueva York, y la firmó como "Mr. Wet Cheek".
Mi madre y mi hermano Thomas enviaron algunos de los documentos de Marsella al Museo del Holocausto en Washington y a Eric Saul, curador de Visas para la Vida: El Proyecto de Diplomáticos Justos y el Proyecto de Rescatistas Judíos, que realmente merecen el crédito por dar a conocer la historia de mi padre.
En 1998 fui a Israel para el 50º aniversario del país, como parte de una misión de hijos de diplomáticos. Me conmovió mucho ver la exhibición en el Museo del Holocausto Yad Vashem en Jerusalem. Mi padre había sido destacado con un honor especial. Fue la primera vez que realmente me impactó lo que había hecho.
Hubo muchas personas que le estaban profundamente agradecidas por lo que hizo en los primeros días de la pesadilla del Holocausto, y muchos se acercaron a decírmelo. Escuchamos historias maravillosas en distintas partes del país sobre gentiles justos, y era como si hubiera llegado el turno de mi padre de ser reconocido. Ese viaje a Israel fue lo que despertó en mí el incentivo de seguir adelante con el proyecto de conmemoración.
Los sellos postales en honor a diplomáticos justos en Yad Vashem me dio la idea de solicitar a nuestro propio gobierno que emitiera un sello en honor a mi padre. Inicié una campaña en diciembre de 1998 y, en mayo del 2006 finalmente se emitió un sello en honor a Harry Bingham IV.

Cuarenta representantes del gobierno y 40 senadores estadounidenses enviaron su apoyo al director general del servicio postal. Contamos con el respaldo de toda la legislatura de Connecticut. Para mí, fue una emocionante experiencia bipartidista.
Mi libro, Courageous Dissent: How Harry Bingham Defied His Government to Save Lives (2007), fue parte del mismo esfuerzo.
Durante más de 50 años, el Departamento de Estado de los Estados Unidos resistió cualquier intento de honrar a mi padre. Para ellos, era un miembro insubordinado del servicio diplomático estadounidense.
Al mismo tiempo, mi padre nunca reveló detalles. Era común en las familias diplomáticas con las que viajábamos que los padres no contaran sus actividades a sus hijos. Supongo que se debió a que fue un período terrible y los recuerdos debían ser abrumadoramente negativos. Quizás por aquellos a quienes no pudieron rescatar.
Nuestra familia pensaba que merecía ser honrado; él puso la humanidad por encima de su carrera.
Para mí, personalmente, como exfuncionario del gobierno de los Estados Unidos (me jubilé después de servir 41 años como asesor del Departamento de Seguridad Nacional), me impresiona lo que hizo mi padre.
Él provenía de una larga e ilustre línea de aventureros. Su padre, Hiram Bingham III (en quien se basó el personaje de Indiana Jones de Hollywood) descubrió las ruinas de la ciudad inca de Machu Picchu, Perú, en 1911.
Mi padre era un hombre profundamente religioso que vio que su misión era salvar vidas en medio de aquella pesadilla. Sentía una enorme compasión por los seres humanos y creía que cada persona tenía una chispa de divinidad.
La visa de Jacques Bodner emitida por Hiram Bingham IV el 27 de febrero de 1940
Él enseñó a casa uno de sus 11 hijos a vivir según la regla de oro. Un episodio que me dejó una profunda impresión ocurrió cuando yo tenía seis años. Solíamos ir a la playa en Connecticut, cerca de un parque de diversiones llamado Ocean Beach.
Caminamos por la arena y nos colamos en el parque sin pagar la tarifa de tres centavos para peatones. Cuando mi padre se enteró, se enojó mucho con nosotros. Es sólo uno de los muchos ejemplos del profundo sentido moral de mi padre.
Por supuesto que yo amaba a mi padre. Fue un padre maravilloso y todos lo adorábamos.
Además del sello postal, el Departamento de Estado dio un giro de 180 grados en el 2002 y Colin Powell invitó a nuestra familia a Washington para entregarnos un premio póstumo de "Disidencia Constructiva" en honor a mi padre. Eso me alegró mucho. También ha sido honrado por las Naciones Unidas y por el Estado de Israel. Yad Vashem inauguró una exhibición en su honor llamada "El Muro de Harry".
Pero más allá de estos reconocimientos, están las personas que siguen acercándose para decirnos que nuestro padre salvó a su familia. Durante la campaña del sello, una señora de 85 años nos contó que ella y su hermana eran sólo adolescentes cuando recibieron las visas de mi padre.
Uno de los profesores de mi hija en Harvard, el decano de la Facultad de Literatura, originario de Austria, le dijo a mi hija que su abuelo había salvado a su familia. Ambos lloraron juntos. Fue muy emotivo. Él está vivo hoy gracias a mi padre. Cuando escuchamos estas historias, lo sentimos muy cerca.
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