Hersh no era perfecto, pero era el hijo perfecto para mí

14/05/2026

5 min de lectura

Una entrevista con Rachel Goldberg-Polin.

Durante los últimos 948 días, Rachel Goldberg-Polin ha estado en una vertiginosa e imposible travesía: primero, una carrera de 330 días para salvar a su único hijo, Hersh, secuestrado del festival Nova por terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023; seguida de otros 408 días luchando para traer a los rehenes restantes de vuelta con vida; y ahora, una gira de presentación de su libro (bestseller del New York Times), When We See You Again.

Aun así, ella insiste en que su experiencia no es única. “En todos los lugares donde hablo ahora digo que sé que no soy la única persona en esa sala que ha enterrado a un hijo. Siempre, siempre, después la gente dice: soy yo”.

“Enterrar a un hijo no es algo único. Es horrible, pero no es único.

“Lo que fue fuera de lo común fueron los 330 días que precedieron el entierro de Hersh: una experiencia de terror lenta, confusa y tortuosa para nuestra familia, y sin duda para Hersh”.

Después de vivir lo inimaginable, Rachel tiene un mensaje para la constante corriente de personas bienintencionadas que intentan suavizar su dolor: “El problema de enterrar a un hijo es que no es posible mejorar nunca. Sé que para la gente es doloroso escucharlo, pero es más doloroso para las personas en duelo tener que fingir que están mejorando. Sería más amable y apropiado permitir esa realidad”.

Escribir When We See You Again ha sido una forma de compartir su dolor con el mundo en un intento de sanar. “Los sobrevivientes del Holocausto, debido a su trauma, no pudieron articular en palabras el sufrimiento extremo que vivieron. Y lo que terminó ocurriendo, porque no pudieron articularlo, es que acabaron con una mudez incurable. Yo no quiero eso”.

El antes

Rachel llegó por primera vez a Jerusalem cuando tenía 22 años, como estudiante de posgrado en Nueva York, con lo que ella llamó “preguntas y frustraciones”. Se inscribió en un programa de estudio de Torá de seis semanas. Se quedó cinco años.

“La Torá es el cofre del tesoro que cada judío tiene, ya sea que lo tengamos exhibido en un lugar destacado de nuestra casa o como una caja de herramientas escondida bajo la cama. Estamos apenas sumergiendo la uña del dedo meñique en este océano de conocimiento judío”, y añadió que “es una adicción saludable y, especialmente en este período, me ha dado consuelo y perspectiva”.

Años después, cuando Hersh se preparaba para su bar mitzvá, Rachel lo llevó al mismo beit midrash en Jerusalem donde ella había sido estudiante. Durante meses, una vez a la semana, madre e hijo estudiaron juntos su porción de la Torá. Resultó ser la porción de Nóaj y el diluvio. La misma de Rachel y también la de su padre. “Hay algo en el ADN de nuestra familia que no puede escapar de la destrucción del mundo”.

Rachel recuerda que a Hersh le llamó la atención un mandamiento en esa porción de la Torá llamado ever min hajai, la prohibición de comer una parte de un animal mientras aún está vivo. Aunque en ese momento él era "un gran carnívoro", más tarde se haría vegetariano, inspirado de manera apasionada por el mensaje de compasión de la Torá.

En cautiverio

Durante los 330 días del cautiverio de Hersh en los túneles de Gaza, Rachel asegura que la comunidad de su sinagoga, Hakhel, fue una de las pocas cosas que evitó que la familia se derrumbara. “Hakhel nos sostuvo para no desintegrarnos como cáscaras de huevo rotas. Es una comunidad extraordinaria de personas sagradas”.

En un giro trágico, la fundadora de su sinagoga, Oshrat, fue quien ayudó a Rachel a levantarse al final de su shivá. Unos 100 días después del entierro de Hersh, fue Rachel quien ayudó a Oshrat a salir de su propio shivá, tras la muerte de su hijo Yuval en la guerra en Gaza.

“Había un simbolismo enorme y horrible. Era literalmente el ciego guiando al ciego”.

“Muchas personas viven completamente en Olam HaZé, este mundo. Padres como Oshrat y yo ya no estamos del todo aquí. Cuando pusimos a Hersh en la tierra, pusimos parte de nosotros en la tierra, y por eso una parte de mí ya vive en el Olam HaBá, el Mundo Venidero”.

Común y corriente y perfecto

Cuando le pregunté a Rachel sobre los murales de la cara de Hersh en su barrio de Jerusalem y las decenas de iniciativas de jésed en su nombre, ella hizo una pausa.

“Existe una gran tentación de convertir en héroes y mitos a cada joven que es asesinado de forma horrible. Todos son héroes, todos. Y eso hace que la palabra suene hueca.

“Lo que era tan extraordinario de Hersh es que era común y corriente. No era perfecto. Era el hijo perfecto para mí”.

La mañana del funeral de Hersh, un amigo le escribió a Jon: Que la memoria de Hersh sea una revolución. El mensaje quedó, pero no literalmente.

“Cuando escucho la palabra ‘revolución’, pienso en incendios y horcas. Eso no es en absoluto lo que tenemos en mente. Queremos una revolución para el bien”.

Lo que era poco común en la personalidad de Hersh, añadió su madre, era su manera de escuchar. Buscaba a personas con las que no estaba de acuerdo y “era infinitamente curioso. ‘No tengo que estar de acuerdo con ellos’, decía, ‘pero quiero entenderlos’”.

“Pensé: Vaya, eso sí que es una verdadera revolución en un mundo donde el único modo de comunicación son los gritos y no hay respeto. Si pudiéramos realmente escucharnos unos a otros”.

Sagrado

En el verano del 2023, Rachel le hizo una pregunta a Hersh. Él les había dicho unos años antes que ya no quería observar el Shabat de la misma manera que ellos, pero aun así seguía yendo a la sinagoga, incluso en las mañanas en que había llegado a casa a las cuatro o cinco de la madrugada, después de haber estado fuera con amigos.

¿Por qué?, le preguntó.

"No quiero que papá se quede solo".

Eso, dijo Rachel, es sagrado. "Cuando hacemos mitzvot porque queremos, eso es agradable. Es bueno. Es impresionante. Pero lo realmente impresionante es cuando no queremos hacer algo y lo hacemos porque amamos a alguien y tenemos kavod, respeto por esa persona. Eso, creo, es Sagrado".

Hasta que se vuelvan a encontrar

A medida que pasan los días desde la noche del 6 de octubre del 2023, cuando Hersh la besó en la mejilla diciendo “nos vemos mañana”, Rachel tiene una forma sencilla de explicar su duelo.

“Tenemos unos amigos cuya hija se fue de viaje a Sudamérica después del ejército y debía estar fuera tres meses. Después de tres meses, estaban muy emocionados porque ella volvía a casa. Pero entonces les dijo que iba a quedarse un mes más porque lo estaba disfrutando y dijo que quería ir a Argentina. Y ellos dijeron que estaba bien. Y luego fueron cuatro meses. Y después ella dijo que quería ir a Chile. Y ya fueron cinco meses.

“¿Y saben qué pasó? No la extrañaron menos. La extrañaron más. Entonces, ¿por qué sería diferente para un padre en duelo? Lo extrañamos más. Tenemos más hambre. Más anhelo. Más necesidad”.

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