Hezbolá, Mughniyeh y los "fantasmas" de Beirut

07/07/2024

7 min de lectura

La verdadera historia de la persecución de Imad Mughniyeh, uno de los terroristas más buscados del mundo.

Los seguidores de la serie de espionaje israelí Fauda han disfrutado también la serie de Showtime, Los fantasmas de Beirut, de los creadores de Fauda, Avi Issacharoff y Lior Raz. En sus cuatro capítulos, Los fantasmas de Beirut describe la historia de un terrorista en Beirut y los años agotadores en que los espías de la CIA y el Mosad siguieron sus pasos, intentando acabar con su mortal reino de terror en el Medio Oriente.

La serie se basa en la persecución real durante 20 años de Imad Mughniyeh, uno de los criminales más buscados del mundo y, antes de los atentados del 11 de setiembre del 2001, el terrorista más letal del mundo.

Nacer en el odio

Cuando Mughniyeh nació en 1962, el Líbano seguía siendo un país próspero. Su capital, Beirut, era ampliamente reconocida como el "París del Medio Oriente" por su riqueza y sofisticación. Sin embargo, la familia Mughniyeh tenía poca relación con el éxito del Líbano. Ellos eran granjeros pobres en el sur del país y pertenecían a una rama chiita del islam, que es ampliamente seguida en Irán, el vecino del Líbano (y una minoría en otras naciones del Medio Oriente).

El terrorista Imad Mughniyeh

Los parientes y amigos recuerdan a Mughniyeh como una persona carismática. "Era un animador nato" explicó a los periodistas un amigo de la infancia. Incluso de niño, Mughniyeh era capaz de captar la atención de una sala. Su amigo describió cómo Mughniyeh pronunció un discurso en una boda de la familia, haciendo bromas y manteniendo la atención de la multitud, a pesar de ser muy joven. Esta era una cualidad a la que pronto le daría un uso mucho más oscuro.

Las tensiones políticas en el Líbano desembocaron en una guerra civil en 1975. El amargo conflicto que duró 15 años, enfrentó a diversas milicias, entre ellas el Frente Libanés Cristiano (FL), el Movimiento Nacional Libanés (MNL), el movimiento chiita "Amal" y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dirigida por el terrorista nacido en Egipto, Yasser Arafat. De adolescente, Mughniyeh formó un grupo local de combate al que llamó la Brigada Estudiantil. Eventualmente, esta banda comenzó a coordinar sus actividades con la OLP. Rápidamente Mughniyeh se convirtió en el guardaespaldas personal de Yasser Arafat, siguiéndolo por toda Beirut con una Kalashnikov.

Ayudando a construir Hezbolá

En la década de 1980, Mughniyeh comenzó a alinearse con un nuevo movimiento miliciano con fuertes vínculos con Irán que estaba surgiendo en el sur del Líbano. Un gobierno chiita teocrático había tomado el poder en Irán en 1979, y algunos militantes chiitas del sur del Líbano cultivaban lazos con el nuevo régimen iraní. Israel, que luchaba contra los grupos palestinos asentados en el Líbano y había logrado el control de una zona de detención en el sur del país en 1982, era un enemigo común. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán financiaba a sus nuevos aliados libaneses, que adoptaron el nombre de Hezbolá, que significa "Partido de Dios" en árabe. Mughniyeh fue un líder clave.

La presencia de terroristas de la OLP en el Líbano desestabilizó gravemente al país, y en 1983 llegó una coalición de fuerzas internacionales para supervisar su retirada del territorio libanés. Los soldados internacionales se alojaron en edificios repartidos por toda la ciudad. Un batallón completo de marines de los Estados Unidos se alojó en el terreno del Aeropuerto Internacional de Beirut. Ellos y la embajada estadounidense en Beirut se convirtieron en los principales objetivos de Hezbolá.

El 18 de abril de 1983, un conductor suicida entró con su camioneta cargada de explosivos por las puertas de la embajada y detonó su carga. Murieron 63 personas, entre ellas ocho agentes de la CIA, y 120 resultaron heridos. Seis meses después, Mughniyeh planeó un atentado todavía mayor: en la mañana del 23 de octubre de 1983, un camión reforzado repleto de balones de gas se detuvo ante el cuartel de los marines estadounidenses en el Aeropuerto Internacional de Beirut. En unos minutos, el camión detonó 900 kilos de explosivos. Instantáneamente murieron 299 marines. Momentos más tarde hubo una segunda explosión en otro punto de la ciudad donde murieron 58 paracaidistas franceses.

Los marines estadounidenses buscan sobrevivientes y cadáveres entre los escombros de las barracas de su cuartel en Beirut. 24 de octubre 1983, al día siguiente de que explotara en el lugar un camión cargado con 907 kilos de explosivos.

Mughniyeh había tenido parte importante organizando ambos ataques, y muy pronto comenzó a planear ataques contra objetivos norteamericanos, israelíes y judíos en todo el mundo.

La búsqueda de los "Fantasmas de Beirut"

Hezbolá se convirtió en uno de los grupos terroristas más mortíferos del mundo. Mughniyeh se catapultó a lo más alto de las listas de buscados por los servicios de inteligencia de la Unión Europea, los Estados Unidos, Israel y otros países. En poco tiempo, Mughniyeh se convirtió en el principal enlace entre Hezbolá y las agencias de seguridad e inteligencia iraníes. También comenzó a organizar células de Hezbolá por todo el mundo, cada una de ellas encargada de hacer atentados locales. Mughniyeh participó en la creación de células que llevaron a cabo atentados terroristas en todo el mundo, desde Europa al Medio Oriente y Latinoamérica.

"Hezbolá originó la crisis de los rehenes en Medio Oriente", explicó Matthew Levitt, autor de Hezbolá: Las huellas en el mundo del partido de Dios, 2013). Diversas facciones de Hezbolá secuestraron a decenas de víctimas en el Líbano, a menudo sólo para aplacar rencillas y enemistades familiares entre los clanes locales. En 1984, Mughniyeh llevó a cabo su secuestro más famoso y más brutal.

William Buckley

El ataque de Hezbolá de 1983 contra la embajada de los Estados Unidos en Beirut acabó con la estación de la CIA en ese país. Entonces enviaron un nuevo jefe de estación, William Buckley, para reconstruir la capacidad de espionaje de los Estados Unidos. En marzo de 1984, Mughniyeh, probablemente en colaboración con la inteligencia iraní, organizó el secuestro de Buckley.

Fue una maniobra audaz, que convirtió a Mughniyeh en el objetivo número uno de la CIA. Al año siguiente, el grupo de Mughniyeh envió una foto de seis rehenes de Hezbolá a los periódicos de Beirut. Todos parecían bastante sanos, excepto Bucley, que mostraba claros signos de tortura. Otro rehén que estuvo detenido con Bucley describió que oía a Bucley tener arcadas, toser y alucinar. Lo torturaron matones libaneses e iraníes, y enviaron tres videos distintos a la sede de la CIA, cada uno más espantoso que el anterior.

Se cree que Hezbolá mató a Bucley en algún momento de 1985. (Su cuerpo nunca fue recuperado). Para William Casey, el director de la CIA en ese momento, el asesinato de Bucley fue una afrenta a la CIA que la agencia nunca podría perdonar. La CIA, junto con sus aliados del Mosad, la agencia de inteligencia israelí, persiguió a Mughniyeh durante años.

Atacar a los judíos

En 1994, Hezbolá volvió a atacar, perpetrando el mayor atentado terrorista en la historia argentina. Esta vez, Hezbolá no se tomó la molestia de fingir que su motivación era política o que derivaba del conflicto árabe-israelí. Decidieron atentar contra la comunidad judía argentina, que contaba con casi un cuarto de millón de miembros. Una vez más, Mughniyeh fue el cerebro del ataque.

Él pasó años planeando matar la mayor cantidad posible de judíos argentinos. De acuerdo con la información publicada por el Mosad en el 2022, Mughniyeh supervisó el establecimiento de una nueva célula de Hezbolá en Buenos Aires. Los agentes de Hezbolá viajaron a Buenos Aires con material para fabricar bombas oculto en botellas de champú y en cajas de chocolate. Empresas controladas por Hezbolá en Argentina y en otros países latinoamericanos adquirieron los materiales necesarios para el ataque. Durante un tiempo, los materiales estuvieron ocultos en un parque de Buenos Aires.

El ataque a la AMIA, el centro comunitario judío en Buenos Aires, 18 de julio de 1994

El 18 de julio de 1994, un terrorista suicida estrelló su camión contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), un popular centro comunitario judío en Buenos Aires, que estaba lleno de gente. El camión detonó asesinando a 85 personas e hiriendo a más de 300. Al día siguiente, la misma célula de Hezbolá fue responsable del atentado con una bomba contra un vuelo interno panameño, en el que murieron 21 personas, entre ellas una decena de dirigentes de la comunidad judía panameña.

Las agencias de inteligencia identificaron por lo menos a tres agentes de Hezbolá como responsables, entre ellos Mughniyeh. Interpol emitió "notificaciones rojas" para su detención: solicitudes para que los organismos internacionales encargados de aplicar la ley detuvieran a los sospechosos sin importar en dónde se encontraran. Sin embargo, los terroristas (en la jerga de la serie, los "fantasmas"), siguieron en libertad.

El Mosad lo acorrala

En el 2008, tras casi 30 años de minucioso seguimiento de Mughniyeh, los agentes del Mosad, la CIA y otras organizaciones localizaron su paradero en Damasco, en una fiesta ofrecida por el embajador de Irán en Siria. Mughniyeh abandonó la fiesta poco antes de la medianoche, y caminó hacia su auto que estaba estacionado en las inmediaciones. Cuando se acercaba a su vehículo, explotó uno de los neumáticos que estaba lleno de dinamita y mató en el acto a Mughniyeh. Hezbolá culpó de inmediato a Israel por su muerte, acusación que el gobierno israelí negó.

Showtime sostiene que Los fantasmas de Beirut tiene un "enfoque narrativo innovador", entretejiendo entrevistas con agentes reales de la CIA y del Mosad sobre su búsqueda de Mughniyeh y de otros terroristas de Hezbolá. Los espectadores pueden llegar a entender mucho más sobre cómo persiguieron y finalmente llevaron ante la justicia a este célebre asesino.

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vicky credi
vicky credi
14 días hace

¡Uno encuentra lo que busca! El hecho de haber acabado con un asesino de esa calaña es causa justificada para celebrar.

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