La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre
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Ideas inspiradoras para compartir en la mesa de tu Séder.
P: ¿Cuál es la mitzvá principal del Séder de Pésaj?
R: Contar la historia del Éxodo de una manera que despierte gratitud, como si nosotros mismos hubiéramos pasado de la esclavitud a la libertad. Esta es la parte llamada Maguid. Curiosamente, los primeros 10-15 párrafos de la Hagadá explican la mitzvá de contar la historia (cuándo, dónde y cómo), pero no la cumplen realmente. Trágicamente, muchas personas leen diligentemente toda la Haagadá, discuten los detalles antes y después del relato… pero se pierden el punto central.
La historia misma de la esclavitud a la libertad en la Hagadá ocupa solo cuatro líneas, que comienzan con: "Un arameo quiso destruir a mi padre..." La Hagadá ofrece comentarios sobre cada versículo, pero deja el resto en nuestras manos. Debemos usar nuestra creatividad para ponernos en los zapatos de nuestros antepasados y construir un relato dramático que haga que la experiencia del Éxodo cobre vida.(1)
A continuación, presento un intento de dar vida a esta historia, tomando detalles de la Torá y del Midrash. Si esta narrativa te ayuda a conectarte con nuestro paso de la esclavitud a la libertad, considera compartirla en tu Séder. O todavía mejor, crea tu propio relato.
El metal resuena sobre la piedra. Cuerpos quebrados gimen de dolor y agotamiento. Los látigos chasquean. Los judíos están esclavizados. Después de la muerte de Iosef, el rápido crecimiento de la población judía provoca miedo, prejuicio y persecución en Egipto. Surge un nuevo faraón que convenientemente olvida el papel crucial de Iosef al salvar a Egipto de la hambruna. El faraón decide aplastar a la nación judía, obligándolos a construir ciudades sobre arenas movedizas y sometiéndolos a los trabajos más brutales y humillantes imaginables.
Pero la esclavitud no es suficiente. A menudo los judíos son llevados para ser asesinados por deporte, enfrentados contra animales salvajes. Cuando los trabajadores no alcanzaban las cuotas imposibles de ladrillos, los capataces egipcios arrancan bebés judíos de los brazos de sus madres y los empotran vivos en las paredes para rellenar los huecos. El hambre, el agotamiento y el calor sofocante de Egipto son la realidad diaria. Mientras tanto, Dios aflige al faraón con una debilitante enfermedad de la piel. En una respuesta horrenda, el faraón se baña en la sangre de 375 bebés judíos, obtenida de sus cuerpos asesinados, en un intento inútil de aliviar sus síntomas. Estas condiciones duran 86 años. Estas condiciones duran 86 años.
Pero la crueldad del faraón no termina. Decreta el infanticidio, intentando eliminar al futuro redentor de Israel que, según sus hechiceros, nacería entre los niños varones judíos. Arrojado a la deriva en el río Nilo por sus padres, con nada más que una cesta de juncos y sus plegarias, el pequeño Moshé de tres meses flota río abajo, y con él las esperanzas y los sueños de una nación afligida. Pero, de la manera más milagrosa, la hija del faraón rescata a Moshé y contrata a su propia madre para que lo amamante. En el palacio del faraón, ella cría al mismo niño que su padre había intentado destruir.
Los lujos del palacio no logran cegar al joven Moshé ante el sufrimiento de su pueblo. Se aventura más allá de los muros del palacio, donde mata a un egipcio para salvar a uno de sus hermanos. Pero su propio pueblo lo traiciona ante las autoridades egipcias, obligándolo a huir a Midián, donde forma una familia y se convierte en pastor. En Midián, Moshé recibe en la zarza ardiente el mandato de Dios de regresar a Egipto y liberar a Su pueblo. Con su hermano Aharón a su lado, se enfrentan al faraón y declaran: “¡Deja ir a mi pueblo!”
El faraón responde con su característica crueldad. En lugar de ceder, intensifica la esclavitud, obligando a los judíos a recoger su propia paja mientras mantienen cuotas imposibles de ladrillos. Durante seis meses, los gritos del pueblo judío atraviesan los cielos bajo esta crueldad insoportable. En el punto más alto de este sufrimiento, una mujer judía llamada Rajel, embarazada y trabajando en los pozos de arcilla, suplica a su capataz que la deje salir para dar a luz. Él se niega cruelmente y la azota. Su bebé se le escapa al barro y muere al instante. Su grito agonizante a Dios se convierte en el punto de inflexión: “y Dios oyó sus clamores y Él supo…”
Diez plagas golpean a Egipto con una fuerza devastadora, cada una destruyendo otro nivel de la sociedad egipcia y de su dominio sobre los judíos:
Con este golpe final y devastador, la voluntad del faraón se derrumba y deja libres a los judíos. La nación sale apresuradamente con grandes riquezas, con sus matzot horneándose sobre sus espaldas bajo el sol del desierto. Pero la libertad resulta ser breve. En pocos días, el corazón del faraón vuelve a endurecerse. Moviliza sus carros y sale a perseguir a sus antiguos esclavos, acorralándolos en el Mar de los Juncos.
Atrapados entre el mar y el ejército que se aproxima, con solo una columna de fuego conteniendo a los egipcios, los judíos claman a Dios aterrados. Moshé levanta su bastón sobre las aguas tal como se le ordenó, y vientos feroces soplan durante toda la noche.
Al amanecer, Najshón, príncipe de la tribu de Iehudá, demuestra una fe extraordinaria al entrar en las aguas amenazantes. Cuando el agua llega hasta sus narices, el mar se abre milagrosamente. La nación camina con asombro sobre tierra seca a través del océano, con enormes muros de agua elevándose a ambos lados.
Cuando los judíos avanzan profundamente en el mar, Dios retira Su columna de fuego, permitiendo que los egipcios los persigan en su furia ciega. En el momento en que el último judío llega a la orilla opuesta, Dios deja caer las aguas sobre el ejército egipcio, destruyendo hasta el último soldado y carro. En ese instante estalla una alegría pura: la nación irrumpe en canto, mientras Miriam la profetisa guía a las mujeres en danza y celebración.(3)
El Shulján Aruj (Código de Ley Judía) enseña que en la noche de Pésaj no vertemos vino para nosotros mismos. Cada uno le sirve al otro. ¿Por qué? Porque verter para otros es la forma de vivir la libertad.
¡Qué lección! Dar a otro es un acto de libertad; quizás la mayor expresión de libertad. Para dar, debemos ser libres. Para ser libres, debemos sentir que tenemos la capacidad de dar.
¿Qué significa la palabra Karpas y por qué es el primer elemento del menú?
La palabra Karpas aparece solo una vez en todo el Tanaj(4), en el Libro de Ester, donde se usa para describir los lujosos adornos en el banquete de Ajashverosh. Rashi explica que Karpas combina dos palabras: karim pasim (almohadas de fina lana).
En el mismo comentario, Rashi conecta pasim con otro objeto significativo: la túnica especial que Iaakov dio a su hijo Iosef. Después de vender a Iosef como esclavo a Egipto, sus hermanos sumergieron esta túnica pasim en sangre y se la presentaron a Iaakov, engañándolo sobre el destino de Iosef.
Este acto de sumergir pasim en sangre marcó el comienzo de los eventos que condujeron a nuestra esclavitud nacional. El descenso de Iosef a Egipto eventualmente llevó a nuestros antepasados a unirse a él para evitar la hambruna. Poco después, los egipcios esclavizaron a la creciente nación judía.
Al sumergir el Karpas en agua salada al inicio del Séder, reconocemos esta dolorosa historia de origen. Recordamos simbólicamente cómo nuestro exilio en Egipto comenzó con el odio y el engaño entre hermanos, un poderoso recordatorio de no repetir nunca tal división dentro de nuestra comunidad.(5)
P: ¿Cuántas tradiciones religiosas comienzan su ceremonia señalando y mirando pan? ¡Qué forma tan extraña de iniciar la historia del Éxodo!
R: Permítanme ofrecer una analogía. ¿Conocen ese momento clásico en una serie de TV o película donde el personaje principal se queda mirando un objeto, su mirada se pierde, la pantalla se mueve y, de repente, estás en un flashback de su infancia? La Hagadá nos dice que debemos sentirnos como si nosotros mismos estuviéramos saliendo de Egipto.
¿Cómo hacemos que esa experiencia sea real? A través de la matzá. La matzá es la máquina del tiempo tangible en cada mesa de Séder a lo largo de 3.500 años de historia judía. La matzá en nuestras mesas hoy, salvo algunos detalles estilísticos, es idéntica a la que comieron nuestros antepasados, tanto como pan de aflicción durante la esclavitud como el pan de liberación que prepararon apresuradamente al huir de Egipto.
Esta dualidad extraordinaria captura toda nuestra travesía. Al mirar profundamente nuestras matzot, vemos 3.500 años de historia judía horneados en ese delgado pan. A través de ella, somos transportados por toda la experiencia del Éxodo, desde las profundidades de la esclavitud hasta las alturas de la libertad.
P: “Quien tenga hambre, que venga y coma; quien tenga necesidad, que venga y celebre el Séder de Pésaj”. ¡Esta introducción parece no tener nada que ver con la historia del Éxodo! La tzedaká (caridad) está muy bien, pero ¿por qué al inicio de la historia de nuestra redención?
R: El comentario del Beit HaLevi establece una conexión fascinante entre esta introducción e Isaías (56:1), que dice: “Guardad la justicia y haced caridad porque traerán Mi redención”. Él explica: la redención no ha terminado; necesitamos continuar donde Moshé la dejó. Dios eligió a Moshé como líder de la nación por su bondad hacia los necesitados. Al comenzar nuestro Séder con tzedaká, demostramos nuestro deseo de continuar el legado de Moshé y convertirnos en redentores modernos.
La línea final de ese párrafo de apertura dice: “Este año estamos aquí; el próximo año en la tierra de Israel. Este año somos esclavos; el próximo año seremos un pueblo libre”. Al mantener la tzedaká y las necesidades de los demás al frente de nuestra mente, sembramos las semillas de la libertad y redención definitiva para nuestra nación.
“¿Qué significa para ti este servicio?” Rav Jaim Friedlander explica la base de la pregunta del hijo malvado: “Se supone que esta es la noche de nuestra libertad, ¿por qué haces este servicio? ¿No debería ser una noche para hacer lo que queremos? ¡Por qué seguir un montón de reglas quisquillosas!”
Nuestra respuesta: “¡Es por esto que Dios me sacó de Egipto!” Todo el propósito de nuestra libertad es servir a algo más elevado. Esa es la verdadera libertad: no libertad de la obligación, sino libertad para alcanzar nuestro verdadero propósito.
P: ¿Por qué es tan central en la noche del Séder relatar la historia del Éxodo como si nosotros mismos la hubiéramos experimentado?
R: La obra filosófica del siglo X Obligaciones del Corazón cita la gratitud como la base fundamental de todo servicio Divino. En el primero de los Diez Mandamientos, Dios dice: “Yo soy Hashem, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la Casa de la Esclavitud”. Nuestra relación con Dios comienza reconociendo Su gracia en nuestras vidas, especialmente al liberar a Su pueblo de una esclavitud completamente desesperada.
La historia de Pésaj nos brinda la oportunidad de experimentar una gratitud abrumadora hacia nuestro Salvador. Esto no es mera gratitud histórica. Así como quien sobrevive a una situación que amenaza su vida ofrece un sacrificio de acción de gracias, nuestro Séder es nuestra ofrenda colectiva de agradecimiento por la salvación nacional. Nosotros mismos fuimos redimidos, no solo nuestros antepasados.
Esta gratitud nos inspira naturalmente a devolverle algo a Aquel que nos salvó, tal como lo haríamos con cualquier persona que nos rescatara de un sufrimiento insoportable. Pésaj marca el inicio de nuestra relación con Dios, y la Torá se convierte en nuestro medio para expresar ese agradecimiento. Esta conexión es tan fundamental que, al día siguiente del Séder, comenzamos a contar los días hacia la recepción de la Torá, nuestro mapa para expresar gratitud a Dios por habernos sacado de Egipto y hacernos Su pueblo elegido.(6) Toda la estructura de la vida judía surge de este acto inicial de gratitud por nuestra redención.
P: ¿Por qué comenzar el Maguid (relato del Éxodo) mencionando los pecados de nuestros antepasados?
R: Hace algunos años, una niña de 9 años me preguntó: “¿Por qué estamos tan agradecidos a Dios por sacarnos de Egipto? ¿No fue Él quien nos llevó a Egipto?”
Recordando una clase de Rav Immanuel Bernstein,(7) le conté la siguiente parábola: Si vieras a alguien romper las costillas de otra persona, lo llamarías sádico. Si las rompiera y luego las reparara, lo diagnosticarías con trastorno de personalidad múltiple. Pero ¿y si rompiera las costillas para realizar una cirugía a corazón abierto? Eso es lo que hizo Dios al llevarnos a Egipto y luego sacarnos de allí.
La Torá (Deut. 4:20) se refiere a Egipto como “el horno de fundición”. Necesitábamos el crisol de Egipto para purificar nuestro corazón colectivo y hacernos dignos de recibir la Torá. Nuestra línea de ascendencia llevaba imperfecciones espirituales que requerían corrección: Teraj, padre de Abraham, fabricaba ídolos; los hermanos vendieron a Iosef como esclavo por celos; y en Egipto, muchos judíos intentaron asimilarse a la sociedad egipcia, lo que irónicamente provocó el odio de los egipcios. Dios diseñó nuestro sufrimiento en Egipto para quebrar estas tendencias destructivas y transformarnos en una nación lista para recibir Su Torá.
Esta explicación responde a nuestra pregunta original: comenzamos el Maguid reconociendo nuestras raíces idólatras porque nos ayuda a entender en primer lugar por qué necesitábamos descender a Egipto. Debíamos pasar por la purificación para convertirnos en el Pueblo Elegido.
P: ¿Por qué las plagas comienzan transformando el río Nilo en sangre?
R: Si recordamos, los egipcios usaron el Nilo como arma para asesinar a miles, sino millones, de bebés judíos. Pero, al igual que las fosas comunes y los crematorios de los nazis, el Nilo ocultaba efectivamente los cuerpos de los bebés judíos asesinados.
En la primera plaga, Dios demostró Su empatía por el sufrimiento de Su pueblo. La sangre en el Nilo sacó su crimen a plena luz, consolando a Su pueblo y avergonzando a los asesinos egipcios. Esto nos enseña una lección profunda sobre cómo enfrentar el sufrimiento: cuando alguien está en dolor, nuestro primer paso debe ser reconocer su experiencia antes de intentar solucionar su problema. Así como Dios validó primero el sufrimiento de Israel exponiendo los crímenes de Egipto, nosotros también debemos mostrar comprensión antes de ofrecer soluciones. La verdadera sanación solo puede comenzar después de que el que sufre se siente realmente visto y comprendido.(8)
P: ¿Cuántas veces se menciona a Moshé en toda la Hagadá? Una sola vez. El versículo anterior (citado directamente de la Torá) es la única mención de Moshé en toda la Hagadá (incluso aquí se le llama “siervo de Dios”). ¿Por qué la Hagadá minimiza a nuestro líder que nos sacó de Egipto?
R: La Hagadá trata sobre nuestra relación con Dios, no con Su mensajero. El liderazgo en el judaísmo es sinónimo de humildad. Un gran líder judío nunca busca protagonismo. Entiende que el centro de atención pertenece a Dios y solo a Él. Cuando dejamos de enfocarnos en nosotros mismos y dirigimos nuestra atención a servir a Dios y a Su pueblo, nos convertimos en canales por los cuales Hashem puede actuar en el mundo.(9) Irónicamente, quienes alcanzan este nivel exaltado de auto-anulación (Moshé, el rey David y otros) se convierten en los líderes más celebrados y reverenciados en la historia judía. Como enseña Pirkei Avot (Ética de nuestros Padres 4:1): “Quien huye del honor, el honor lo persigue”, y “¿Quién es honrado? Aquel que honra a los demás.” Esta ausencia de Moshé en la Hagadá nos enseña paradójicamente su mayor cualidad: él se hizo transparente para que brillara la gloria de Dios.(10)
El Korej combina matzá, maror y (en tiempos del Templo) el cordero sacrificial, cumpliendo literalmente el versículo: “Comerán la carne esa misma noche; la comerán asada al fuego, con matzá y maror”.(11) El Maharal de Praga enseña que esta combinación lleva un simbolismo profundo:
Combinando estos elementos en el Korej, demostramos una verdad profunda: tanto la amargura como la libertad provienen de la misma Fuente. No hay un Dios del bien frente a un Diablo del mal. Todo proviene de Dios, todo orquestado para nuestro beneficio último, incluso cuando es doloroso. El Korej nos enseña a abrazar la totalidad de nuestra experiencia, lo amargo y lo dulce, como parte de un plan divino unificado.(12)
P: En la noche de Pésaj, decimos la primera mitad del Halel (los Cánticos de Alabanza)(13) antes de la comida, luego comemos, y después terminamos el Halel. ¿Desde cuándo se permite pausar en medio del Halel?
R: El Imrei Shefer, un renombrado cabalista del siglo XIII, explica que en la noche de Pésaj, ¡la comida es el Halel! No podría haber mayor alabanza a Dios que nuestro banquete, celebrando y apreciando Su bondad en el Séder de Pésaj.
Para concluir, comparto una historia que mi tía me contó hace algunos años. Mi bisabuela, Katya, creció en Rusia. Cuando era joven, su madre falleció. Su padre se volvió a casar con una mujer con tres hijas, todas terriblemente abusivas con la joven Katya. Solo podemos imaginar su lucha: una vida antes cómoda convertida en sufrimiento bajo sus crueles nuevas parientes. Cuando el dolor se volvió insoportable, ahorró suficiente dinero para escapar a los Estados Unidos. A los 15 años, abordó un barco hacia un futuro más prometedor. Al llegar, trabajó en un taller textil, su única opción para sobrevivir. Allí conoció a mi bisabuelo, y juntos construyeron una nueva vida.
¿Y qué pasó con la casa que dejó atrás? Cuando la Solución Final de Hitler azotó Europa, todos sus familiares fueron asesinados en el Holocausto.
A menudo debemos mirar atrás para conectar los puntos y ver un Poder mayor que nosotros dirigiendo los eventos. Cada miembro de la nación judía vive hoy solo gracias a innumerables milagros. Usemos Pésaj para conectarnos con nuestra existencia milagrosa e inspirarnos a llenar nuestro año con gratitud y con el deseo de devolver a Dios a través de Sus mitzvot.
¡Les deseo a todos un Seder de Pésaj significativo, poderoso y sagrado!
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