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¡Imperdible!

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01/12/2014 | por Slovie Jungreis-Wolff

Las lecciones que aprendí después de ser hackeada

Jueves en la mañana. Me despierto y encuentro mi buzón de correos rebalsado de mensajes. Qué gracioso, pienso para mí misma, ¿Qué está pasando?

"¡Imperdible! - ¿¿¿Tú enviaste esto???"

"¿Tú me mandaste esto?"

"Slovie, creo que fuiste hackeada. ¡Cambia tu contraseña inmediatamente!"

Alguien se había entrometido en mi cuenta de Yahoo. Había enviado un correo titulado "¡Imperdible!" a cada persona con la que alguna vez me había correspondido. Todos mis contactos personales y profesionales fueron contactados.

Yo habría pensado que era obvio que este correo no provenía de mí, pero en base a las respuestas que recibí, yo estaba completamente equivocada. Una en particular se destacó:

"Slovie, ¡estoy tan contenta de saber de ti! Hablaste en nuestra conferencia internacional de mujeres el año pasado. ¡Ya hice inmediatamente mi pedido del trago de frambuesa que enviaste! ¡Por favor mantente en contacto!”.

Después de consultar con mi mago de la computación, determinamos que sólo mi cuenta de correo se vio afectada y no todo mi computador. Al final de la mañana, yo estaba feliz de estar libre de virus.

El viernes por la mañana me di cuenta de que había dejado de recibir correos. El hackeador había tratado de entrar a mi correo nuevamente y yahoo había congelado mi cuenta. Tuve que cambiar todas mis contraseñas otra vez.

Perder la paciencia no sirve de nada. Hay un propósito en todo lo que pasa, incluso en las cosas problemáticas. Entonces, ¿qué sabiduría podemos extraer de la experiencia?

Fuente de agravación

Yo perdí un montón de valiosas horas, tiempo con mi familia, y experimenté muchísimas molestias. También me sentí avergonzada al constatar que muchas personas que confían en mí, creyeron que yo mandé un correo que decía "¡Imperdible!", promocionando algún ítem comercial. Incluso mi ejecutivo del banco dijo que recibió mi correo.

Una pareja a la que les enseño dijo "Nosotros estábamos un poco extrañados. Este no es tu estilo".

¿Nos damos cuenta cuántas molestias le causamos a los demás?

El hackeador parece no inmutarse por ser el causante de las molestias, algo que nosotros sí sabemos que está mal. Pero me pregunto si nos damos cuenta de cuántas molestias le causamos a otros —generalmente sin saberlo—, o si conocemos el efecto de nuestras palabras o acciones. Si nos diéramos cuenta, ¿seguiríamos actuando o hablando de la misma manera?

Yo pienso en aquel jefe, que sin pensar, atormenta a su empleado con insultos personales y criticismo. Las filosas palabras dan vueltas en la cabeza de este hombre quien después vuelve a casa de mal humor o sintiéndose a la defensiva. En vez de un cálido saludo, la familia recibe un enojado reproche. Los niños terminan peleando entre ellos; nadie se siente feliz. La hora de la cena ha sido arruinada otra vez. Desafortunadamente, este escenario se repite en esta familia demasiado seguido.

¿Acaso entendemos el efecto que tenemos en las vidas de otras personas?

¿Nos damos cuenta que nuestras acciones causan tensiones y ondas expansivas más allá del momento?

Pensemos por un momento en la chica popular que tiene un montón de amigas y una gran personalidad. Ella envía una nota divertida, burlándose de una compañera que no es parte del grupo "cool". Ella nunca ve realmente el efecto de sus acciones. Especialmente en el ciberespacio, no tenemos idea lo que ocurre y nunca nos enfrentamos al vasto dolor que hemos causado.

Ella nunca llega a ver que no daña solamente a esta compañera. Los padres también sufren cuando un hijo experimenta dolor. Ellos observan indefensos mientras la seguridad de su hija se desvanece. Ellos no saben qué hacer cuando escuchan a su hija llorar con su almohada en las noches; rehusándose a salir de su pieza.

Nosotros subestimamos el poder que tenemos de causar dolor a otros. Lo contrario también es verdad; tenemos entre nosotros la increíble habilidad de traer alegría a tantos en este mundo.

La mayoría de las personas deberían aprender una gran lección; ver el mundo a través de lentes más compasivos, aprender a tratar a otros con mayor sensibilidad.

Hay una mitzvá en la Torá que lo explica simplemente. Veahavta le-reeja kamoja, ‘ama a otros como a ti mismo’. Rabí Akiva nos dice que este es un principio para la vida impresionante. Si solamente tomamos un momento para pensar: ¿Cómo me sentiría yo si alguien me hiciera esto a mí? ¿Cuáles serán los efectos de mis acciones y palabras?

La 'conciencia plena' no es sólo acerca de ti; es acerca de notar las necesidades de los demás.

Hoy en día mucha gente persigue el estudio de la 'conciencia plena' —cómo vivir la vida con mayor conciencia propia—, pero este estudio no puede reducirse a estar en contacto sólo con tus propios sentimientos. La Torá nos enseña también a ser conscientes de los sentimientos que nosotros gatillamos en los demás. Tal como nosotros buscamos paz interna, así también debemos reconocer que podemos ser mensajeros de esta misma paz interna para aquellos que viven a nuestro lado.

El hackeador también me dejó pensando sobre los talentos que Dios nos ha dado en este mundo. La persona que es excelente para la tecnología puede utilizar su don para herir o construir. La misma semana que fui hackeada, conocí a alguien que estaba empezando un nuevo proyecto, ella me dijo que una amiga la había ayudado a crear una página web, y que finalmente, ella esperaba que las órdenes comenzaran a llegar.

Este es un desafío que todos enfrentamos. Ya sea que destaquemos en tecnología, tengamos una gran mente para los negocios, una mente creativa o una personalidad vivaz, ¿estamos utilizando nuestros talentos para construir o para destruir?

Yo puedo agradecerle al hackeador por la lección que aprendí. Espero que él de alguna manera también se despierte y utilice su tiempo y habilidad para perseguir el bien.




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