Tras el terremoto en Venezuela, la comunidad judía responde con solidaridad
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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
El segundo versículo de la parashá de esta semana dice:
"Tomen para Mí una ofrenda [para construir el Santuario]" (Éxodo 25:2).
De acuerdo con el Midrash (Shemot Rabá 33:1), esto aclara el versículo de Proverbios: "Porque os he dado una buena enseñanza; no abandonen Mi Torá" (Proverbios 4:2). El Midrash continúa explicando que Dios le dijo al pueblo judío: No abandonen el tesoro que les he dado [la Torá]. A veces, cuando las personas compran objetos preciosos, uno puede contener oro pero no plata, o plata pero no oro. Sin embargo, el tesoro que Yo les he dado contiene no solo plata —como está escrito: "Las palabras de Dios son palabras puras, como plata refinada" (Salmos 12:7)— sino también oro —como está escrito: "Son más deseables que el oro, más que el oro fino" (Salmos 19:11).
Podríamos preguntarnos cómo el Midrash puede comparar la santidad de la Torá con mera plata y oro, que al fin y al cabo son solo objetos materiales. ¿Acaso la santidad de la Torá no supera con creces el valor incluso de los objetos físicos más preciados?
El comentarista Or Guedaliahu explica que la Torá es abarcadora. Cuando un objeto está compuesto por muchas partes, no lo vemos simplemente como la suma de sus componentes, sino que el todo se vuelve mayor que la suma de sus partes. Por ejemplo, un haz de luz está compuesto por muchos colores diferentes. Estos colores pueden distinguirse cuando la luz pasa a través de un prisma. Pero la luz no es simplemente una combinación de colores; es algo mucho mayor que eso. Las cualidades generales de la luz no pueden comprenderse solo a partir de sus colores individuales.
Este ejemplo nos ayuda a entender por qué el Midrash se refiere a la Torá como "plata Y oro" y no solo "plata" u "oro". De esta expresión aprendemos que la Torá incluye cada detalle posible. Lo contiene todo. Más aún, en un nivel todavía más profundo, el Zóhar (Trumá 161b) enseña que "Dios miró en la Torá y a partir de ella creó el mundo". En otras palabras, cada manifestación física en el mundo proviene de una fuente espiritual en la Torá. Así como la Torá contiene plata Y oro, también contiene la esencia de cada atributo y objeto del mundo físico.
DIOS ES ORO
Esta idea, en un plano concreto, significa que la plata que conocemos en el mundo material es en realidad una expresión física de la "plata espiritual". Esa plata espiritual es el amor a Dios. Vemos una alusión a esto en la Torá cuando Labán confronta a Iaakov y le dice: "Te has ido porque anhelabas intensamente (nijsof nijsafta) la casa de tu padre" (Génesis 31:30). La raíz de ambas palabras es kesef, que significa "plata". El sentido de anhelo y deseo por una persona o lugar amado es el lado espiritual de la plata. En esencia, nuestro deseo de poseer plata física proviene de un deseo profundo de tener una relación amorosa con Dios.
El oro también tiene su contraparte espiritual. El oro espiritual es el temor y la reverencia a Dios. El versículo enseña: "El oro viene del norte" (Job 37:22). "Norte" puede referirse a la parte superior del cuerpo: la cabeza. En la cabeza reside la sabiduría, y el versículo nos dice: "El principio de la sabiduría es el temor a Dios" (Salmos 111:10). De esta cadena de asociaciones (el oro viene del norte, el norte se refiere a la mente, la mente es el lugar de la sabiduría, y la sabiduría es llamada temor reverente) aprendemos que el oro está vinculado con la reverencia a Dios. Nuevamente, nuestro deseo de poseer oro físico proviene de un profundo anhelo espiritual de desarrollar temor y reverencia hacia Dios.
El ejemplo del haz de luz mencionado por el Or Guedaliahu es una descripción particularmente apropiada de la Torá. El Baal HaTurim señala (Éxodo 25:10) que las letras de la palabra hebrea para Arca, arón, pueden reordenarse para formar la palabra oran, que significa "su luz". Esto no es solo un juego de palabras; el Arca alberga la Torá, aludiendo a que la Torá misma puede considerarse luz. Además, las letras de arón también pueden reorganizarse para formar la palabra norá, que significa "impresionante" o "sobrecogedor". La naturaleza abarcadora de la Torá inspira reverencia, y a través de su luz podemos servir a Dios con totalidad y plenitud.
613 PARTES DEL CUERPO
La Torá no es el único medio para alcanzar la plenitud en el servicio Divino. El Mishkán (Tabernáculo), que esta parashá describe con minucioso detalle, también es mayor que la suma de sus partes y puede inspirarnos a servir a Dios en totalidad. El Zóhar y el Midrash Neelam afirman que las 613 partes del Mishkán corresponden directamente a las 613 partes del cuerpo humano. Por ejemplo, la Menorá corresponde a los ojos; la Mesa que sostenía los panes corresponde a la boca; el Altar del incienso corresponde a la nariz, y así sucesivamente.
Haríamos bien en aprender el mensaje del Mishkán y unir nuestras 613 partes para servir a Dios en totalidad. Aunque es fundamental cuidar nuestro lenguaje o esforzarnos por ver solo lo bueno en los demás, no debemos concentrarnos tanto en los detalles del crecimiento personal llegando a perder de vista la visión global.
Por eso el Midrash conecta la ofrenda para construir el Mishkán con el versículo en Proverbios: "No abandonen Mi Torá". Tanto el Mishkán como la Torá están compuestos por muchos detalles, pero ambos son mucho más que la suma de sus partes. La meta es la integración. Cuando todos los elementos dispersos de nuestro ser se unen y forman una unidad completa, podemos servir a Dios en totalidad.
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