Inteligentes pero equivocados: ¿Qué pasa cuando las grandes mentes se vuelven contra Israel?

11/09/2025

4 min de lectura

Tener un gran intelecto no garantiza la claridad moral. La historia revela cómo la brillantez puede cegar y por qué ignorar la realidad pone en peligro tanto a los judíos como a la verdad.

Otro favorito de la academia se ha unido a los que odian a los judíos. Pero este caso fue más cercano a casa.

El Dr. Bessel van der Kolk, el erudito más destacado en trauma y autor de El cuerpo lleva la cuenta, revolucionó la comprensión de las heridas emocionales ocultas. Después del 7 de octubre, incluso facilitó seminarios en línea sobre trauma para comunidades judías en todo el mundo.

¿Qué pudo haber llevado a una declaración tan absurda de alguien tan brillante?

Pero en una reciente conferencia de sanación de trauma en el Instituto Omega de Nueva York, sorprendió a su audiencia diciendo que los israelíes “son peores que los nazis”. ¿Qué pudo haber llevado a una declaración tan absurda de alguien tan brillante? ¿Cómo pueden los intelectuales ponerse del lado de quienes se oponen a la nación judía?

Esta pregunta me inquietaba profundamente como estudiante universitario. En la universidad, pasé horas (en público y en privado) debatiendo con detractores de Israel. Para comprender mejor la psicología de nuestros oponentes, estudié con profesores notoriamente hostiles hacia Israel y con frecuencia interactué con perspectivas antijudías y antiestadounidenses en el campus.

Un profesor, el Dr. Charles Butterworth, parecía una excepción. Un erudito anciano y refinado de filosofía política árabe e islámica medieval. Él me enseñó a analizar textos de pensadores islámicos como Averroes y Alfarabi. Incluso me presentó los escritos filosóficos de Maimónides, que él mismo había traducido del árabe. Me atraía su brillantez y asumía que alguien tan instruido seguramente reconocería la barbarie de los extremistas islámicos actuales y vería la obvia diferencia entre un pueblo judío asediado y quienes promueven el genocidio contra él.

Imaginen mi sorpresa cuando él comparó casualmente la bandera israelí con la esvástica nazi. Como joven, me sentí confundido y perturbado. ¿Cómo podía mi maestro ser tan inteligente y al mismo tiempo estar tan equivocado? Él también insistía en que la guerra de 1967 fue provocada por el Israel imperialista. Yo argumentaba que el valiente ataque de los judíos fue un movimiento preventivo para sobrevivir a una guerra de aniquilación, pero mis esfuerzos fueron en vano. Nos separamos sin resolver nada. Aunque yo no me uní al coro anti-Israel (como él esperaba), sigo agradecido por los textos e ideas a los que me expuso.

Aun así, la pregunta me perseguía: ¿cómo podía un erudito de semejante brillantez equivocarse tan profundamente?

Encontré la respuesta tras graduarme, mientras estudiaba Talmud en la ieshivá. Entendí que mi pregunta en realidad nunca había sido una pregunta.

Premisas defectuosas

Un elemento central del estudio talmúdico es reconocer que todo argumento descansa sobre una premisa, o varias premisas. Si la premisa es defectuosa, la conclusión se derrumba. En el caso de Bessel van der Kolk, el Dr. Butterworth y tantos otros, yo había partido de premisas equivocadas:

  1. La inteligencia se correlaciona con la conciencia de la realidad.
  2. Cuanto mayor es el intelecto, mayor es la tendencia a alinearse con la claridad moral.

Mi experiencia universitaria demostró que ambas son falsas.

La verdad es que las personas altamente inteligentes pueden difamar a Israel u odiar a los judíos sin una razón sustancial. Su hostilidad está impulsada por la emoción, no por el intelecto. Las “razones” que ofrecen son racionalizaciones, y sus argumentos se derrumban bajo el escrutinio.

El odio es sólo una de las muchas fuerzas que nublan la objetividad. El amor y el dolor pueden hacer lo mismo. Todos conocemos personas que se ciegan a la realidad por un afecto mal ubicado. Asimismo, el dolor físico o emocional hace casi imposible el pensamiento claro. Y cuando el mundo demoniza sin descanso tu carácter, incluso puedes empezar a creer las mentiras, un fenómeno parecido al gaslighting. También los sentimientos de inferioridad pueden cegar a una persona o nación, empujándolos hacia un comportamiento irracional y autodestructivo.

La creencia de que el intelecto conduce naturalmente a la claridad moral es una falacia. La Torá lo demuestra en su relato sobre Bilam, un profeta de inmensa brillantez en tiempos de Moshé que, sin embargo, se desvió de la verdad y la rectitud.

Los sabios enseñan que Bilam estaba en una liga espiritual única, incluso con cierta ventaja sobre el propio Moshé. Podía “acceder” a Dios de formas que nadie más podía. Sin embargo, estos dones extraordinarios no lo llevaron a la integridad. En cambio, él siguió el impulso de sus propios deseos, ignorando voluntariamente la evidencia que tenía ante sí. Una persona así, por más brillante que sea, no puede liderar, porque carece de honestidad intelectual. Sin autoconciencia ni aprecio por la objetividad, no se puede confiar en su liderazgo. Los verdaderos modelos espirituales, en contraste, se esfuerzan por examinarse a sí mismos y a sus motivos con honestidad y claridad.

Uno de los errores más fáciles en la vida es construir una realidad artificial de cómo debería ser el mundo, ignorando cómo es realmente. Esta tendencia común, que a menudo se encuentra en personas bien intencionadas, es lo que significa vivir en un sueño. Pero ningún deseo ilusorio puede borrar la realidad del mal. La historia, tanto judía como global, lo ha demostrado trágicamente una y otra vez.

Hoy, muchos fingen que Israel no está atrapado en una lucha de suma cero por su supervivencia. Para algunos, es simplemente demasiado doloroso admitir que nuestros enemigos son implacables, a pesar de un siglo de derramamiento de sangre y trauma. En cambio, se aferran a la ilusión de que aquellos que han iniciado, incitado y celebrado con orgullo el genocidio, de alguna manera se detendrán. Sin embargo, tales fantasías inevitablemente se derrumban bajo el peso de su propia ideología corrupta. Y trágicamente, estas ilusiones causan estragos no sólo en sus seguidores, sino también en innumerables inocentes.

Este patrón no perdona a nadie, ni a profesores ni a profetas, ya sea que se llamen Bessel, Butterworth o Bilam.

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