Una "luz para las naciones", la misión del pueblo judío


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Sobrevivientes, soldados y padres en duelo. Sus historias de dolor y resiliencia resuenan a través de un nuevo Sefer Torá dedicado este Iom Kipur.
Yo estaba en Israel el 7 de octubre de 2023, hace ya dos años completos.
Como tantos otros, había viajado con mi familia a Israel para la festividad de Sucot. Estábamos en Jerusalem y en la mañana de Shabat nos despertaron las sirenas. Mis manos temblaban mientras apresuraba a mis cinco hijos (de entre 2 y 16 años) por el pasillo hasta una escalera.
Nos apiñamos en el refugio antiaéreo junto a judíos, musulmanes y cristianos, intentando distraer a nuestros niños asustados con juegos como “Veo, veo”. Las sirenas cesaron e ingenuamente intentamos comenzar nuestra rutina normal de la mañana. Momentos después, las sirenas volvieron a sonar. Y otra vez… Para la tercera o cuarta vez, ya nos refugiábamos con juegos de cartas y bocadillos listos, susurrando tranquilizadoras promesas que nosotros mismos apenas creíamos.
Inexplicablemente, regresamos a Los Ángeles en nuestro vuelo original. Al aterrizar, esperaba compasión. En cambio, encontré frialdad, confusión e incluso hostilidad.
¿Cómo pudo el mundo volverse contra Israel, contra nuestro pueblo, en nuestro momento más oscuro? Estaba atónita. Aún lo sigo estando.
La gente no quería escuchar sobre las atrocidades. Muchos eran indiferentes, otros abiertamente antagonistas. Algunos simplemente estaban perdidos en un mar de desinformación. Las falsedades se difundían más rápido que la verdad, el odio más fuerte que el dolor.
Así que tomé mi pluma y desde entonces no he dejado de escribir.
Como periodista, he pasado los meses posteriores al 7 de octubre entrevistando a personas cuyas vidas cambiaron para siempre aquel día horrendo. Sobrevivientes del festival Nova. Justos no judíos que defendieron a Israel. Soldados de las FDI. Estudiantes universitarios atacados por ser judíos. Padres que lloran a sus hijos asesinados.
Quiero contarte sólo algunas de sus historias.
Peter Tsadilas, un no judío que tiene un restaurante Estados Unidos, izó una bandera israelí fuera de su local. Al día siguiente, su propiedad fue vandalizada y profanada. Él siguió colocando esa bandera.
Oz Davidian, un agricultor cerca del sitio del Nova, utilizó su conocimiento de los caminos secundarios para rescatar a 120 asistentes, arriesgando su vida una y otra vez para salvar desconocidos.
Shlomi Stock, un soldado solitario, recibió tres disparos en la cabeza. Una bala se incrustó en la espuma de su casco. Milagrosamente, sobrevivió.
Itay Shabi sobrevivió a la masacre en el Kibutz Beeri escondiéndose detrás de una rama de palmera, a escasos centímetros de los terroristas que asesinaron a sus vecinos.
Y también están las historias que no tienen un final feliz, pero no son menos sagradas.
Jen Airley perdió a su hijo en la guerra y ahora viaja por el mundo instando a los judíos a rezar y unirse.
Alon Mesika, un comerciante de diamantes, perdió a su hijo Adir en Nova. En su duelo, regala anillos de compromiso a cualquier soldado israelí que quiera casarse, transformando el dolor en amor eterno.
Hay héroes de las FDI de 22 años que con una valentía inimaginable fueron de casa en casa en el Kibutz Beeri, eliminando terroristas. ¿Quién hace esto? ¿Quién se planta frente a tal maldad y elige vida, esperanza y luz?
Nosotros lo hacemos. Am Israel Jai.
Pero también cargo con el peso de estas historias. He mirado a los ojos de estas almas valientes. He visto sus lágrimas, su fuerza, sus corazones quebrados. He tecleado sus historias palabra por palabra, letra por letra.
Después del 7 de octubre, escuché a un Rabino preguntar: “Cuando tus 120 años terminen, ¿qué podrás decirle a Dios? ¿Que despertaste? ¿Que actuaste?”
No debemos limitarnos a decir: “Qué tragedia”. Debemos hacer algo. Debemos despertar algo profundo dentro de nosotros.
Mi esposo y yo decidimos hacer algo.
Encargamos la escritura de un Séfer Torá en honor al bat mitzvá de nuestra hija, y en memoria y elevación de las almas de tres jóvenes asesinados en el Festival Nova. Uno de ellos fue Adir Mesika, el hijo de Alon.
¿Por qué conectar la alegría de nuestra hija con su dolor inimaginable?
Mi esposo ayudando a completar la escritura de un nuevo Séfer Torá, en Los Ángeles antes de enviarlo a Israel.
Porque en cada boda judía, en el momento cumbre de nuestra alegría, rompemos una copa, para recordar que la Casa de Dios aún no está completa. Recordamos que nuestra alegría no puede estar completa mientras otros lloran.
A los rehenes y sus familias, a quienes perdieron seres queridos, sepan esto: no los olvidamos.
Insistimos en que el Séfer Torá fuese enviado a Israel antes de Iom Kipur, específicamente a la sinagoga con la que está vinculado Alon Mesika, para que pudiera usarse en Kol Nidrei. Este es el momento más sagrado del año, cuando judíos de todos los ámbitos llenan las sinagogas y claman a Dios. Nuestro deseo era que las letras mismas de este Séfer Torá ascendieran al Cielo y suplicaran por la liberación de los rehenes.
Completando el Séfer Torá en Israel.
Hace apenas unos días, vimos por FaceTime cómo Alon, junto con otros padres que perdieron a sus hijos, rellenaban las últimas letras del sagrado Sefer Torá. Vimos los rostros de tres parejas de padres, de duelo eterno, pero de pie con dignidad, llenando un Séfer Torá con tinta, con lágrimas y con luz eterna.
Este Séfer Torá es para todos ustedes.
Para cada rehén, cada soldado, cada sobreviviente de Nova, cada padre en duelo. Sus historias están entretejidas en este rollo. Cuando se abra y se lea, sus voces se elevarán con cada letra.
Esta es la historia de nuestro pueblo, desde el Sinaí hasta hoy.
No importa lo que el mundo diga o haga contra nosotros, la nación judía es eterna. Al igual que la Torá.
Esta es tu Torá. Esta es nuestra Torá. Para cada lector de esta carta: esta Torá también es tuya.
Este Iom Kipur, permanezcamos como un solo pueblo con un solo corazón.
Juntos, somos uno.
Con amor y lágrimas,
Sara Pachter
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Am Israel Jai!!