Iom Kipur era la festividad judía que antes temía

20/09/2026

2 min de lectura

Y por qué ahora me encanta.

Cuando era niño, temía la llegada de Iom Kipur.

¿Qué podía gustarme de una festividad que básicamente dice: "¡Bienvenido! No habrá comida, ni bebida, ni posibilidad de responder. Disfruta de tu culpa existencial".

Mis recuerdos de infancia sobre ese día son bastante sombríos: estar vestido con zapatos incómodos, sentado en una sinagoga que olía a alfombra vieja, y contar las páginas del libro de plegarias que faltaban hasta que terminara el ayuno. También estaba esa melodía inquietante de Kol Nidrei, que hacía sentir como si estuviéramos asistiendo a nuestro propio funeral.

No entendía qué era la teshuvá, el arrepentimiento o retorno. Solo sabía que una vez al año nos reuníamos, nos vestíamos de blanco y nos sentíamos mal.

Avancemos hasta la adultez. No voy a la sinagoga todas las semanas y todavía no soy muy bueno con el hebreo. Pero algo extraño ha sucedido: he empezado a... esperar con ilusión la llegada de Iom Kipur.

No porque de repente disfrute pasar hambre y estar privado de cafeína, sino porque finalmente comencé a comprender de qué trata realmente este día.

No se trata de culpa. Se trata de gracia.

Déjenme explicarlo.

Mientras me preparaba para Iom Kipur el año pasado, escuché a un rabino decir algo que cambió mi perspectiva sobre este día. Él dijo: "Teshuvá no significa convertirse en otra persona. Significa regresar a quien realmente eres".

Esa frase realmente me impactó.

Gran parte de la vida consiste en actuar para los demás: demostrar nuestro valor, editar quiénes somos, presentar la mejor versión de nosotros mismos en internet. Pero Iom Kipur es el único día en el que dejamos todo eso de lado. Nos presentamos ante Dios sin filtros, sin comida, sin adornos innecesarios, y decimos: "Aquí estoy. Soy imperfecto. Pero estoy intentando mejorar".

Y el judaísmo, con su infinita sabiduría, responde: "Bien. Exactamente así es como debes presentarte".

Cuanto más envejezco, más valoro esa clase de honestidad espiritual. No tengo que fingir que he sido perfecto. No tengo que "ganarme" mi identidad judía. Solo tengo que ser auténtico y estar dispuesto a crecer. Tengo que enfrentar mis defectos e intentar hacerlo mejor.

Iom Kipur no es el día en que Dios nos evalúa como si fuera un contador celestial. Es el día en que Él dice: "Vuelve a casa. Te he estado esperando".

Convertir los errores en méritos

Hay una historia en el Talmud (Ioma 86b) que enseña que una persona que retorna a Dios por amor, y no solamente por temor, puede transformar incluso sus errores pasados en méritos.

Eso significa que cuando cometemos errores y aprendemos de ellos, nuestros peores momentos pueden convertirse en una fuente de energía para hacer el bien. ¿Quién más ofrece un sistema así?

El judaísmo no es una religión de castigo. Es una religión de transformación.

Todavía siento hambre en Iom Kipur. Ocasionalmente sigo contando cuántas páginas del libro de rezos faltan. Pero ya no lo temo.

Ahora lo veo como un reinicio emocional. Un día de claridad. Un día para apartarme de mi lista de tareas y hacerme preguntas más profundas:

  • ¿Me estoy convirtiendo en la persona que quiero ser?
  • ¿Qué necesito dejar atrás?
  • ¿A dónde quiero regresar?

Y quizás la pregunta más importante:

  • ¿Puedo perdonarme por los lugares en los que no estuve a la altura?

Porque Dios ya lo ha hecho.

Iom Kipur no borra quiénes somos. Revela quiénes hemos sido siempre debajo de todo el ruido.

Y si solo hace falta un día de hambre y reflexión para volver a encontrarme conmigo mismo... lo acepto.

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