Iom Kipur y el secreto del perdón

28/09/2025

2 min de lectura

La clave para soltar el dolor y perdonar de verdad.

Este último año recibí dos llamadas telefónicas que me sacudieron profundamente.

La primera llegó una hermosa mañana de primavera, justo cuando salía hacia el trabajo. La voz era aguda y débil. Era un hombre que había conocido en la escuela secundaria y que ahora padecía un cáncer agresivo. No habíamos hablado en muchos años. ¿Qué podía querer de mí?

Me explicó que, como estaba completamente solo en el hospital, sin familia que lo acompañara, había empezado a repasar su vida. Me insinuó que probablemente este año sería el último para él. Se le había ocurrido que me había causado mucho dolor y sufrimiento durante nuestros años de secundaria. Me llamaba para pedirme perdón.

La segunda llamada la recibí hace apenas unos días. Era de un amigo de la infancia. Me pedía perdón por una nota que había puesto en mi pupitre en quinto grado. La nota decía que me odiaba y que no quería tener nada que ver conmigo. Le pregunté por qué me llamaba ahora. Me respondió que, como se estaba haciendo mayor y tenía dificultades para encontrar esposa, había empezado a revisar su vida para ver si había algo que le estaba impidiendo formar una familia.

A ambos les aseguré que los perdonaba y les deseé salud y éxito en todos sus empeños.

Lo que más me impactó de estas llamadas fue que, aunque me resultó relativamente fácil pronunciar las palabras “te perdono”, fue mucho más difícil perdonar internamente y soltar de verdad el dolor.

¿Acaso había dejado realmente atrás el dolor y el sufrimiento que ellos me habían causado?

¿Cuál es el secreto del perdón?

La clave del perdón está en la capacidad de identificar a las personas con su belleza interior y sus virtudes.

Está en comprender que la gente hiere porque está herida.

Está en reconocer que, aunque las acciones pueden ser terribles e inexcusables, los autores de tales acciones no deben ser definidos para siempre por sus errores.

En cambio, deben ser apreciados por lo que realmente son: un ser humano hermoso creado a imagen de Dios, con virtudes y cualidades únicas.

Por supuesto, esto no significa que todas las acciones sean excusables, Dios no lo quiera.

Pero sí significa que, salvo raras excepciones, casi siempre se puede encontrar un lugar de comprensión y perdón.

Necesitamos empezar a mirar más allá de las acciones y ver en cambio la esencia de las personas.

Necesitamos preguntarnos: ¿qué puedo ver de bello en esta persona?

¿Qué puedo ver de puro en esta persona?

¿Qué puedo ver de divino en esta persona?

¿Cómo puedo comprender que lo que esta persona me hizo no refleja necesariamente quién es ella en realidad?

Sólo cuando exploremos y busquemos respuestas a estas preguntas habremos empezado verdaderamente a recorrer el camino del perdón.

Al acercarnos a Iom Kipur, un tiempo en el que buscamos el perdón de Dios, debemos recordar que la forma más segura de obtener ese perdón es perdonar sinceramente a los demás.

Si miramos más allá de sus deficiencias y faltas externas, enfocándonos en cambio en la belleza interior y las cualidades de nuestros hermanos y hermanas, Dios seguramente hará lo mismo con nosotros.

Que tengamos la sabiduría y el coraje de perdonar sinceramente, y que Dios nos perdone a nosotros a cambio.

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