¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Cómo se entiende el versículo que dice: "Bendeciré a quienes te bendigan, y a quien te maldiga lo maldeciré".
Dios le dice a Abraham: "Bendeciré a quienes te bendigan, y a quien te maldiga lo maldeciré; y por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3). Naturalmente, nos concentramos en la bendición. Abraham y sus descendientes están llamados a aportar algo al mundo: el monoteísmo ético, la Torá, el compromiso moral, una manera de santificar la vida cotidiana. Israel se convierte en un medio por el cual la bendición llega más allá del propio Israel.
A esa primera función la llamo "canal".
Pero el versículo contiene otra dinámica. Las naciones no se limitan a recibir algo a través de Abraham. Su respuesta a Abraham importa. La bendición y la maldición recaen, a su vez, sobre quienes lo bendicen o lo maldicen. Por lo tanto, Israel no es solo un "canal". También se convierte en un "criterio".
"Canal" y "criterio". Para mí, esas dos palabras se han convertido en una manera de interpretar el pacto con Abraham.
Un canal transporta algo de un lugar a otro. Esa parte de la vocación judía nos resulta familiar. "Por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra". La historia judía está impregnada de la convicción de que ser elegido no es un premio personal, sino una responsabilidad. Ese pueblo en particular tiene un horizonte universal. La bendición se transmite a través de Abraham, no queda encerrada en él.
Israel funciona como un espejo. La respuesta del mundo al pueblo del pacto pone al descubierto la postura del propio mundo.
Criterio significa algo distinto. Un criterio es una norma o un parámetro para juzgar. Génesis 12:3 establece consecuencias no solo para lo que hace Abraham, sino también para la manera en que los demás responden a él. El encuentro mismo se convierte en un diagnóstico moral. ¿Qué haces ante un pueblo que insiste en seguir siendo quien es? ¿Recibes su bendición y, al mismo tiempo, le permites conservar su singularidad? ¿Exiges que se diluya en tu civilización? ¿Lo envidias, lo caricaturizas, lo reduces a una abstracción espiritual o intentas destruirlo?
La Torá no presenta a Israel como el juez de las naciones. Quien juzga es Dios. Israel no está autorizado a convertir su condición de pueblo elegido en arrogancia. La idea es más sutil: la respuesta del mundo al pueblo del pacto pone al descubierto la postura del propio mundo. Israel funciona como un espejo que no crea el rostro que refleja.
Esto también me ayuda a comprender la extraña persistencia del antisemitismo. No quiero decir que toda crítica a los judíos o a Israel sea antisemita, ni que la conducta de los judíos sea irreprochable. Está claro que no lo es. Me refiero a algo más antiguo y más difícil de explicar: ¿por qué este pueblo tan pequeño se ha convertido tantas veces en una pantalla sobre la que las civilizaciones proyectan sus temores más profundos? Capitalistas y comunistas, cosmopolitas desarraigados y nacionalistas tribales, racialmente inferiores y secretamente todopoderosos: los judíos han sido acusados de pecados mutuamente contradictorios porque la acusación suele decirnos más sobre el acusador que sobre el acusado.
Esa es la función de criterio en su expresión más oscura. El judío se convierte en la superficie sobre la que una sociedad escribe lo que no soporta reconocer en sí misma.
Pero la idea también tiene un lado positivo. Bendecir a Abraham no consiste simplemente en halagar a los judíos. Consiste en reconocer que el mundo no necesita volverse uniforme para alcanzar la unidad. Las naciones pueden recibir una bendición a través de un pueblo particular sin necesidad de borrar aquello que lo distingue. En ese sentido, Génesis ofrece un universalismo que no exige homogeneización.
Vivir en Israel desde que hice aliá ha convertido esto, para mí, en algo más que una idea exegética. Especialmente desde el 7 de octubre, he visto cómo el Estado judío se ha convertido en un foco casi obsesivo de la atención mundial: amado, odiado, defendido, condenado, idealizado, demonizado, a veces en una misma hora. Más allá de lo que cada uno piense sobre determinadas políticas, la intensidad en sí misma es notable. Israel representa una fracción ínfima de la humanidad y, sin embargo, una y otra vez se convierte en una prueba moral a través de la cual las personas revelan lo que creen sobre el poder, la vulnerabilidad, la identidad nacional, la religión, la defensa propia, la condición de pueblo elegido y el derecho de un pueblo a conservar su singularidad.
Eso no demuestra que toda persona que apoya a Israel sea bendecida ni que toda persona que se opone a una política israelí sea maldecida. Las Escrituras no deben reducirse a una prueba de lealtad política. La afirmación de fondo se refiere al pacto: los descendientes de Abraham tienen una vocación hacia las naciones, y el encuentro de las naciones con esa vocación no solo es revelador, sino que también tiene consecuencias en el marco del pacto.
Por eso creo que "canal y criterio" ofrece una útil clave de lectura en dos partes para Génesis 12:3. Israel es un "canal" porque la bendición está destinada a fluir a través del pueblo elegido, no a detenerse en él. Israel es un "criterio" porque la respuesta a esa tenaz singularidad revela si el observador puede dar cabida a un pueblo diferenciado por su pacto sin necesidad de conquistarlo, absorberlo o borrarlo.
El pueblo judío se mantiene aparte y, al mismo tiempo, está al servicio del mundo. Esa paradoja comienza con Abraham. Quizás Génesis 12:3 nos ha estado diciendo desde el principio que la bendición y la prueba son un mismo encuentro.
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