Janucá y el milagro de recuperarse de las adicciones

18/12/2025

5 min de lectura

La adicción es una lucha diaria cuesta arriba, donde tienen lugar milagros modernos a lo largo del proceso de recuperación.

Así como el pueblo judío conmemora la victoria milagrosa del ejército macabeo, poco armado, nosotros, como terapeutas, somos muy conscientes de otra lucha diaria: la recuperación de la adicción, y de los milagros modernos que se descubren a lo largo del proceso.

Aquí presentamos tres lecciones que hemos aprendido al trabajar con personas en recuperación de adicciones y que han ayudado a inspirar una experiencia más profunda de Janucá:

1. No estamos solos en nuestras batallas

Quienes están en recuperación, como los macabeos, a menudo sienten que enfrentan una batalla temible: “El progreso en la recuperación es un viaje continuo cuesta arriba” (Narcóticos Anónimos).

Como lo demuestra la sorprendentemente alta tasa de recaídas, las probabilidades están en contra de estos “soldados” que enfrentan un “ejército” grande, feroz y bien armado. Traumas no procesados y/o problemas de salud mental, circunstancias de vida difíciles, profunda soledad y desesperanza, el brutal ciclo físico de la adicción y el deseo intenso, y la lista continúa.

De acuerdo con las leyes naturales, el pequeño grupo de macabeos no debería haber derrotado al ejército enemigo. Sin embargo, su feroz voluntad y dedicación, junto con la ayuda Divina, los llevaron a la victoria frente a una enorme oposición. Como se expresa en la plegaria central de Janucá, Al Hanisim: “[Dios], con Tu abundante misericordia, estuviste con ellos en su tiempo de angustia. Tú luchaste sus batallas, defendiste sus derechos y vengaste el daño que se les hizo. Entregaste a los poderosos en manos de los débiles, a muchos en manos de pocos”.

El papel central de la asistencia Divina y la esperanza que enciende este apoyo es bien conocido por quienes luchan en la recuperación. En las poderosas palabras de la literatura de los 12 pasos:

“A veces, cuando oramos, sucede algo notable: encontramos los medios, caminos y energías para realizar tareas mucho más allá de nuestras capacidades... El hecho central de nuestras vidas hoy es la absoluta certeza de que nuestro Creador ha entrado en nuestros corazones y vidas de una manera verdaderamente milagrosa. Él ha comenzado a realizar aquellas cosas que nunca podríamos hacer por nosotros mismos”.

Reconocer la necesidad de recurrir y depender de “algo más grande que nosotros mismos” se ve como la base del poder y la motivación. Cuando alguien que lucha contra la adicción internaliza el mensaje de que hay alguien de su lado luchando esta batalla con él, también puede avanzar en la lucha. “Admitimos que no podíamos vencer al alcohol con nuestros propios recursos restantes, y aceptamos además que la dependencia de un Poder Superior podía realizar esta tarea imposible”.

A través de las luces de la menorá, quienes enfrentan, aman o tratan a personas con problemas de adicción pueden recordar que, a pesar de la oscuridad y la fuerza de la batalla, hay esperanza, pues este es un camino que no se lucha solo.

2. Es en la oscuridad donde la luz adquiere significado

La menorá se enciende de noche, cuando desciende la oscuridad. Es en la oscuridad donde la luz cumple su función y adquiere sentido.

El Rebe de Lubavitch alentó a Netanyahu antes de enfrentar un difícil desafío político con palabras que él aún recuerda: “Recuerda que en un salón de perfecta oscuridad, si enciendes una pequeña vela, su preciosa luz se verá desde lejos, por todos”.

Al trabajar con personas en recuperación de adicciones, experimentamos continuamente el impacto que puede generar una sola chispa de luz en medio de la oscuridad. Alex* llegó a un centro de tratamiento tras luchar contra la adicción y la depresión. Al estar sentado en un grupo con otros pacientes judíos, compartió con lágrimas en los ojos:

“Desde mi bar mitzvá no había pensado mucho en lo que el judaísmo significa para mí. Ahora siento que estoy buscando algo, pero no estoy seguro qué es. Cuando vi que había aquí otros judíos, entendí que esa conexión es algo que me había estado faltando. Anoche, por primera vez en años, recité el Shemá y sentí que se encendió algo profundo dentro de mí. Como esa parte de mí que había estado cubierta”.

Esta pequeña chispa de judaísmo despertó el pintele id (chispa judía), cuya luz no se había apagado, a pesar de haber estado oculta. La pequeña botella de aceite sellada e intacta, esa conexión profunda que es pura y auténtica, está ahí si tan solo la buscamos.

La adicción es a menudo un período profundamente oscuro, lleno de soledad y desesperanza. Sin embargo, es precisamente esta oscuridad la que frecuentemente se convierte en un poderoso motor para el crecimiento espiritual, emocional y psicológico. Por ello, quienes luchan por la recuperación sostenida llevan consigo una luz tan hermosa, palpable y contagiosa para quienes los rodean.

3. Un ciclo continuo comienza con el primer paso

Una costumbre especialmente significativa es que, en lugar de encender las ocho velas al mismo tiempo, se encienden en orden ascendente. En la primera noche, se enciende solo una llama. En la segunda, se añade otra. Para la octava noche de Janucá, se encienden las ocho velas.

El milagro de Janucá es testimonio del impulso positivo que se puede generar al dar un solo paso hacia adelante.

La fe y la esperanza del pueblo judío, a pesar de la oscuridad que los rodeaba, fue quizás el mayor milagro de todos.

La fe y la esperanza del pueblo judío, a pesar de la oscuridad que los rodeaba, fue quizás el mayor milagro de todos. Incluso frente a la amenaza inminente, y aunque la derrota parecía inevitable, el ejército macabeo actuó según su esperanza y fe.

La recuperación implica dar el primer paso. En el lenguaje del programa de 12 pasos, es la disposición inicial a “entregar nuestra voluntad”. O, de manera similar, la primera decisión de ingresar a un tratamiento. Tomar la decisión de encender esa chispa de luz, de esperanza para el cambio y un paso hacia la sanación, puede desencadenar un ciclo continuo.

Alguien atrapado en la desesperación más profunda por la adicción a menudo ya no cree que hay esperanza para cualquier progreso, y mucho menos para superar la batalla. Una vez que se enciende una pequeña chispa de esperanza, una chispa de fe en que soy digno de amor y aceptación, que hay un Ser y un grupo de personas a quienes puedo recurrir en busca de apoyo, se crea espacio para que penetre una luz cada vez más profunda. Cuando llega esa primera creencia y deja entrar aunque sea la luz más pequeña, ella enciende la disposición, y la disposición genera apertura al cambio y a la transformación. El proceso de recuperación no comienza con un gran salto, sino dando un primer paso.

Una vez que se genera este impulso, los ciclos de oscuridad no solo pueden disiparse, sino transformarse y transmutar en un significado más profundo, propósito y sabiduría. Este es el “regalo de la desesperación” del que se habla a menudo en la recuperación. Muchas veces, las personas no pueden mejorar verdaderamente hasta que caen en una oscuridad tan profunda que ya no les queda otra opción más que salir y buscar la luz. Literalmente, se ven forzadas a crecer. Por ello, con frecuencia personas grandiosas tienen un pasado complicado. Como dijo Victor Frankl: “Todo lo que da luz debe arder”.

En Janucá, inspirémonos en los “macabeos” cotidianos que luchan valientemente en la batalla de la recuperación, y recordemos que en nuestras propias luchas poseemos una fuerza inimaginable cuando comprendemos que no estamos solos. Y que, a menudo, es a través de la oscuridad que puede encontrarse nuestra luz inextinguible.


*El nombre ha sido cambiado

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