Jerusalem, de la desolación bíblica a más de 1 millón de habitantes

14/05/2026

7 min de lectura

Durante siglos, Jerusalem fue prácticamente una ciudad fantasma. Hoy es una ciudad de 1 millón de habitantes y uno de los destinos turísticos de más rápido crecimiento en el mundo. ¿Cómo ocurrió esto?

“¿Qué puedo decirte sobre la Tierra? Está muy abandonada y desolada… Cuanto más sagrado es el lugar, mayor es su desolación. Jerusalem es la más desolada de todas…”

Así escribió Rabí Moshé ben Najmán (Rambán o Najmánides), una de las figuras rabínicas más importantes de la Edad Media, en una carta a su hijo en 1267. Ya era un hombre anciano cuando llegó a la Tierra de Israel tras huir de la persecución en España. La Jerusalem que encontró había sido devastada por las sucesivas conquistas de cruzados, mongoles y mamelucos.

Un cronista muy diferente llegó a la ciudad alrededor de 1491. Martin Kabátník, miembro de la secta cristiana bohemia conocida como la Unidad de los Hermanos, escribió en Viaje a Jerusalem:

“Hay pocos cristianos, pero muchos judíos, y los musulmanes los persiguen de diversas maneras. Cristianos y judíos recorren Jerusalem vestidos como mendigos errantes. Los musulmanes saben que los judíos creen e incluso dicen que esta es la Tierra Santa prometida a ellos, y que los judíos que viven allí son considerados santos por otros judíos, porque a pesar de todos los sufrimientos infligidos por los musulmanes, se niegan a abandonar el lugar”.

Casi 115 años después, fue publicada en Londres una obra muy influyente titulada A Relation of a Journey begun An. Dom. 1610, de George Sandys. El libro describe a Jerusalem como “sepultada en sus propias ruinas…”.

El orientalista, profesor y teólogo holandés Adrian Reland escribió en su obra de dos volúmenes Palaestina ex monumentis veteribus illustrata (1714) que Jerusalem, a comienzos del siglo XVIII, tenía alrededor de 5.000 habitantes. La mayoría, señaló, eran judíos.

Una descripción más detallada y estremecedora fue ofrecida menos de 100 años después por el famoso escritor y diplomático francés François-René de Chateaubriand en Itinéraire de Paris à Jérusalem et de Jérusalem à Paris (1811). Describiendo a los judíos de Jerusalem alrededor de 1806, escribió:

“Hay que ver a este pueblo en Jerusalem; hay que ver a estos legítimos dueños de Judea viviendo como esclavos y extranjeros en su propia herencia; hay que verlos esperando, bajo toda forma de opresión, a un rey que habrá de liberarlos… Aplastados por la Cruz y la Media Luna, siguen vagando, buscando su patria y encontrando solo una tumba”.

Otro autor conocido posteriormente por razones muy distintas, Karl Marx, publicó un artículo en el New-York Daily Tribune el 15 de abril de 1854 describiendo la Jerusalem de aquella época. Señaló que la ciudad tenía unos 15.500 habitantes, de los cuales 8.000 eran judíos.

“Los musulmanes”, escribió Marx, “que constituyen aproximadamente una cuarta parte del total, y están compuestos por turcos, árabes y moros, son, por supuesto, los amos en todos los aspectos, ya que no se ven afectados de ninguna manera por la debilidad de su gobierno en Constantinopla. Nada iguala la miseria y los sufrimientos de los judíos en Jerusalem, que habitan el barrio más inmundo de la ciudad, llamado hareth-el-yahoud, el barrio de la suciedad [sic], entre Sión y Moriá, donde sus sinagogas son objeto constante de la opresión e intolerancia musulmana, insultados por los griegos, perseguidos por los latinos y sobreviviendo únicamente gracias a las escasas limosnas enviadas por sus hermanos europeos”.

Otro escritor famoso, Herman Melville (autor de Moby-Dick) visitó Jerusalem alrededor de 1857. En un diario privado describió la ciudad como una “colección de canteras abandonadas”. Según él: “Ningún país enferma tan rápidamente la imaginación como Judea… Jerusalem es una ciudad de piedras”.

Poco más de una década después, Mark Twain escribió en The Innocents Abroad (Inocentes en el extranjero, 1869), que “Jerusalem es triste, lúgubre y sin vida. Yo no desearía vivir aquí”.

Jeremías lamentó la destrucción de Jerusalem y también ofreció una visión esperanzadora del futuro de la ciudad.

Repitiendo la impresión expresada unos 630 años antes por el Rambán, el novelista y oficial naval francés Pierre Loti escribió en 1894: “Jerusalem, la ciudad de la tristeza… He visto la desolación de muchas ruinas en el mundo, pero ninguna tan pesada como esta. Es una ciudad que ha muerto por su propia santidad.”

“Si te olvidara, oh Jerusalem”

El profeta Jeremías (Irmiahu), que vivió entre 627 y 587 AEC, vio y lamentó la destrucción de Jerusalem en su tiempo. Él describió “las ciudades de Judá y las calles de Jerusalem” como “desoladas, sin habitantes, ni humanos ni animales…” (Jeremías 33:10-11).

Sin embargo, en ese mismo pasaje también ofreció una visión luminosa del futuro de la ciudad: “Volverán a escucharse voces de alegría y regocijo, la voz del novio y la voz de la novia, las voces de quienes cantan mientras traen ofrendas de agradecimiento a la Casa de Hashem: ‘Den gracias al Dios de los Ejércitos, porque Hashem es bueno y Su misericordia perdura para siempre’. Porque restauraré la prosperidad de la tierra como al principio, dice Hashem”.

La visión tardó siglos en comenzar a concretarse, pero empezó a tomar forma en 1949. Poco después de la Guerra de Independencia de Israel, el primer ministro David Ben-Gurión rechazó los esfuerzos de las Naciones Unidas para internacionalizar la ciudad y declaró que Jerusalem era “una parte inseparable del estado de Israel y su capital eterna”.

Sin embargo, durante los siguientes 19 años la ciudad permaneció dividida entre el estado judío y el reino hachemita de Jordania.

Entonces, el 5 de junio de 1967, el primer ministro israelí Levi Eshkol envió un mensaje urgente al rey Hussein diciendo: “No emprenderemos ninguna acción contra Jordania, a menos que Jordania nos ataque”. El rey ignoró la advertencia y se unió a los estados árabes vecinos en su intento de destruir Israel.

El 6 de junio (27 de iar en el calendario judío) el primer gobierno de unidad nacional israelí desde 1948 celebró su primera reunión del Comité Ministerial de Seguridad. En la agenda estaban la respuesta a Jordania y la liberación de Jerusalem. Ese mismo día, de acuerdo con la decisión tomada, las Fuerzas de Defensa de Israel rodearon la Ciudad Vieja.

La festividad moderna de Iom Ierushalaim (Día de Jerusalem) se celebra un día después (este año comienza la noche del jueves 14 de mayo) y conmemora la liberación total de la ciudad del control jordano durante la Guerra de los Seis Días.

Pero nada de esto habría ocurrido si Jordania hubiera optado por la paz, o incluso si hubiera dudado unos pocos días. El resto, como suele decirse, es historia.

Un centro de vida, estudio y amor

Desde 1967, la capital unificada de Israel ha más que triplicado su población hasta convertirse en la ciudad más grande del país. En 2024, Jerusalem se convirtió en la primera ciudad israelí en superar el millón de habitantes (1.046.300 en mayo del 2025).

Parte de ese crecimiento se debe a los nuevos inmigrantes (olim). Jerusalem es el principal destino para ellos, con unas 3.000 personas mudándose a la ciudad cada año. Según Pini Glinkevitch, director de la Autoridad de Inmigración y Absorción de la ciudad, el grupo más numeroso proviene de Sudamérica, seguido por el Reino Unido y Estados Unidos.

El mundo del estudio de la Torá y de la academia también florece en la capital.

Hay más de 500 ieshivot y kolelim (centros de estudios avanzados para hombres casados) dentro de los límites municipales de Jerusalem. Como comparación, antes de la Segunda Guerra Mundial había aproximadamente 200 grandes ieshivot en toda Europa Oriental. La más grande entonces era la Ieshivá Mir de Bielorrusia, con unos 500 estudiantes. La Ieshivá Mir restablecida en Jerusalem cuenta hoy con alrededor de 9.000 estudiantes.

La Universidad Hebrea de Jerusalem es reconocida como una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo, superando en algunos campos a Harvard y Oxford en rankings internacionales. Solo esta universidad ha producido 10 premios Nobel, un ganador de la Medalla Fields y dos ganadores del Premio Turing, y su empresa de transferencia tecnológica, Yissum, ocupa el puesto número 15 del mundo, con más de 10.000 patentes registradas.

No sorprende que el informe Startup Genome haya clasificado consistentemente a Jerusalem (junto con Tel Aviv) entre los centros tecnológicos más vibrantes del mundo en los últimos años.

En turismo, Jerusalem ya no es “triste, lúgubre y sin vida”, como escribió Mark Twain. En el 2019, la firma británica Euromonitor International declaró a Jerusalem como “el destino turístico de más rápido crecimiento del mundo” entre las 600 ciudades evaluadas y “uno de los principales destinos turísticos del mundo”.

En el ámbito cultural, Jerusalem alberga instituciones de clase mundial como el Museo de Israel (que contiene los Manuscritos del Mar Muerto y una increíble colección de arte y arqueología), Yad Vashem, el Museo de las Tierras Bíblicas, el Museo Torre de David y la Academia Bezalel de Artes y Diseño (una de las escuelas de arte más prestigiosas del mundo). Además, eventos específicos como el Festival de Luces de Jerusalem y el prestigioso Foro Internacional del Libro atraen regularmente a decenas e incluso cientos de miles de visitantes de todo el mundo.

En el 2023, la revista Time incluyó a Jerusalem en su lista de los 50 “Mejores Lugares del Mundo”. Basado en las nominaciones de la red internacional de corresponsales y colaboradores de la revista, la ciudad fue destacada especialmente por su escena culinaria y su ambiente de "lo moderno se encuentra con lo antiguo".

Y para unir todos los puntos, señalemos que “la voz del novio y la novia” se escucha en unas 19.000 bodas cada año solo en Jerusalem.

No solo para los judíos

A pesar de todas las afirmaciones difamatorias en sentido contrario, el control israelí sobre Jerusalem también ha beneficiado a sus residentes no judíos.

Entre 1910 y 1946, la población no judía de Jerusalem pasó de 24.900 a 65.100 habitantes. Eso representa un crecimiento neto total de 40.200 en 35 años, o un 161 por ciento. Nada mal para una ciudad bajo ocupación colonial británica.

Luego, en 1948, Jerusalem quedó bajo ocupación jordana y el crecimiento de la población no judía descendió prácticamente a cero. Y, por supuesto, no hubo ningún crecimiento de la población judía, ya que no quedaron judíos tras la exhaustiva limpieza étnica de la ciudad por parte de Jordania.

Cuando Jerusalem pasó a estar bajo exclusiva soberanía israelí en 1967, la situación cambió drásticamente. Entre 1967 y 2025, la población no judía de Jerusalem creció de 68.600 personas a aproximadamente 400.000 (alrededor del 40% de la ciudad).

“El próximo año en Jerusalem” es ahora

El pueblo judío ha dicho “El próximo año en Jerusalem” al final de cada Séder de Pésaj, ha roto una copa para recordar Jerusalem en cada boda, ha mencionado Jerusalem en cada comida y se ha orientado hacia Jerusalem en cada plegaria durante casi 2.000 años, sin importar dónde viviera en la diáspora. Fue esa memoria viva la que ayudó a convertir en realidad la visión de Jeremías y a hacer de la renacida capital del estado judío una bendición para sus habitantes y para el mundo.

¡Feliz Día de Jerusalem!

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