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Johan van Hulst arriesgó su vida para salvar niños judíos

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01/05/2019 | por Yvette Alt Miller

Johan van Hulst y sus aliados rescataron a 600 niños judíos. Durante el resto de su vida su mayor lamento fue no haber salvado más.

En 1943, Johan van Hulst, quien falleció en el año 2018 a los 107 años, fue designado el nuevo director de un colegio de formación docente en Ámsterdam. Durante la guerra tenía en su hogar dos niños pequeños, por lo que hubiera sido sencillo cerrar los ojos ante la ocupación nazi de su ciudad y no interferir con sus políticas.

Pero el señor van Hulst no era esa clase de persona.

Él era un ávido jugador de ajedrez. Cuando su club de ajedrez expulsó a los miembros judíos, él ayudó a organizar campeonatos de ajedrez y encuentros secretos en los que jugaban cristianos y judíos. Él era un educador comprometido y se esforzó por mantener abierta su escuela incluso cuando por alejarse de la ideología nazi dejó de recibir fondos del gobierno. Cuando comprendió que los nazis estaban deportando y asesinando a los judíos holandeses, se negó a permanecer inactivo. En cambio, el señor van Hulst creó una gran red secreta que llevaba a los niños a sitios seguros. El señor van Hulst y sus aliados rescataron 600 niños y bebés judíos. Durante el resto de su vida dijo que lo que más lamentaba era no haber salvado más niños.

En 1941, poco después de ocupar Ámsterdam, las autoridades alemanas expropiaron el Hollandsche Schouwburg, un histórico y antiguo teatro en el boulevard Plantage Middenlaan. Allí comenzaron a llevar prisioneros a los judíos del país. Entre 25.000 y 30.000 judíos holandeses lograron ocultarse, y aproximadamente dos tercios de ellos sobrevivieron la guerra. 107.000 judíos holandeses fueron deportados a los campos de concentración, principalmente a Auschwitz y Sobibor, donde la gran mayoría fueron asesinados. Al terminar la guerra, sólo habían sobrevivido 5.200. De esos 107.000 judíos que fueron deportados a los campos de exterminio, casi todos pasaron por el teatro en el número 24 de Plantage Middenlaan.

En esa prisión improvisada, los nazis separaron a los niños judíos de sus padres y establecieron una macabra sección de guardería en la que permanecían los niños y los bebés hasta que eran deportados y asesinados. El área de los niños tenía un jardín, que estaba separado del jardín de los vecinos sólo por una cerca baja. El jardín al otro lado de la cerca pertenecía al colegio de formación docente de Johan van Hulst.

Rápidamente Johan van Hulst ideó un plan audaz. Los trabajadores pasaban a escondidas a los bebés y a los niños por encima de la cerca a la seguridad de la escuela. El señor van Hulst estableció una red de colaboradores. Del lado de la prisión, cinco prisioneros judíos, Walter Suskind, Betty Ourdek, Harry y Sienei Cohen y Henriette Piemantal, tenían la tarea de cuidar a los niños. Dentro del colegio de formación docente, la mayor parte del equipo de educadores y algunos estudiantes conocían las actividades de rescate. El anciano conserje de la escuela, un héroe llamado van Wijngaarden, estaba particularmente involucrado y ayudaba en el rescate y la ubicación de los niños judíos.

Una vez que los niños estaban en la escuela, el señor van Hulst dedicó varias habitaciones para albergarlos, luego entró en contacto con miembros de la resistencia holandesa para que lo ayudaran a sacar a los niños de Ámsterdam hacia lugares más seguros. Los trabajadores de la resistencia llevaban a los niños a casas seguras, sacándolos en canastos de lavandería o viajando en bicicleta con los niños, actuando como si fueran sus propios hijos.

En el verano de 1943, casi toda la operación de rescate se detuvo cuando un ministro oficial de educación llegó a inspeccionar el colegio de formación docente y vio a los niños que estaban allí escondidos. El inspector le preguntó a Johan van Hulst si los niños eran judíos. Hubo un largo silencio. Finalmente, Johan van Hulst le dijo: “En verdad no espera que responda a esa pregunta, ¿verdad?”. En vez de alertar a las autoridades, el inspector sólo le advirtió: “En nombre de Dios, tenga cuidado”, y dejó la operación intacta.

A finales de setiembre de 1943 hubo rumores respecto a que iban a cerrar la sección infantil de la prisión; todos los bebés que quedaban serían deportados. El prisionero judío a cargo de esos niños, Virrie Cohen, se puso en contacto con Johan van Hulst con una última súplica de ayuda. Johan van Hulst recuerda que él le dijo: “la guardería está repleta”. Por favor venga y llévese a algunos niños a la escuela por el momento, quizás hoy los vengan a buscar”.

Lo que ocurrió a continuación obsesionó a Johan van Hulst durante el resto de su vida.

Me llevé 12 niños. Después me pregunté a mi mismo: “¿Por qué no 13?”

En el teatro había cantidades de niños prisioneros, todos enfrentando una muerte segura. Johan van Hulst entendió que si se llevaba demasiados despertaría sospechas y todos los niños estarían en peligro. “Trata de imaginar que hay 80, 90, quizás 70 o 100 niños y tú tienes que decidir cuáles niños te llevas… Ese fue el día más difícil de mi vida. Entiendes que no es posible llevarte a todos los niños. Sabes con certeza que los niños que dejes van a morir. Me llevé 12 niños. Después me pregunté a mi mismo: ‘¿Por qué no 13?’”.

Museo Nacional del Holocausto en Holanda

Tras el cierre de la improvisada prisión y la deportación de los trabajadores judíos que lo habían ayudado a pasar a los niños a un sitio seguro, Johan van Hulst siguió trabajando con la resistencia holandesa. Al final de la guerra se vio obligado a ocultarse porque los nazis emitieron una orden para su arresto. Después de la guerra, el señor van Hulst entró a la política y durante 25 años fue senador y miembro del Parlamento Europeo desde 1961 hasta 1968.

El colegio que él dirigió y donde ocultó a los niños judíos ahora es el Museo Nacional del Holocausto de Holanda. En 1972 Johan van Hulst recibió el título de Justo de las Naciones en Yad Vashem. En el año 2015, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu le agradeció por su heroísmo y humanidad. Netanyahu le dijo: “Nosotros decimos que quien salva una vida, salva un universo. Usted salvó cientos de universos. Quiero agradecerle en nombre del pueblo judío, pero también en nombre de la humanidad”.




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