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John Galliano, ¡Escúchame!

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07/11/2014 | por Slovie Jungreis-Wolff

Un mensaje al diseñador que fue despedido por sus insultos antisemitas y que acaba de perder su demanda acusando un despido injustificado.

En marzo del 2011, John Galliano, el extravagante diseñador de Dior, fue filmado lanzando horribles insultos antisemitas a los clientes de un bar en el histórico barrio judío de París. Consecuentemente, la firma de alta costura lo despidió por sus insultos antisemitas.

En septiembre del 2011, Galliano fue encontrado culpable por decir insultos antisemitas en público en dos ocasiones distintas, lo cual es una ofensa bajo la ley francesa. La corte aceptó su argumento de que estaba fuera de control por el alcohol y las drogas, él se disculpó por su comportamiento y fue multado en lugar de ser condenado a seis meses de cárcel. Luego de dos años de silencio, Galliano habló con la revista Vanity Fair y dijo: “Es lo peor que he dicho en mi vida, pero no pienso realmente así. He estado tratando de descubrir por qué esa rabia fue dirigida contra esa raza. Ahora me doy cuenta que estaba tan *** enojado y descontento conmigo mismo que simplemente dije lo más malicioso que pude”.

Hasta su caída, el renombrado diseñador había trabajado con Dior por casi 15 años. Galliano demandó a Dior por haberlo despedido de forma injustificada, exigiendo una compensación de entre 3 y 16 millones de dólares, dependiendo de la decisión de la corte. Esta semana el diseñador británico perdió el juicio y fue sentenciado a pagar la suma simbólica de un euro tanto a Dior como a la marca John Galliano. Su abogado le recomendó que apele a la sentencia.

Mira el video de Galliano y verás a un hombre borracho riéndose mientras dice “Amo a Hitler”. También dice: “…gente como ustedes deberían estar muertos. Sus madres, sus antepasados, todos deberían haber sido metidos a las cámaras de gas”.

Nunca escuché la explicación del diseñador de “por qué esa rabia fue dirigida contra esa raza”, y la verdad es que no importa. Es verdad que mi padre, mi madre, mi abuelo y mi abuela deberían haber sido enviados a las cámaras de gas, pero gracias a la misericordia de Dios lograron de alguna manera sobrevivir el valle de la muerte. Mientras la densa nube de humo del crematorio ennegrecía el cielo y el hedor de la muerte colmaba el aire, mis padres y abuelos salieron victoriosos. Sobrevivieron. Y yo nací de las cenizas del Holocausto.

John Galliano, hay demasiadas personas en el mundo que concuerdan con tus insultos y viven con odio en sus corazones. Escupen veneno y gritan que deberíamos volver a los hornos crematorios. Planean ataques terroristas y asesinan inocentes. Prometen ahogarnos en el mar.

Marcharon rumbo a la muerte con el Shemá en sus labios. Hoy, nosotros decimos el Shemá por ellos.

A todos ustedes les digo: ¡Escuchen mi voz! Escúchenme a mí, a mis hermanos y a mis hermanas. Hablamos por quienes no pueden. Lloramos por nuestros primos, tías y tíos, por los hermosos bebés que sostenían nuestras abuelas y abuelos. Ellos marcharon rumbo a la muerte con el Shemá en sus labios. Hoy, nosotros decimos el Shemá por ellos. Portamos sus nombres y vivimos para que su memoria no sea jamás olvidada. No nos quedaremos silentes. Su sangre grita desde la tierra

Nuestro Templo fue destruido. Fuimos expulsados de nuestra tierra, exiliados por 2.000 años. Hemos sufrido pogromos, cruzadas, inquisiciones, persecuciones y holocaustos. Caminamos como el muerto viviente, desolados, habiendo visto a los hombres descender al abismo del mal. Pero nos fue otorgada la vida una vez más y aquí estamos. Am Israel Jai, ‘la nación judía vive’. La esperanza late en nuestros corazones; se ha encendido nuevamente la chispa en nuestra alma.

Cuando nació mi hijo, mi padre compartió conmigo la historia del hijo de su hermano, Akiva. Él había sido tomado prisionero justo antes de su Bar Mitzvá. Mi padre nunca lo volvió a ver. Perdió no sólo a su dulce sobrino, sino que también a sus padres, abuelos, hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos y primos. Todo un mundo ardió en llamas. Llamamos a nuestro hijo Akiva y le agregamos el nombre Jaim, ‘por la vida’.

El día del Bar Mitzvá de mi hijo, él se paró frente a un salón lleno de familiares y amigos y habló sobre el primo con quien compartía su nombre, Akiva, el joven a quien nunca había conocido pero cuya presencia nos ha acompañado desde el cielo desde el día en que mi hijo vino al mundo.

“Dedico mi Bar Mitzvá a la memoria de mi primo, Akiva Halevi Jungreis, quien murió al kidush hashem, ‘santificando el nombre de Dios’. Y a los miles de jóvenes en edad de Bar Mitzvá cuyas voces de Torá fueron cercenadas en su infancia”. Mi hijo concluyó: “Ellos eran más raudos que un águila y más fuertes que un león para cumplir con la voluntad de su Creador”.

Nuestros hijos e hijas mantienen viva la vitalidad del judaísmo y del pueblo judío. Estudian nuestra sagrada Torá, encienden las velas de la Menorá, cantan las canciones de Shabat y llenan los salones de estudio con los sonidos del Alef-Bet. Hemos emergido de un mundo que estaba destrozado tanto en cuerpo como en espíritu, y se nos ha dado el privilegio de reconstruir. Cada niño judío que nace es nuestra manera de decirle a los John Galliano de nuestro mundo que nos aferramos a nuestra fe. Es una fe en la promesa de Dios de que a pesar de la oscuridad, nunca seremos abandonados. Escuchen nuestra voz, ¡alto y fuerte!




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