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Juzgar para bien vs. ingenuidad

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Shoftim (Deuteronomio 16:18-21:9 )

por Rav Yehonatan Gefen

Perspectivas de la Torá prácticas para la vida.

La Torá nos dice: “Serás íntegro con el Señor, tu Dios” (1). Rashi explica que una persona debería aceptar todo lo que le ocurra en la vida sin tratar de discernir el futuro, sino aceptar todo con amor e ingenuidad. El Jafetz Jaim hace una inferencia del versículo, diciendo que uno debería actuar con ingenuidad con Dios, pero no con otras personas. En el trato con los demás uno debería utilizar sabiduría y perspicacia, sin dejarse engañar por personas no confiables. El ejemplo que trae es el de Yaakov, quien era llamado ish tam ‘hombre ingenuo’ y, sin embargo, actuó con gran astucia en su relación con Labán, su suegro.

En una ocasión, muchos estudiantes de Torá se quejaron ante el Jafetz Jaim por la forma en que comerciantes deshonestos los habían engañados en una suma importante de dinero. El Jafetz Jaim les dijo este versículo y notó que, porque habían pasado mucho tiempo en una Ieshivá, se habían acostumbrado a la ingenuidad con Dios. Sin embargo, su error fue que creyeron que también podían ser ingenuos con las personas (2).

Esta enseñanza del Jafetz Jaim parece muy lógica, pero, de todos modos, debe ser reconciliada con la mitzvá de betzédek tishpot et amiteja, ‘juzgar a tu prójimo para bien’, incluso cuando alguien actúa aparentemente de manera equivocada. ¿Cómo se puede juzgar al prójimo para bien al mismo tiempo que se debe tener sospechas sobre su rectitud?

Podríamos responder, simplemente, que debemos juzgar a nuestro prójimo para bien, pero, al mismo tiempo, ser precavidos para evitar ser dañados en la eventualidad de que la persona no sea fiable (3).

Esta respuesta presenta dos problemas: primero, parece casi imposible adoptar una actitud tan contradictoria hacia la misma persona, ¿cómo podemos juzgar genuinamente para bien a nuestro prójimo, si lo tratamos con sospecha? (4). Segundo, es difícil creer que la Torá nos ordena dar el beneficio de la duda a quien presenta una razón genuina para desconfiar.

Para reconciliar estas ideas, debemos analizar con mayor profundidad la mitzvá de juzgar para bien. Hay muchas historias en que una persona pareció actuar de forma claramente equivocada cuando, en realidad, su comportamiento tenía una explicación rebuscada. Esas historias implican que la mitzvá de juzgar para bien requiere que siempre busquemos otorgar el beneficio de la duda, incluso cuando hacerlo pareciera desafiar la lógica. Pero en realidad, este no es un entendimiento fiel de la mitzvá.

Las primeras autoridades escriben que hay diferentes categorías de personas, sobre las cuales se aplican requisitos diferentes de ‘juzgar para bien’ (5). Está el tzadik (hombre recto), el beinoní (promedio), el rashá (malvado) y el einó makiró (desconocido).

El tzadik es quien rara vez comete un pecado. A esta persona, debemos juzgarla para bien incluso si sus acciones llevan claramente a una interpretación negativa.

El beinoní es quien, en general, evita el pecado, pero falla ocasionalmente. A esta persona, debemos juzgarla para bien en situaciones que podrían percibirse fácilmente como positivas o negativas, pero, si sus acciones parecen negativas, no se nos exige que lo juzguemos para bien (6).

El rashá peca regularmente y, como consecuencia, no debemos juzgarlo para bien incluso cuando sus acciones parecen positivas. De hecho, ¡Rabeinu Iona dice que deberíamos juzgarlo para mal! (7).

Al einó makiró, el desconocido, no tenemos obligación de juzgarlo ni para un lado ni para el otro (8).

La dificultad en estas definiciones es que no hay alusión a ellas en fuentes de Torá o rabínicas. La Torá no diferencia entre personas; simplemente nos dice que juzguemos a nuestro prójimo para bien, implicando que esto aplica igualmente a todo judío. ¿Dónde aprendieron las autoridades estas diferencias entre diferentes clases de personas?

Rav Itzjak Bérkovits explica que la mitzvá de juzgar para bien no obliga a ser irracional, juzgando todo acto de manera positiva, sino que nos dice que deberíamos juzgar a los demás de manera lógica, razonable y justa. Puede que una persona tenga una tendencia a juzgar a otros de manera dura, sin darles un juicio justo. La Torá nos dice que eso es equivocado. Sin embargo, no nos instruye juzgar a los demás de manera ilógica.

En base a este entendimiento, es clara la razón por la que las primeras autoridades dieron instrucciones diferentes para los distintos tipos de personas. Respecto al tzadik, incluso si hace algo que parece un pecado, es ilógico asumir que haya hecho algo mal. Por ejemplo, si vemos a una persona famosa por ser estricta en la kashrut de los alimentos, entrando a un restaurante no kósher, es lógico asumir que no está entrando para pedir alimentos no kósher. Más aún, si la vemos poniendo la comida en su boca, lo más razonable es decir que necesita comer para salvar su vida, por lo que, en esta ocasión, tiene permitido comer no kósher. En contraste, cuando un rashá, conocido como ladrón, por ejemplo, hace algo que parece contradecir su tendencia a robar, es igualmente lógico que haya una forma negativa de interpretar su comportamiento (9). La misma lógica aplica a las otras categorías: cuando es lógico juzgar a alguien para bien, la Torá nos obliga a hacerlo, mientras que, cuando no lo es, no hay una obligación de la Torá de juzgar para bien, llegando a haber ocasiones en que se debería juzgar al prójimo desfavorablemente.

Con este entendimiento, podemos reconciliar la mitzvá de juzgar para bien con la enseñanza del Jafetz Jaim, de que las personas no deben ser ingenuas. La mitzvá no nos dice que seamos ingenuos; por el contrario, nos instruye a ser realistas y nos dice que, en ocasiones, incluso debemos juzgar a personas para mal. Así, al negociar con personas, por ejemplo, betzédek tishpot nos enseña precisamente que no debemos ser ingenuos, sino que debemos juzgar a los demás con justicia y precisión.

Como se notó antes, es importante recordar que hacer esto no es fácil, ya que la tendencia natural de la persona puede ser juzgar para mal. Así, la Torá nos dice que eso es un error, y que debemos esforzarnos para ver a los demás bajo una luz positiva. 


Notas:

(1) Shoftim, 18:13.

(2) Jafetz Jaim Al HaTorá, p. 267.

(3) Esta idea se ve en las leyes de habla negativa, donde el Jafetz Jaim trata el caso en que se le dice a una persona que alguien está planeando dañarla. El Jafetz Jaim legisla que no está permitido creer el lashón hará, pero se tiene permitido tomar precauciones para evitar ser dañado.

(4) De hecho, el Jazón Ish afirmó que la legislación del Jafetz Jaim mencionada en la nota anterior es imposible de seguir en la práctica (oído de Rav Itzjak Bérkovits shlita).

(5) Ver Rambam, Perush Hamishnaiot en Pirkei Avot 1:6 y Rabeinu Iona, ibíd., Shaarei Teshuvá, Sháar Shelishí, Maamar 218.

(6) De todos modos, es alabable juzgar para bien también en ese caso.

(7) Perush Rabeinu Iona a Pirkei Avot, 1:6.

(8) Aunque, de nuevo, es alabable juzgar al extraño para bien.

(9) Por supuesto, uno debe reconocer que la persona puede rectificar su accionar y, si parece actuar honestamente con regularidad, dejará la categoría de rashá en esa área. Nosotros, sin embargo, hablamos de situaciones únicas en donde actúa de manera inconsistente con su comportamiento habitual. 




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