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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
En la parashá de esta semana encontramos el siguiente versículo:
“Si tu hermano empobrece y su mano flaquea contigo [una expresión que indica pobreza], deberás sostenerlo.” (Levítico 25:35)
Al leer este versículo surgen varias preguntas:
Podemos comenzar a responder estas preguntas examinando una idea interesante sobre la tzedaká (caridad). De acuerdo con el Arizal, dar tzedaká a una persona pobre no es solo una mitzvá, sino que de hecho forma el Nombre de Dios. La moneda en esencia es un punto, similar a la letra hebrea iud. Luego, quien da toma la moneda con los cinco dedos de su mano. La mano representa la letra hebrea cuyo valor numérico es cinco, hei. El dador extiende su mano para entregar la moneda, formando una línea recta con su brazo que se asemeja a la forma de la letra hebrea vav, tras lo cual la persona necesitada abre su mano (hei) para recibirla. De esta manera, el Nombre de Dios (iud, luego hei, luego vav, luego hei) queda formado en el orden correcto.
Podemos usar esta idea para explicar el versículo: “Se encuentran un rico y un pobre; Dios los hace a todos” (Proverbios 22:2). Aunque la interpretación literal es como la hemos mencionado, también podemos entenderlo, basándonos en la idea del Arizal, de la siguiente manera:
“Un rico y un pobre se encuentran; juntos hacen a Dios (osé kulam Hashem)”. [Es decir, el Nombre de Dios se forma en el versículo]. En otras palabras, el encuentro entre quien da y quien recibe tzedaká permite que ambas personas formen el Nombre de Dios.
Sin embargo, esto solo es cierto si quien da toma la iniciativa.
Si la persona necesitada tiene que pedir tzedaká antes de recibirla, entonces el Nombre de Dios se forma fuera de orden. En este caso desafortunado, el pobre abre su mano (hei) y extiende su brazo (vav), tras lo cual el dador extiende su mano (hei) y entrega la moneda (iud). Siguen siendo las letras del Nombre de Dios, pero en orden inverso (hei–vav–hei–iud).
Según el Tikunei Zóhar (10a), es propicio que las letras iud y vav precedan a las hei en el Nombre de Dios. (Cuando el Nombre está en orden, la iud viene antes de la primera hei, y la vav antes de la segunda hei). Este orden representa misericordia, vida y paz, porque el Nombre está correctamente dispuesto.
Cuando el Nombre de Dios está en orden, la vida fluye en orden. Pero cuando está fuera de orden (cuando las hei vienen antes que la iud y la vav), se manifiesta un escenario de juicio estricto, muerte y pobreza. El caos surge cuando el Nombre de Dios se forma incorrectamente. Como vimos antes, esto puede ocurrir cuando la persona necesitada debe iniciar la mitzvá de tzedaká, formando así el Nombre de Dios al revés (hei–vav–hei–iud).
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Según el Tiferet Shmuel, estas ideas nos ayudan a entender la respuesta a la primera pregunta. La frase “y su mano flaquea contigo” (umata iado imaj) no es redundante. Más bien, puede traducirse como “y su mano se mueve contigo”, es decir: ¡extiende tú primero la mano! La Torá nos está advirtiendo que, cuando una persona pobre extiende su mano, debería hacerlo siguiendo nuestra iniciativa. Somos nosotros (no los necesitados) quienes debemos iniciar la mitzvá de tzedaká.
Esto también responde a la segunda pregunta sobre la palabra “contigo”. Podemos entenderlas como una instrucción: “Asegúrate de que la mano del pobre esté junto a tu mano, no sola”. Si la mano del pobre está sola, significa que tuvo que extenderla primero, lo cual no es lo ideal. Pero si su mano está junto a la tuya, entonces indica que tú iniciaste el acto de dar.
El Midrash que mencionamos antes capta estos matices, y por eso conecta este versículo con el de los Salmos: “Dichoso el que considera (maskil) al pobre”. Ahora vemos por qué el versículo no llama dichoso simplemente a quien da al pobre. La palabra maskil proviene de sejel (inteligencia). Una persona que da tzedaká sin inteligencia, esperando a que le pidan, introduce en el mundo una energía de muerte y destrucción. En cambio, quien da con inteligencia (es decir, quien está dispuesto a extender su mano antes de que se le pida ayuda) crea el Nombre de Dios en el mundo, trayendo energía de vida y salud.
Esto también responde a la tercera pregunta: el Midrash entiende la intención del versículo de esta parashá, por eso lo conecta con el de los Salmos. Ambos se refieren a la misma situación.
¿Cómo podemos aprender a ser proactivos, a dar y no simplemente esperar que nos pidan ayuda? La clave es desarrollar amor por las mitzvot. Cuando cultivamos una actitud de alegría y amor hacia ellas, estamos atentos a cualquier oportunidad de cumplirlas. El Arizal, por ejemplo, atribuía toda su grandeza a la alegría con la que realizaba las mitzvot. Se cuenta que, una vez, al comprar las cuatro especies antes de Sucot, estaba tan entusiasmado que lanzó toda su billetera al vendedor diciéndole: “¡Toma lo que quieras!”
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Esta parashá nos da una pista sobre cómo desarrollar entusiasmo por las mitzvot. La parashá comienza describiendo las leyes agrícolas del año sabático (“shmitá”), en el que la tierra debe descansar cada siete años. Notamos un detalle aparentemente innecesario antes de presentar estas leyes. El versículo dice: “Dios habló a Moshé en el monte Sinaí, diciendo…” (Levítico 25:1).
Rashi plantea la pregunta obvia: ¿acaso no se dieron todas las leyes a Moshé en el monte Sinaí? ¿Por qué destacar específicamente las leyes de shmitá? Rashi responde que así como Dios enseñó a Moshé las leyes generales de la shmitá junto con todos sus detalles, así también enseñó los principios generales y los detalles de todas las mitzvot en el monte Sinaí.
Pero esto solo responde la mitad de la pregunta: ¿por qué fue la shmitá, en particular, la mitzvá elegida como ejemplo? Cualquier mitzvá podría haber enseñado esta idea. Podemos resolverlo si examinamos la naturaleza fundamental de la mitzvá de shmitá.
Las leyes de la shmitá son completamente contraintuitivas. Para agricultores que dependen de la cosecha anual, parecería que cumplir esta mitzvá necesariamente causaría una pérdida económica catastrófica. Sin embargo, Dios promete que no habrá pérdida por cumplir shmitá. Al contrario, asegura que su cumplimiento traerá ganancia y beneficio. Por eso la shmitá fue elegida como ejemplo: es la demostración definitiva de que no perdemos al cumplir mitzvot, incluso aquellas que esperaríamos que impliquen una pérdida económica importante.
Esto también nos enseña cómo relacionarnos con otras mitzvot que requieren gasto económico (comprar las cuatro especies de Sucot, abastecer la cocina para Pésaj, dar tzedaká). A partir de las leyes de shmitá aprendemos que nunca perdemos por cumplir una mitzvá. Con esta conciencia, podemos desarrollar una actitud de entusiasmo y alegría hacia las mitzvot, incluso aquellas que requieren esfuerzo económico.
Que seamos bendecidos con un amor tan grande por las mitzvot que busquemos activamente oportunidades para ayudar a otros. Y que, en mérito de ello, seamos bendecidos con solo ganancia en la vida.
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