La Colombia de Petro, cada vez más antisemita

06/07/2025

4 min de lectura

Una cumbre, que se celebrará entre el 14 y el 16 de julio en Bogotá, tiene como objetivo coordinar esfuerzos políticos y judiciales contra el Estado de Israel.

Cuando la Cancillería colombiana anunció la convocatoria a una conferencia internacional “para pasar del discurso a la acción” frente a lo que denominó “genocidio, apartheid y limpieza étnica en Gaza”, no sorprendió a nadie. Desde el 7 de octubre, el presidente Gustavo Petro ha venido trazando una agenda exterior profundamente crítica con Israel y, según muchos observadores, con claros tintes antisemitas. La cumbre, que se celebrará entre el 14 y el 16 de julio en Bogotá, reunirá al autodenominado “Grupo de La Haya”, compuesto por Colombia, Sudáfrica, Bolivia, Namibia, Honduras, Cuba, Senegal y Malasia. El objetivo: coordinar esfuerzos políticos y judiciales contra el Estado de Israel.

La noticia fue la confirmación de una tendencia que lleva ya meses en marcha, un viraje drástico en la política exterior de Colombia que ha roto con más de siete décadas de relaciones cálidas y mutuamente beneficiosas con el Estado judío. La ruptura no es solo diplomática; es simbólica y cultural. Y en el corazón de ese cambio está Gustavo Petro.

Desde los primeros días posteriores al ataque terrorista de Hamás del trágico 7 de octubre, que dejó más de 1200 civiles israelíes asesinados y que, casi dos años después, todavía mantienen a 50 secuestrados, Petro adoptó un tono inusualmente duro. Mientras la mayoría de líderes democráticos del mundo condenaban el ataque y expresaban su solidaridad con Israel, el presidente colombiano eligió otro camino: “Desde joven estudié el conflicto palestino-israelí y sé de la inmensa injusticia que sufre el pueblo palestino desde 1948”, escribió en su cuenta de X (antes Twitter). En lugar de condenar la masacre, compartió un documental sobre el conflicto, posicionándose abiertamente del lado palestino.

Dos días después, Petro dio un paso más allá. Comparó la situación en Gaza con los campos de concentración nazis. “Yo estuve en Auschwitz y ahora veo que lo copian en Gaza”, escribió, en un claro acto de banalización del Holocausto. Poco después, equiparó las acciones del gobierno israelí con las de la Alemania nazi: “Esto es lo que decían los nazis sobre los judíos. Los pueblos democráticos no pueden permitir que el nazismo se restablezca en la política internacional”. Estas comparaciones —repudiadas por organizaciones judías en todo el mundo como una forma de distorsión del Holocausto— constituyen una forma de antisemitismo según la definición de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto.

Pero las tensiones no quedaron en el plano retórico. En su momento, Petro anunció, con aire de satisfacción, la ruptura oficial de relaciones diplomáticas con Israel. Lo justificó declarando que Israel tenía “un presidente genocida”, en alusión a Benjamín Netanyahu. El gesto puso fin a una relación bilateral histórica, marcada por la cooperación en defensa, agricultura, tecnología y lucha contra el terrorismo.

Durante décadas, Colombia había buscado la experiencia israelí en materia de seguridad, mientras que Israel contribuía con innovación agrícola, formación militar y tecnología. En 2021, bajo el gobierno de Iván Duque, Colombia abrió una oficina comercial en Jerusalén, un gesto que fortaleció aún más los vínculos. Todo eso ha quedado atrás. Hoy, bajo el gobierno de Petro, Colombia ha cesado toda compra de armamento israelí y ha respaldado públicamente la acusación de genocidio presentada por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.

En febrero de 2025, Petro designó como vicecanciller a Mauricio Jaramillo Jassir, destacando públicamente su ascendencia palestina. Ni una palabra sobre su carrera diplomática o formación profesional. Jaramillo es hoy el encargado de coordinar la conferencia en Bogotá. En sus declaraciones recientes ha extendido la acusación de crímenes internacionales no solo a la Franja de Gaza, sino también a Judea y Samaria, superando incluso la narrativa oficial de la Autoridad Palestina.

En paralelo, el antisemitismo ha crecido visiblemente en Colombia. A los pocos días del ataque del 7 de octubre, dos encapuchados pintaron una esvástica en la fachada de la embajada israelí en Bogotá. Fue la primera de varias pintadas antisemitas que, desde entonces, han manchado edificios, redes sociales y espacios públicos. Frases como “sionismo = nazismo” comenzaron a circular con frecuencia preocupante.

Pero el deterioro no es solo externo. Petro ha dañado profundamente los lazos que durante más de medio siglo unieron al Estado colombiano con su comunidad judía local. “Lamentamos profundamente la decisión del presidente Gustavo Petro de romper relaciones con el Estado de Israel, un país amigo que se encuentra en una situación de guerra que nunca deseó”, escribió la Confederación de Comunidades Judías de Colombia en un comunicado público. Cuando salió la publicación, entre los secuestrados en manos de Hamas había un ciudadano colombiano. Pero a Petro poco le importó.

La comunidad judía en Colombia, estimada hoy en unas 5.500 personas, ha sido históricamente activa, integrada y pacífica. Su historia se remonta a finales del siglo XV, con la llegada de judíos sefardíes que huían de la Inquisición española. En el siglo XX, la comunidad se consolidó con olas migratorias desde Europa oriental y el mundo árabe. Muchos llegaron huyendo del nazismo, aunque encontraron barreras migratorias difíciles de superar. A pesar de eso, la comunidad logró prosperar en ciudades como Bogotá, Barranquilla y Medellín, estableciendo sinagogas, escuelas y centros culturales.

Colombia fue uno de los primeros países de América Latina en reconocer al Estado de Israel tras su fundación en 1948, y estableció relaciones diplomáticas plenas en 1957. Hoy, con la política exterior de Petro, ese legado está en peligro.

El caso colombiano no es aislado, pero resulta particularmente simbólico. En América Latina, donde la historia del antisemitismo ha sido más solapada que explícita, la retórica de Petro marca un punto de inflexión. No se trata simplemente de una toma de posición geopolítica, sino de un discurso que borra matices, alimenta hostilidades y revierte décadas de esfuerzos diplomáticos.

En el tablero internacional, Gustavo Petro ha optado por alinearse con regímenes como el cubano, el venezolano y el iraní, mientras se distancia de Estados Unidos, Europa e Israel. La conferencia de Bogotá será, probablemente, una tribuna más para consolidar esa nueva alianza. Pero también será una prueba: de hasta dónde puede llegar la diplomacia colombiana en su deriva ideológica, y de cómo responderán aquellos países —y ciudadanos— que durante décadas vieron en Colombia a un socio confiable, racional y amigo.

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Hadasa leah Elbaz
Hadasa leah Elbaz
10 meses hace

Ese señor hablando de genocidio!! Parece que ya no se acuerda de cuanta gente mató el 6 de Noviembre de 1985 en el palacio de justicia cuando era un bil guerrillero y que desaparecieron una cantidad de personas que nunca aparecieron y mantuvieron de reenes a más de 300 personas entre ellos magistrados, empleados y visitantes del palacio, ya no se acuerda ese señor y parece que a la gente también se le olvidó y por eso eligieron a este señor como presidente, que triste

Alex
Alex
10 meses hace

Lamentable esta situación, yo como colombiano rechazo rotundamente las malas decisiones de ese señor presidente respecto a la relación de los dos países quien no nos representa a la mayoría de ciudadanos colombianos sensatos y espero que pronto termine su gobierno y vuelvan a gozar de la buena relación diplomática que se ha tenido con el estado de Israel.

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