La conexión entre Sucot y Eclesiastés

09/10/2025

5 min de lectura

La estimulante respuesta del Rey Salomón a: "¿Qué estamos haciendo aquí en la tierra?"

Cada una de las festividades judías se caracteriza por un libro bíblico especial (meguilá). En Pésaj, leemos El Cantar de los Cantares. En Shavuot, leemos Rut. En Sucot, leemos Eclesiastés, conocido en hebreo como "Kohelet", el nombre con el que se llama a sí mismo Salomón en el libro.

Eclesiastés comienza diciendo: "Vanidad de vanidades, dice Kohelet, vanidad de vanidades; todo es vanidad." Luego enumera las muchas filosofías y estilos de vida que su autor, el Rey de Jerusalem, experimentó y concluyó que eran vanos y vacíos. Por esta razón, muchas personas ven a Kohelet como pesimista y sombrío.

Nada está más lejos de la verdad. Y esto se ilustra con el hecho de que los sabios nos instruyeron leerlo en Sucot, la festividad de nuestra mayor simjá, alegría. Lejos de ser un libro deprimente, Kohelet está ahí para aumentar la simjá. Está impregnado de un espíritu de alegría y optimismo, y le da a Sucot un sabor especial.

Para penetrar y descubrir el hermoso y estimulante mensaje bajo la compleja imagen y lenguaje de Kohelet, debemos analizar tres palabras clave: los equivalentes hebreos de "humano", "vanidad" y "sol", que se repiten a lo largo de toda la obra. Comprender estas palabras en profundidad nos dará la llave maestra para revelar el verdadero mensaje de este libro a menudo malinterpretado.(1)

Adam

La primera palabra es adam, "hombre", es decir, ser humano. En la Torá se nos dice que Adam recibió su nombre porque fue hecho de la adamá, la "tierra". Sin embargo, eso no parece explicar bien al ser humano, porque los animales y muchísimas otras cosas fueron creadas de la adamá. Por ejemplo, el versículo dice: "Que la tierra produzca seres vivientes". Si Dios quería dar a los humanos un nombre que apunte a su esencia, se podría argumentar que adam no es un nombre muy adecuado.

Adam no es nada tal como es; es todo en lo que puede llegar a convertirse.

El Maharal explica que adamá, "tierra", tiene dos características aparentemente diferentes que en realidad armonizan entre sí. Por un lado, un simple terrón de tierra tiene poco valor. Por otro, toda la vida proviene de la tierra. La tierra nos sostiene, nos da alimentos y minerales. Lleva dentro de sí todo el potencial de la vida humana.

Adamá, entonces, es ese material que en sí mismo carece de valor pero que contiene un potencial inmenso. Adam recibe su nombre porque tiene el potencial de la adamá. No es nada tal como es; es todo en lo que puede llegar a convertirse.

"Adam leamal iulad — El ser humano fue creado para trabajar". Si una persona va a lograr algo de sí misma, tendrá que trabajar mucho. Si va a convertirse en algo, debe tomar todos esos dones maravillosos que Dios le dio y forjar de ellos una personalidad, un ser, que sea Divino y bueno.

"Adam", entonces, transmite la idea de un ser cuyo potencial es ilimitado, pero que necesita mucho trabajo para alcanzarlo.

Hével

La palabra más común en Kohelet es hével, a menudo traducida como "vanidad".

"Vanidad de vanidades, dice Kohelet, vanidad de vanidades; todo es vanidad."

Sin embargo, "vanidad" no es una traducción muy precisa. Literalmente, hével significa literalmente "aliento". Cuando exhalas aire en el frío del invierno, ves brevemente su vapor, y luego, igual de rápido, se disipa. Eso es hével: está un minuto, parece tener sustancia, y al siguiente desaparece.

Hével es la manera en que Kohelet describe la existencia material. La existencia material es "como una sombra que pasa… un vapor que se disipa… un sueño que desaparece..." Una existencia hével es una experiencia vana, vacía, sin importar lo acomodado que uno esté en sentido material.

Shemesh

El tercer término clave para entender Kohelet es la palabra hebrea shemesh, "sol". A lo largo de la Torá Escrita y Oral, shemesh se usa como una metáfora de la vida física. El sol controla nuestra vida: da luz y calor, hace crecer las cosas, hace posible la vida. Por lo tanto, "sol" es una metáfora de la existencia física.

Resumiendo, los tres términos clave: Adam, hecho de la tierra, representa algo que carece de valor tal como es, pero ilimitado en lo que puede llegar a ser. Hével, como el aire caliente, representa la existencia material, algo que al final es insustancial. Shemesh, "sol", representa la vida física limitada.

Ahora apliquemos esto a los versículos clave.

Hével Havalim

El segundo versículo de Eclesiastés dice: "Hével havalim, dice Kohelet, hével havalim, todo es hével".(2) Este versículo puede entenderse como una pregunta retórica: ¿Eso es todo lo que hay, hével? Kohelet nos plantea esta cuestión: ¿Qué estamos haciendo aquí en la tierra? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿No hay nada más que una existencia hével?

El siguiente versículo responde: "¿Qué provecho tiene el hombre (adam) de todo su trabajo que realiza bajo el sol?" A primera vista, todo esto parece enseñar que si una persona trabaja e invierte energías, no obtiene beneficio alguno. Sin embargo, al agregar la calificación "bajo el sol", el versículo implica que hay una distinción importante y da una respuesta a la primera pregunta.

¿Qué beneficio obtiene una persona, qué beneficio puede esperar, si invierte ese trabajo para el cual fue creado en una actividad “bajo el sol,” en una existencia controlada y definida por el sol, por la existencia física?

Ninguno.

El trabajo bajo el sol no tiene un beneficio último; el trabajo sobre el sol tiene un potencial infinito de crecimiento.

Sin embargo, mientras que el trabajo bajo el sol no tiene un beneficio último, el trabajo sobre el sol sí lo tiene. El trabajo sobre el sol posee un potencial y una oportunidad infinita de crecimiento. El ser humano puede llegar a ser divino.

Una existencia hével, completamente "bajo el sol", es vacía y vana. Si, por otro lado, se descubre la dimensión espiritual e inyecta santidad a su vida, entonces su existencia es cualquier cosa menos hével.

La conexión con Sucot

Kohelet es el libro bíblico perfecto para Sucot.

Durante el año vivimos en una casa con un techo sobre nuestra cabeza. Simbólicamente, el techo nos separa del cielo. En Sucot, nos sentamos en una estructura temporal que no tiene un verdadero techo que nos separe de lo Divino. En la sucá comemos, bebemos y dormimos, y vivimos una vida física ordinaria. Sin embargo, en la sucá la Shejiná, la Presencia Divina, brilla a través del sjaj (el delgado techo de hojas), envolviendo todo nuestro ser en santidad, agregando significado y dinamismo a la vida ordinaria. Toda nuestra existencia física se convierte en una mitzvá, un acto sagrado.

Dios nos ha dado un mundo maravilloso para vivir, lleno de belleza y canto. Pero hay un desafío: debemos permitir que lo Divino ilumine nuestra vida. De esta manera es una vida de sustancia, no hével. Es una vida de verdadero optimismo y santidad.

Si, por el contrario, vivimos separados de la dimensión espiritual (bajo un techo cerrado, viviendo completamente "bajo el sol"), incluso si ese techo pertenece a la mansión más ornamentada, nuestra vida será vana, inútil, hével.

Somos criaturas enraizadas en la tierra, pero capaces de forjarnos hacia algo que alcanza los cielos. En la medida en que se cultive la chispa interior y se convierta en el enfoque principal de nuestro trabajo, la vida tendrá sustancia, significado, esperanza y felicidad.

Un pequeño terrón de tierra puede crear y encarnar la divinidad. Este es un desafío estimulante. Y ese es el mensaje de Kohelet.

  1. Este es el enfoque de Rav Moshé Eisenmann, escuchado en una conferencia grabada.
  2. Los sabios señalan que hay siete instancias de hével en este versículo, porque la palabra havalim, la forma plural de hével, implica dos. Por lo tanto, tenemos tres instancias de hével en singular, más dos instancias de la palabra en plural, que en conjunto suman siete. En otras palabras, hay instancias de hével en el segundo versículo. Los sabios enseñan que esto se refiere a los siete días de la semana, lo que implica que cada día de la semana (incluso el Shabat) puede ser parte de una existencia hével, una existencia limitada y sin crecimiento.

Este artículo está dedicado a la memoria de mi padre, Rav Jaim Biniamín ben Iaakov Reuven, a"h.

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