La destrucción del Primer Templo, una breve historia

14/07/2026

10 min de lectura

La dramática caída del Primer Templo y la ceguera espiritual que selló el destino del Reino de Iehudá.

La época del Primer Templo fue un período de intensa espiritualidad. Las personas se encontraban con profetas en su vida cotidiana y el Templo Sagrado de Jerusalem era el epicentro de esa existencia espiritual, donde se podía experimentar de manera tangible la presencia divina.

Sin embargo, en la búsqueda de experiencias espirituales elevadas, muchos las buscaban en los lugares equivocados. La idolatría era generalizada. Los falsos profetas ofrecían sus propias versiones artificiales de experiencias sublimes. Era demasiado fácil aferrarse a aquello que te hacía sentir en lugar de emprender el arduo trabajo de una espiritualidad auténtica y de la introspección personal.

Hacia el final del período del Primer Templo, el Reino de Iehudá seguía siendo independiente, aunque relativamente pequeño, extendiéndose desde las colinas de Judea hasta Beersheba. El reino del norte, el Reino de Israel, ya había sido conquistado por Asiria. Las diez tribus habían sido exiliadas y dispersadas por todo el mundo conocido.

A pesar de su reducido tamaño, el Reino de Iehudá era muy codiciado por los reinos vecinos. Se encontraba en la intersección de culturas y civilizaciones. Los gobernantes poderosos lo veían como una puerta de entrada para conquistar el mundo. Tanto Egipto, la superpotencia dominante, como Babilonia, la superpotencia emergente, querían convertir a Iehudá en un estado vasallo. Ambos exigían lealtad del rey de Iehudá y estaban dispuestos a imponer severos castigos ante cualquier muestra de desobediencia.

Representación artística moderna del Primer Templo en Jerusalem.
Museo de Israel, Jerusalem, Israel. Imagen de User:Tombah, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons.

El rey Tzidkiá

El último rey de Iehudá fue Tzidkiá. Ese no era su nombre original. Tras derrotar a los egipcios en Carquemis, el rey Nebujadnetzar (Nebujadnetzar) de Babilonia avanzó hacia Jerusalem y depuso al rey Iehoiajín, enviándolo al exilio junto con la élite de Jerusalem. Los babilonios también saquearon el Templo y el palacio real.(1)

Después de vaciar Jerusalem de sus habitantes más destacados y de sus tesoros, Nebujadnetzar cambió el nombre de Mataniahu, tío del rey Iehoiajín por el de Tzidkiá y lo colocó en el trono de Iehudá a cambio de un juramento de fidelidad.

De esta manera, el rey Tzidkiá se encontró en una posición nada envidiable: debía satisfacer tanto al rey de Babilonia como al faraón de Egipto, que seguía representando una amenaza. Al mismo tiempo, tenía que gobernar al pueblo de Iehudá, demasiado centrado en lo sobrenatural como para tomar en serio las amenazas políticas reales. Muchos creían que Dios los salvaría de sus enemigos sin que ellos tuvieran que hacer ningún esfuerzo.

Agitación interna en Babilonia

Nebujadnetzar llevaba siete años gobernando Babilonia cuando colocó a Tzidkiá en el trono de Iehudá. Sin embargo, su dominio estaba lejos de ser seguro. Las crónicas babilónicas de la época describen sus campañas constantes dentro de su imperio, destinadas a demostrar su poder, intimidar a posibles rebeldes y recaudar tributos de todos sus estados vasallos.

Dos años después de que Tzidkiá llegara al poder, el propio ejército de Nebujadnetzar se rebeló contra él en Babilonia. Una crónica babilónica afirma:(2) "Con las armas, ]Nebujadnetzar[ mató a muchos de sus propios soldados. Con su propia mano capturó a su enemigo.

Aunque logró sofocar la rebelión, Nebujadnetzar permaneció en estado de alerta.

Vista panorámica del reconstruido Palacio Sur de Nebujadnetzar II, del siglo VI AEC, en Babilonis, Irak. Fotografía de Osama Shukir Muhammed Amin, FRCP(Glasg), CC BY-SA 4.0 Wikimedia Commons

El espíritu de rebelión en el Reino de Iehudá

Después de experimentar la crueldad y la codicia de Nebujadnetzar durante su campaña en Iehudá, la actitud de los habitantes hacia el rey babilonio estaba lejos de ser positiva. Los judíos, amantes de su independencia, anhelaban la derrota de Nebujadnetzar, y algunos promovían abiertamente la idea de rebelarse contra él.

La noticia de una rebelión en Babilonia solo avivó esas esperanzas. El falso profeta Jananiá ben Azur proclamó:(3) "Así ha dicho el Señor de los Ejércitos, Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia".

El investigador y autor Rav Iehudá Landy escribe:(4)

"Semejante declaración probablemente encontró oídos atentos, a la luz de la rebelión ocurrida pocos meses antes ]en Babilonia[. Aquella revuelta alimentó falsas esperanzas de que el régimen ]de Nebujadnetzar[ colapsaría y que los judíos exiliados podrían regresar a sus hogares [en Iehudá o Judea]".

Rav Landy plantea la hipótesis de que los reyes de los países vecinos, como Edom, Moab y Amón, se habían unido para rebelarse contra Nebujadnetzar con el apoyo de Egipto. Aunque el rey Tzidkiá pudo haber considerado sumarse a la revuelta, finalmente decidió no hacerlo. Más aún, viajó personalmente a Babilonia para entregar el tributo correspondiente y reafirmar su lealtad.(5) Esta decisión pudo haber salvado al Reino de Iehudá, pero probablemente también enfureció a los adversarios políticos de Tzidkiá, incluidos los influyentes falsos profetas.

Detalle de la “estela de la Torre de Babel”, que muestra a Nabucodonosor a la derecha. Robert Koldewey (10 de septiembre de 1855 – 4 de febrero de 1925), dominio público, vía Wikimedia Commons.

El profeta Jeremías

En aquel tiempo, una de las figuras destacadas en Jerusalem era el profeta Irmiá (Jeremías). Reverenciado por algunos y despreciado por otros, Irmiá fue quizás el profeta más incomprendido de la historia judía. Aunque se ganó la reputación de ser un profeta de desgracias, su mensaje básico era pragmático y realista: someterse al Imperio Babilónico y sobrevivir como nación en su propia tierra.

Al igual que otros profetas, Irmiá exhortaba al pueblo judío a ser fiel a Dios y a buscar la justicia. Él proclamó en nombre de Dios: "Ejecuten la justicia por la mañana y rescaten al oprimido de la mano del opresor, no sea que mi furia salga como fuego y arda sin que nadie la apague, a causa del mal de sus acciones".(6)

En gran medida las palabras de Irmiá fueron ignoradas. La gente prefería mucho más las palabras de los falsos profetas, que prometían prosperidad sin exigir cambios en su conducta.

Lamentablemente, en gran medida las palabras de Irmiá fueron ignoradas. La gente prefería mucho más las palabras de los falsos profetas, que prometían prosperidad sin exigir cambios en su conducta cotidiana y en su trato con otras personas. Irmiá escribió:(7) "Porque tanto el profeta como el sacerdote son falsos; incluso en Mi casa he hallado su maldad, dice el Señor… Y entre los profetas de Jerusalem vi algo horrible: cometían adulterio y actuaban con falsedad, alentaban a los malhechores para que nadie se arrepintiera de su maldad…".

Comprendiendo que el pueblo judío no estaba ni cerca del nivel espiritual que ellos imaginaban tener, Irmiá intentó convencerlos de no esperar una salvación milagrosa del rey Nebujadnetzar y su ejército. Irmiá confrontó a los falsos profetas, que decían:(8) "Dios ha hablado: tendrán paz". Él advirtió del peligro real que representaban los babilonios.

En lugar de reconocer la amenaza, los funcionarios reales y los falsos profetas atacaron al propio Irmiá. En numerosas ocasiones fue golpeado, encarcelado, acusado de traición y amenazado con la pena de muerte.

La rebelión del rey Tzidkiá contra el rey Nebujadnetzar 

En medio del creciente desorden interno y la presión externa de Egipto, en el noveno año de su reinado, el rey Tzidkiá se rebeló contra Babilonia.

No está claro qué cambió exactamente desde que años antes había evitado sumarse a una rebelión. Rav Landy especula que el faraón de Egipto presionaba constantemente al pequeño reino de Iehudá, exigiendo la lealtad de Tzidkiá en su lucha contra Babilonia. Aunque menos poderoso que Babilonia, Egipto seguía siendo una superpotencia y estaba geográficamente mucho más cerca de Iehudá. Rav Landy concluye que Tzidkiá estaba “constantemente entre la espada y la pared, y en consecuencia pagaría un precio por cualquier decisión que tomara".(9)

A cambio de su lealtad, el faraón de Egipto prometió a Tzidkiá caballos (conocidos como los mejores del mundo) y protección militar.

Otros reinos cercanos también se alinearon con Egipto y se unieron a la rebelión.

Cuando Nebujadnetzar se enteró de la rebelión, reunió su ejército y marchó contra los rebeldes. Estableció su campamento en Ribla, cerca de la actual frontera entre Líbano y Siria. Los babilonios permanecieron en el área durante mucho tiempo, y desde allí Nebujadnetzar dirigió su campaña en Iehudá.

Cilindro cuneiforme: inscripción de Nebujadnetzar II que describe la construcción de la muralla exterior de la ciudad de Babilonia. Museo Metropolitano de Arte, dominio público.

El sitio de Jerusalem

Después de deliberar, Nebujadnetzar se dirigió a Jerusalem. En el camino dejó parte de su ejército atacando otras ciudades fortificadas de Iehudá. Al llegar a Jerusalem, el día 10 del mes de tevet, en el undécimo año del reinado de Tzidkiá, Nebujadnetzar rodeó Jerusalem y la sitió. Dej+o allí a su ejército y regresó a Ribla.

El asedio duró un año y medio. Al principio, los habitantes de Jerusalem no estaban demasiado preocupados. A fin de cuentas, el faraón egipcio les había prometido protección.

Por su parte, el faraón intentó cumplir su promesa. Salió de Egipto con su ejército rumbo a Jerusalem.

Al enterarse del avance egipcio, el ejército babilonio se retiró temporalmente del sitio, lo que causó gran alegría en Jerusalem. Sin embargo, el faraón nunca llegó hasta la ciudad. Conquistó Gaza, con la intención de intimidar a los babilonios.

Rav Landy explica:(10) "a pesar de su éxito, a simple vista parece que el faraón evitó enfrentarse directamente al ejército [de Nebujadnetzar]… Cuando el faraón vio que los babilonios cambiaban de dirección para luchar contra él, regresó a Egipto".

Los babilonios reanudaron el sitio. Construyeron torres y rampas de asalto para atacar a los defensores de la ciudad. Trajeron arietes para derribar las murallas.

El profeta Irmiá y el rey Tzidkiá 

Durante el sitio, Tzidkiá dudaba entre resistir o rendirse. Cuando los babilonios se retiraron temporalmente debido al avance egipcio, el rey Tzidkiá envió una delegación al profeta Irmiá pidiéndole que rezara por el reino de Iehudá.

Pero la respuesta de Irmiá no fue alentadora: "El ejército del faraón que salió en tu ayuda está regresando a Egipto. Y los caldeos(11) volverán, atacarán esta ciudad, la tomarán y la quemarán".(12)

Temiendo por su seguridad, Irmiá intentó salir de Jerusalem, pero fue arrestado en las puertas de la ciudad y acusado de desertar a los babilonios. Haciendo oídos sordos a la protesta de Irmiá sobre lo absurdo de la acusación, los funcionarios reales lo arrojaron a una mazmorra, donde permaneció durante mucho tiempo.

Mientras tanto, el sitio se reanudó y la situación en la ciudad empeoró. Desesperado, Tzidkiá volvió a consultar a la única persona que siempre le decía la verdad y no halagos inútiles: el profeta Irmiá.

En secreto, el rey Tzidkiá sacó a Irmiá de la mazmorra y le pidió una palabra de parte de Dios. Pero la predicción del profeta Irmiá no cambió: "Serás entregado en manos del rey de Babilonia".(13)

Enojados por las palabras de Irmiá, los oficiales del rey exigieron permiso para matarlo.

Irmiá pidió al rey que aliviara las condiciones de su prisión. El rey Tzidkiá trasladó al profeta al patio de la cárcel y ordenó que se le diera una hogaza de pan al día.

A diferencia de la mazmorra, el patio de la prisión era un espacio público, con mucha gente entrando y saliendo. Preocupado por el destino de su nación, Irmiá habló al pueblo, instándolos a rendirse: "El que permanezca en esta ciudad morirá por la espada, por el hambre o por la peste; pero el que salga hacia los caldeos vivirá".(14)

Molestos por las palabras de Irmiá, los oficiales del rey pidieron permiso para matarlo. El rey Tzidkiá reconoció su propia impotencia al responder: "Aquí lo tienen en sus manos, porque el rey no puede [responderles] nada".(15)

Los oficiales arrojaron al profeta Irmiá a una cisterna, donde habría muerto si no fuera por otro de los siervos del rey, que convenció al rey de rescatar al profeta.

Después del rescate, el rey Tzidkiá llamó a Irmiá para otra reunión secreta. De nuevo le pidió al profeta la palabra de Dios, jurando no darle muerte, sin importar la respuesta.

Una vez más, Irmiá aconsejó la rendición: "Si sales a los oficiales del rey de Babilonia, tu vida será salvada, y esta ciudad no será quemada con fuego, y tú y tu casa vivirán. Pero si no sales a los oficiales del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en manos de los caldeos, y la quemarán con fuego, y no escaparás de sus manos".(16)

Pero como el hambre se intensificaba en la sitiada ciudad de Jerusalem, el rey Tzidkiá tenía demasiado miedo para seguir el consejo de Irmiá.

Ladrillo de arcilla inscrito con el nombre de Nebujadnetzar, procedente de Babilonia, Irak. Museo Pergamon. Fotografía de Osama Shukir Muhammed Amin, bajo licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

La caída de Jerusalem

El día 9 del mes de Av, los babilonios entraron en la ciudad sitiada. Las evidencias arqueológicas muestran que los defensores lucharon con valentía. En las cercanías del Monte del Templo y de las antiguas murallas de la ciudad se descubrieron altas fortificaciones, así como puntas de flecha y piedras de honda.(17)

Sin embargo, los defensores debilitados no pudieron hacer frente al ejército babilonio, decidido a la masacre y la destrucción. Los babilonios demolieron las murallas de Jerusalem y devastaron la ciudad. Se han encontrado en la zona señales de destrucción por el fuego y capas de ceniza de ese período.(18)

Nebuzaradán, el principal verdugo del rey Nebujadnetzar, "quemó la casa de Dios y el palacio del rey, y todas las casas de Jerusalem y todas las casas de los nobles las quemó con fuego".(19)

Con el corazón roto, Irmiá vio cómo se cumplían sus propias profecías.

El Talmud nos dice que el Primer Templo fue destruido por tres pecados: idolatría, adulterio y derramamiento de sangre.(20) A pesar de las sinceras súplicas del profeta Irmiá, el pueblo de Iehudá se negó a examinar en profundidad sus propias acciones, y sufrió las consecuencias.

El rey Tzidkiá y su familia intentaron escapar de Jerusalem a través de un túnel secreto, pero fueron capturados y llevados ante Nebujadnetzar en Ribla. Los hijos de Tzidkiá fueron ejecutados delante de él, y al rey le sacaron los ojos y lo llevaron como prisionero a Babilonia.(21)

La mayor parte del Reino de Iehudá también fue exiliada a Babilonia, y solo los más pobres de Iehudá quedaron para trabajar la tierra.

Con el corazón roto, Irmiá vio cómo se cumplían sus propias profecías. Él esperaba ser encadenado y llevado al exilio. Sin embargo, los babilonios lo malinterpretaron tanto como lo había hecho el pueblo de Iehudá. El propio Nebujadnetzar había oído hablar de los esfuerzos de Irmiá para convencer al rey Tzidkiá y a su pueblo de rendirse, y lo consideró un aliado. Lo liberó y dio órdenes explícitas de no hacerle daño. Irmiá permaneció en la tierra de Israel junto al remanente de Iehudá.


  1. Reyes II, capítulo 24.

  2. Rav Yehuda Landy. Uncovering Sefer Yirmiyahu: An Archeological, Geographical, Historical Perspective. Halpern Center Press, 2019. Página 112.
  3. Jeremías 28:2.
  4. Rav Yehuda Landy. Uncovering Sefer Yirmiyahu: An Archeological, Geographical, Historical Perspective. Halpern Center Press, 2019. Página 113.
  5. Ibid. página 114.
  6. Jeremías 21:12
  7. Jeremías 23:11 y 23:14
  8. Jeremías 23:17
  9. Rav Yehuda Landy. Uncovering Sefer Yirmiyahu: An Archeological, Geographical, Historical Perspective. Halpern Center Press, 2019. Página 116.
  10. Ibid, página 127.
  11. Otro nombre para los babilonios.
  12. Jeremías 37:7–8
  13. Jeremías 37:17
  14. Jeremías 38:2
  15. Jeremías 38:5
  16. Jeremías 38:17–18
  17. Rav Yehuda Landy. Uncovering Sefer Yirmiyahu: An Archeological, Geographical, Historical Perspective. Halpern Center Press, 2019. Página 147.
  18. Ibid, página 150.
  19. Reyes II 25:9
  20. Talmud Ioma 9b.
  21. Reyes II, capítulo 25.
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