La destrucción moral de la ONU desde el 7 de octubre

05/01/2026

7 min de lectura

Los pecados de las Naciones Unidas no solo van en contra de Israel, sino también contra los principios de su propia Carta.

En el jardín norte de las Naciones Unidas hay una escultura llamada «Convirtamos las espadas en arados», inspirada en el famoso versículo del profeta Isaías:

«Convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas; ninguna nación levantará la espada contra otra nación, ni se adiestrarán más para la guerra».

Estas palabras, pronunciadas hace 2700 años en la Tierra de Israel, capturaron tan bien el anhelo de paz de la humanidad que incluso la atea Unión Soviética se sintió inspirada a regalar la estatua. Donada en 1959, representa a una figura musculosa forjando una espada en un arado, anunciando un mundo en el que las naciones cultivarán la vida en lugar de hacer la guerra.

El 7 de octubre de 2023, terroristas de Hamás y la Yihad Islámica invadieron el sur de Israel. Dispararon, quemaron vivos, torturaron, violaron y secuestraron a soldados y civiles israelíes, trabajadores extranjeros e incluso a otros árabes. Nadie se salvó: ni los ancianos sobrevivientes del Holocausto, ni los bebés que fueron brutalmente asesinados ante los ojos de sus padres. Entre las víctimas había personas de varias diferentes nacionalidades de todo el mundo. Los terroristas documentaron sus atrocidades con cámaras corporales.

Un vídeo muestra a dos terroristas intentando decapitar a un tailandés con una azada, convirtiendo una herramienta de jardinería en un arma de brutalidad sádica. Su único delito fue buscar un trabajo honrado en los campos de Israel. Mientras lo golpeaban repetidamente, uno gritaba «Allahu Akbar».

A partir de este momento, el terrorismo palestino se transformaba en la inversa nihilista de Isaías: convierte las «rejas de arado» en «espadas».

Ese día nos recordó los días más oscuros y brutales de la historia mundial, un día que exigía la condena por parte de todas las personas civilizadas. Las Naciones Unidas, cuyo lema es «Paz, dignidad e igualdad en un planeta saludable», se negaron a condenar el acto.

A finales de octubre, la Asamblea General aprobó una resolución en la que se pedía el «cese inmediato de las hostilidades», pero rechazó una enmienda que habría condenado la masacre perpetrada por Hamás.

Esa rendición moral marcó la pauta de lo que vino después. Desde entonces, el Consejo de Seguridad de la ONU ha debatido al menos catorce proyectos de resolución sobre la guerra entre Israel y Gaza, y ha aprobado cuatro. La Asamblea General ha aprobado múltiples resoluciones que señalan a Israel, más que a cualquier otro país. Se ha criticado a Irán, no por incendiar Oriente Medio a través de sus representantes Hamás y Hezbolá, sino por reprimir a su propio pueblo.

Esto vino acompañado de una postura inmoral por parte del secretario general de la ONU, António Guterres. Declaró que «las quejas del pueblo palestino no pueden justificar los terribles ataques de Hamás», solo para contradecirse a sí mismo momentos después al añadir que los ataques «no ocurrieron en el vacío», culpando implícitamente a Israel de los males de la sociedad palestina. Esto, a pesar de las declaraciones anteriores de la ONU en las que se reconocían los esfuerzos de paz de Israel, desde los Acuerdos de Oslo de la década de 1990 hasta la retirada unilateral de la Franja de Gaza en 2005, que calificó en su momento como «un punto de inflexión en la búsqueda de la paz».

Las Naciones Unidas transgreden su propia Carta

Los pecados de las Naciones Unidas no solo van en contra de Israel —cuyo renacimiento como nación fue aprobado por el organismo mundial en 1949—sino también contra los principios de su propia Carta.

Recompensar el mal

El artículo primero de la Carta de las Naciones Unidas exige «la supresión de los actos de agresión y otras violaciones de la paz». Sin embargo, tras la mayor matanza de judíos desde el Holocausto, las Naciones Unidas recompensaron la causa de sus perpetradores. En mayo de 2024, Palestina fue elevada al "estatus de cuasi-miembro". Durante la Asamblea General de 2025, liderada por Francia y Arabia Saudita, varios países europeos concedieron el pleno reconocimiento al Estado palestino. A cambio, Mahmud Abás, que había elogiado públicamente la masacre del 7 de octubre, se comprometió a poner fin a las ayudas económicas a las familias de los terroristas, sin embargo, los pagos continúan.

Dar Falso testimonio

A pesar del artículo 2(2) de la Carta de las Naciones Unidas, que exige a los Miembros «cumplir de buena fe las obligaciones contraídas por ellos», en septiembre de 2025 una comisión de la ONU declaró que Israel había cometido genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza. Utilizando un razonamiento retorcido, el comisionado Chris Sidoti convirtió a las víctimas en verdugos, afirmando que los israelíes habían sido «traicionados» por la «negativa» de su Gobierno a rescatar a los rehenes y que el trauma de la nación tras el 7 de octubre había sido «manipulado sin piedad» para justificar una supuesta «guerra genocida».

Igualmente engañosas fueron las afirmaciones de las Naciones Unidas sobre una hambruna provocada por Israel, propagadas por el alto funcionario humanitario Thomas Fletcher, quien advirtió en mayo de 2025 que «14 000 bebés [de Gaza] morirán en las próximas 48 horas», una hambruna sobre la que la propia organización «advirtió repetidamente», pero que sus propias agencias no pueden confirmar.

Cuando los vecinos traman la destrucción

El preámbulo de la Carta insta a los estados miembros a actuar como «buenos vecinos» y practicar la «tolerancia», lo que contrasta radicalmente con décadas de retórica genocida iraní, desde la exhortación del ayatolá Jomeini a «destruir Israel» hasta la negación de la historia judía y la negativa a reconocer el Estado de Israel. Estas violaciones de los principios fundamentales de la Carta apenas han ocasionado una rendición de cuentas significativa. Irán ha sido objeto de sanciones de la ONU por su programa nuclear pero la organización mundial ha guardado silencio sobre su intento sin precedentes de aniquilar a otro estado miembro rodeándolo de grupos terroristas, lo que viola el artículo 1(1), que insta a reprimir los «actos de agresión».

Traición a las puertas de Israel

La inequidad de las Naciones Unidas no se limita a declaraciones, resoluciones y falsedades. La Carta exige que «todos los miembros resolverán sus controversias internacionales por medios pacíficos». Cuando esto fracasa, el artículo 42 autoriza el uso de la fuerza armada para «mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales». Sin embargo, en las fronteras de Israel, las agencias y fuerzas de la ONU no solo han incumplido su mandato, sino que han facilitado y colaborado activamente con quienes amenazan la existencia de Israel.
Los empleados de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, participaron directamente en la masacre del 7 de octubre, y uno de ellos robó el cadáver de un israelí asesinado. No se trató de una aberración: durante años, las instalaciones de la UNRWA almacenaron armas y ocultaron infraestructuras de túneles, actividades que era imposible pasar por alto para los dirigentes de la organización, mientras que sus escuelas adoctrinaban a los niños en la violencia antisemita.

La FPNUL, cuyo mandato es impedir el rearme de Hezbolá en el Líbano, hizo en gran medida la vista gorda ante las actividades de la organización terrorista, con casos documentados de colaboración activa. Esto permitió a Hezbolá acumular unos 150 000 misiles a lo largo de la frontera norte de Israel.

El propósito fundacional de la ONU y su abandono

Las Naciones Unidas nacieron de la devastación de dos guerras mundiales. Su Carta se compromete «a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles». La Segunda Guerra Mundial se cobró decenas de millones de vidas; el asesinato sistemático e industrial de seis millones de judíos —asesinados por su origen étnico— marcó un nuevo nivel de maldad premeditada y dio lugar a una nueva palabra: genocidio. El término fue acuñado por el abogado judío Raphael Lemkin, cuya preocupación por los asesinatos motivados por razones étnicas comenzó con la masacre armenia durante la Primera Guerra Mundial y se profundizó con la pérdida de 49 familiares en el Holocausto. Sin embargo, desde la masacre del 7 de octubre, la ONU ha convertido el concepto de Lemkin en un arma contra Israel por defenderse de la aniquilación.

En 2004, el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, uno de los pocos considerados ampliamente comprensivos con Israel, reconoció: «Nuestra organización nació cuando el mundo acababa de conocer todo el horror de los campos de concentración y exterminio. Por lo tanto, es acertado decir que las Naciones Unidas surgieron de las cenizas del Holocausto».

Cada año, el 27 de enero, el secretario general pronuncia un discurso con motivo del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto. En 2022, Guterres se hizo eco de las palabras de Annan: «El Holocausto definió a las Naciones Unidas». Sus comentarios de enero de 2025 no fueron menos contundentes: «Ochenta años después del fin del Holocausto, el antisemitismo sigue presente, alimentado por las mismas mentiras y el mismo odio que hicieron posible el genocidio nazi. Y va en aumento... El odio se está avivando en todo el mundo... Se están distorsionando, minimizando y negando hechos históricos indiscutibles». Sin embargo, tras más de un año de obsesión antiisraelí por parte de la ONU, esas palabras sonaron huecas.

Desde el 7 de octubre, bajo su liderazgo, la ONU se ha convertido en el motor del odio que Guterres denuncia—distorsionando los hechos sobre Israel, amplificando las mentiras que alimentan el antisemitismo mundial y transformando una organización nacida de las cenizas del Holocausto en el perseguidor más implacable del Estado judío.

Irónicamente, el artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que exige a todos los miembros abstenerse de «la amenaza o el uso de la fuerza» en las relaciones internacionales, es paralelo tanto en el fondo como en la designación numérica a Isaías 2:4, donde el profeta imagina a las naciones «convirtiendo sus espadas en rejas de arado». No hay duda de la influencia de Isaías en el concepto de paz del mundo moderno. Hasta Isaías, la paz era, en el mejor de los casos, la ausencia de guerra lograda por el agotamiento de la batalla, la victoria o la derrota, tal vez un tratado. El concepto universal de una paz mundial justa y duradera, no solo para el pueblo judío, sino para toda la humanidad, fue anunciado con esas palabras proféticas.

La traición de «una humanidad compartida»

El 27 de octubre de 2023, el día en que la ONU pidió un alto al fuego pero se negó a condenar la masacre, uno de los principales periódicos de Tailandia, Khaosod, informó sobre una niña de cuatro años que lloraba mientras el cuerpo de su padre regresaba a casa. Apichat Kusaram, de 29 años, y su hermano Pongthep, de 26, se encontraban entre las víctimas tailandesas, nepalíes, filipinas, tanzanas, esrilanquesas y chinas, una especie de Naciones Unidas de trabajadores extranjeros que la verdadera ONU apenas reconoció. En ese momento, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Tailandia informó de 33 muertos y 18 heridos, mientras que las autoridades israelíes afirmaron que hasta 54 tailandeses habían sido capturados. Dos años más tarde, se repatriaron los restos de otro trabajador tailandés, Sonthaya Oakkharasr, que había pasado ocho años en Israel ahorrando para abrir una pequeña granja en su país con los conocimientos adquiridos allí.

En total, ciudadanos extranjeros de al menos 35 países fueron asesinados, heridos o tomados como rehenes el 7 de octubre. La película de la ONU que conmemora su 80 aniversario afirma que la organización mundial nació «de la esperanza y de la idea de una humanidad compartida». Fueran israelíes o no, judíos o no judíos, estas víctimas encarnaban precisamente esa humanidad. El lema oficial es «Construyendo juntos el futuro». ¿Juntos? La destrucción moral de la ONU desde el 7 de octubre ha dejado ese lema sin sentido: un pequeño Estado miembro, Israel, se encuentra solo y excluido, junto con todos los que se asocian con él, incluidos los trabajadores migrantes asesinados y secuestrados ese día.

Ochenta años después de la entrada en vigor de su Carta, que contiene nobles ideales, ¿se ha convertido la Organización de las Naciones Unidas en un falso profeta de la paz? Si Isaías estuviera vivo hoy para ser testigo de la organización mundial dedicada a su visión, tal vez declararía:

¡Ay de aquellos que llaman al mal bien y al bien mal; que presentan la oscuridad como luz y la luz como oscuridad!

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