La diferencia entre control e influencia en el matrimonio

17/05/2026

3 min de lectura

El poder transformador del amor genuino.

En las relaciones interpersonales, a menudo enfrentamos la tentación de controlar, pensando que si tan sólo pudiéramos dirigir la conducta de nuestra pareja, todo sería perfecto. Pero el control, por más atractivo que parezca, nunca es bueno. De hecho, es solamente una ilusión. Como dijo William Glasser, el fundador de la corriente Reality Therapy: “La única persona cuya conducta podemos controlar somos nosotros mismos”.

Podemos controlar nuestros pensamientos, acciones e incluso influenciar nuestras emociones, pero intentar controlar a otros es una receta para la frustración y la desconexión.

Libre albedrío: el núcleo de nuestra experiencia humana

El judaísmo ofrece un profundo acercamiento a este dilema. Cada persona nace con el don de bejirá jofshit, libre albedrío. Maimónides (Mishné Torá, Leyes del arrepentimiento), enfatiza que nuestras opciones nos pertenecen completamente y nadie más puede tomar decisiones por nosotros. Esto significa que, aunque podemos desear profundamente que nuestros seres queridos cambien ciertas cosas, el poder de decisión es sólo de ellos. El único control real que tenemos es sobre nuestras propias acciones, pensamientos y respuestas.

El único control real que tenemos es sobre nuestras acciones, pensamientos y respuestas. Aceptar esta verdad es la base de cualquier relación sana.

Aceptar esta verdad es la base de cualquier relación sana. Cuando reconocemos que no podemos cambiar a otros, nos liberamos de frustración y decepción.

Influir a través de la aceptación y el amor

No podemos cambiar a nuestra pareja, pero podemos influencirla. La influencia nace de la aceptación, el amor y una genuina preocupación por el bienestar de la otra persona. En el momento en que aceptamos a alguien como es, creamos un ambiente en donde se siente seguro y querido. Esto nutre su deseo de crecer, no por presión sino porque se siente visto y apoyado.

Cuando un miembro de la pareja hace las paces con las imperfecciones de su cónyuge, ocurre algo increíble: la pareja comienza a cambiar – no porque fue obligada sino porque se siente querida por quien es. El amor genuino tiene un poder transformativo. Incentiva el desarrollo personal, pero la clave es que debe venir desde el deseo de la persona misma.

Cuando creemos en alguien, los ayudamos a acceder a su propio potencial. Esta creencia promueve una fuerza interna en la otra persona, permitiéndole elevarse ante sus desafíos. Cuando vemos a nuestra pareja no a través de los lentes de sus defectos, sino como alguien capaz de un crecimiento impresionante, lo influenciamos de la forma más profunda.

El rol de la honestidad

Sin embargo, aceptación no significa pasividad. No tenemos que tolerar conductas que son dañinas o hirientes. Las relaciones sanas requieren comunicación honesta, en donde ambas personas pueden expresar sus sentimientos, frustraciones e incluso decepciones. Es crucial ser asertivo. Es posible ser amoroso y aceptar y al mismo tiempo fijar límites claros.

Asertividad no significa control, sino que se trata de respeto por ti mismo. Nos debemos a nosotros mismos poder articular lo que necesitamos en una relación y a veces eso incluye decir “no” a una forma de trato que no es aceptable. No se trata de cambiar a la otra persona; es respetarnos a nosotros mismos lo suficiente como para pedir lo que necesitamos. Una comunicación sana abre la puerta para que ambas personas puedan reflexionar sobre su conducta y, potencialmente, cambiar.

El baile del crecimiento: paciencia y convicción

Una de las partes más difíciles de las relaciones es aceptar que no podemos forzar el cambio, incluso cuando sabemos que la otra persona tiene potencial. El verdadero crecimiento toma tiempo, paciencia y compromiso. El cambio rara vez es linear y a menudo se siente como un baile lento y frustrante. Hay momentos en que el progreso es evidente y otras veces parece que nada se está moviendo.

Tus pensamientos, amor y paciencia pueden ser lo que ayude a tu pareja a florecer.

Aquí es donde la creencia juega un rol fundamental. Como compañeros, debemos tener una visión de lo que puede llegar a ser nuestra relación. Tenemos que creer no sólo en nosotros sino también en la habilidad de crecimiento de nuestro cónyuge. Esta convicción es poderosa; da forma a cómo tratamos y cómo nos comunicamos con la otra persona. Cuando vemos a nuestra pareja como a alguien que está continuamente evolucionando, naturalmente creamos un espacio para que haya crecimiento.

La influencia comienza con aceptación

El trabajo de las relaciones es sobre la influencia, no el control. Comienza con el trabajo duro de aceptarnos a nosotros mismos y a nuestras parejas exactamente como somos, con defectos y todo. Cuando queremos a alguien como es, creamos cimientos de confianza y seguridad que incentivan el crecimiento. La influencia no se trata de presionar el cambio; se trata de creer en la capacidad de evolución de la otra persona y crear una relación dinámica en donde ambos son libres de crecer para llegar a ser las mejores versiones de ellos mismos.

Recuerda, la influencia más profunda que puedes tener en tu relación es lo que escoges creer sobre tu cónyuge. Tus pensamientos, amor y paciencia pueden ser exactamente lo que ayude a tu pareja a florecer.

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