Desobediencia civil, el coraje de las parteras en Egipto y el legado de Martin Luther King
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Devarim 23:4–5: “Un amonita o un moabita no entrará en la congregación de Hashem; ni siquiera en la décima generación entrarán en la congregación de Hashem. Porque ellos no salieron a recibirte con pan y agua en el camino cuando salías de Egipto…”
Devarim 25:17–19: “Recuerda lo que Amalek te hizo en el camino cuando salías de Egipto, que te salió al encuentro en el camino… Borrarás la memoria de Amalek de debajo del cielo. No lo olvides”.
La porción de la Torá describe varios mandamientos relacionados con naciones que hicieron daño al pueblo judío durante su travesía en el desierto. En primer lugar, la Torá relata el incidente en que las naciones de Amón y Moab se negaron a proveer al pueblo judío pan y agua, que necesitaban con urgencia en el desierto. Este acto fue aún más grave considerando que dichas naciones debían su propia existencia al patriarca Abraham. Abraham salvó la vida de su sobrino Lot (progenitor de esas dos naciones) cuando fue capturado por los Cuatro Reyes. Sin embargo, ellos mostraron ser un pueblo profundamente ingrato al negarse a brindar las necesidades básicas a Israel. Como consecuencia, la Torá ordena que está prohibido que un converso varón amonita o moabita se case con el pueblo judío, y esta prohibición se aplica a sus descendientes para siempre.
Al final de la parashá, la Torá recuerda las terribles acciones de Amalek, que atacó al pueblo judío vulnerable en el desierto, cuando todas las demás naciones temían hacerlo debido a los grandes milagros ocurridos durante el Éxodo de Egipto. Por esa conducta atroz, Dios ordena al pueblo judío borrar por completo a Amalek y todo lo relacionado con ellos.
A primera vista, parecería que las acciones de Amalek, y el mandato de borrarlos totalmente, indican que Amalek es mucho peor que Amón y Moab. Sin embargo, al analizar otras leyes relacionadas con Amalek surge una gran dificultad: es evidente, según el Rambam(1) y el Raavad,(2) que el mandamiento de destruir a Amalek no aplica si un amalequita renuncia a la actitud herética y de odio de su nación. Más aún, un amalequita genuino que se convierte es aceptado plenamente en el pueblo judío y puede casarse con una judía.(3) ¿Cómo es posible, entonces, que un converso moabita y sus descendientes sean tratados con tanta severidad, al grado de no poder jamás casarse con un judío, mientras que un amalequita sí puede hacerlo?
Una respuesta posible surge al analizar más profundamente las fallas de estas naciones. Los defectos de Amón y Moab están en el ámbito de los rasgos de carácter. Al negarse a ayudar al pueblo judío en algo tan básico, mostraron que eran intrínsecamente ingratos. Esta es una cualidad negativa tan destructiva que quedó grabada en esa nación, al punto de que la Torá prohíbe que incluso si un amonita o moabita se convierte, pueda casarse con un judío para que esa mala cualidad no vaya a infiltrarse en Israel.
En contraste, el defecto de Amalek no está ligado directamente a los rasgos de carácter, sino al ámbito de la cosmovisión (hashkafá). Su sistema de creencias contradice todo lo que enseña la Torá, y su meta es destruir al pueblo judío y lo que este representa. Aunque esto es gravísimo, al ser una cuestión de perspectiva y no un rasgo esencial, puede ser cambiado. Si un amalequita demuestra haber rechazado genuinamente lo que su nación representa, se le permite casarse con un judío, ya que no existe riesgo de que los aspectos negativos de Amalek se infiltren en el pueblo judío.(4)
Esta idea también ayuda a responder otra pregunta difícil respecto a Amalek. Al rey Shaúl le ordenaron exterminar a Amalek y él lo hizo, excepto por Agag.(5) Sin embargo, algunos meses después, el profeta relata que David estaba luchando contra amalequitas.(6) ¿De dónde surgieron esos amalequitas? Una explicación posible es que así como un amalequita puede rechazar la cosmovisión de Amalek y librarse de la obligación de ser destruido, de igual forma un no-amalequita puede adoptar esa cosmovisión y ser considerado como amalequita, trayendo sobre sí la misma sentencia de destrucción.(7)
La idea de que uno puede unirse a otra nación no se limita a Amalek. Este enfoque también puede explicar cómo la nación de Midián luchaba contra Israel en tiempos de Guidón, a pesar de que los midianitas habían sido destruidos en batalla contra el pueblo judío en el desierto.
Si es así, surge la pregunta si esto aplica también a Amón y Moab. Es decir, si una persona que no es descendiente biológico de Moab adopta la identidad moabita, ¿estaría prohibido a un judío casarse con él en caso de convertirse? Este tema es debatido en la Guemará,(8) pero la conclusión es que tal persona no adquiere el estatus halájico de moabita, porque Sanjeriv dispersó a todas las naciones; por lo tanto, alguien que vive en Moab y se autodenomina moabita no es descendiente de los moabitas de la Torá, y por lo tanto se permite casarse con tal converso. ¿Por qué aquí no decimos que adquiere el estatus halájico de moabita? La respuesta se basa en el principio anterior: el problema raíz de Moab no era su cosmovisión, sino sus rasgos de carácter. Esos rasgos negativos estaban tan profundamente grabados que afectan a todos sus futuros descendientes. Sin embargo, esto no aplica a alguien que no es genéticamente descendiente de los moabitas originales. Por lo tanto, incluso si se identifica como moabita y adopta sus actitudes, no queda incluido en la prohibición de casarse con un converso moabita.
En conclusión, vemos que mientras los rasgos inherentes de una nación no pueden cambiarse significativamente, su cosmovisión sí puede cambiar.
En el plano personal, esto nos enseña la importancia de desarrollar una visión acorde con la Torá, a través del estudio de obras adecuadas de filosofía judía y musar (crecimiento espiritual).(9) Hacer esto también puede ayudarnos a mejorar nuestros rasgos de carácter, ya que una buena cosmovisión puede orientar a la persona respecto a cómo perfeccionar sus cualidades.
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