La visión del judaísmo sobre la Cábala


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Durante años oculté mis luchas de salud mental por miedo y vergüenza. Hoy las comparto públicamente y encuentro compasión y comprensión. Como comunidad, debemos enfrentar la crisis de salud mental.
Viví mi adolescencia en una comunidad judía vibrante, asistía a la sinagoga, participaba en celebraciones y mantenía las apariencias. Pero por dentro, me estaba desmoronando. A los 15 años, me diagnosticaron depresión y me recetaron Prozac. A los 17, me encontré frente a mi primer psiquiatra, quien me etiquetó como bipolar en cuestión de minutos. Sentía que era un secreto que debía cargar sola, a pesar de estar rodeada de personas que me querían.
En el judaísmo, sostenemos como sagrados los valores de la verdad y la dignidad infinita de cada alma humana. Estos no son sólo ideales elevados, sino llamados urgentes a la acción. Hoy, esos valores nos exigen enfrentar una realidad dolorosa: existe una crisis de salud mental arrasando en el mundo occidental, y nuestras comunidades judías no están exentas. Está aquí, entre nosotros, oculta a plena vista, tal como yo lo estuve una vez.
Pasé dos décadas en una montaña rusa de tratamientos psiquiátricos, incluyendo siete hospitalizaciones. Con la ayuda de Dios, logré funcionar lo suficiente como para tener una vida observante aparentemente “normal”: matrimonio, cuatro hijos, y una carrera estable parte del tiempo. Me mudé a Israel y allí establecí una vida hermosa.
Durante esos años, seguí diligentemente los consejos médicos, creyendo que la obediencia traería sanación. Sin embargo, después de mi séptima hospitalización en el 2022, comprendí que el tratamiento convencional no estaba funcionando. Me etiquetaron como “resistente al tratamiento”, pero mi investigación reveló que esa no era toda la historia. Ese verano, a los 41 años, madre de cuatro hijos, inmigrante en Israel, supe que debía recuperar mi vida, no sólo por mí, sino por mi familia, mi comunidad y mi responsabilidad ante Dios.
Al comenzar mi búsqueda de vitalidad y verdad, también comencé a compartir públicamente partes de mi historia a través de blogs, pódcasts y conferencias. Algunos mentores bienintencionados me advirtieron que exponer mi historia podría arruinar mi reputación para siempre. Pero debido a la gravedad de las historias que escuchaba, especialmente dentro del mundo judío, decidí ser radicalmente honesta conmigo misma y con el mundo.
Desde entonces recibo mensajes casi a diario de personas judías de todo el mundo que se identifican con mi historia o que buscan ayuda. Esto ha aumentado aún más desde el 7 de octubre.
Me sorprende la magnitud de lo que la gente me comparte: niños contemplando o cometiendo suicidio, autolesiones, depresión severa, ansiedad, adicciones —incluso entre líderes comunitarios aparentemente funcionales— que se mantienen ocultos durante años, y los efectos secundarios de los medicamentos, sin mencionar el peso de la vergüenza que todo esto conlleva.
La gente confía en mí porque conté mi historia, pero la mayoría no comparte públicamente sus historias, ni siquiera con sus círculos cercanos. Yo también temí hablar durante años. Pero al aprender que los síntomas de salud mental reflejan necesidades no satisfechas (físicas, psicológicas, sociales, espirituales o ambientales), entendí que el problema no era “yo”, sino las circunstancias a las que yo y muchos más hemos sido sometidos.
Estamos en medio de una epidemia mundial de salud mental, en la que el suicidio es la segunda causa principal de muerte entre los estadounidenses menores de 44 años. Aún más alto que el número de suicidios es el número de muertes causadas por la adicción, tanto por drogas ilegales como, cada vez más, por medicamentos legales y recetados. Según nuevos datos de la Organización Mundial de la Salud, la mayoría de las personas son, o serán, elegibles para recibir un diagnóstico de salud mental.
La comunidad judía no es inmune a esto. A los factores de riesgo actuales se suma que estamos en un momento de gran vulnerabilidad. En este momento, los judíos en Israel están colectivamente traumatizados desde el 7 de octubre y la guerra en curso, y los judíos de todo el mundo enfrentan los traumas derivados del aumento de la violencia y discriminación antisemita.
Un estudio realizado en el 2022 por el Instituto de Investigación de Políticas Judías, que encuestó a 4.000 personas, reveló que el 55% de los judíos menores de 25 años reportaron síntomas negativos de salud mental, trauma o angustia en los tres meses previos a la encuesta. En todas las edades, el 26% reportó desafíos similares relacionados con la salud mental, lo que resalta una preocupación significativa, especialmente entre la generación más joven de judíos.
En el 2024, al analizar el impacto en la salud mental del 7 de octubre y la guerra en curso, un estudio publicado en The Lancet encontró que las tasas de trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión y ansiedad entre los israelíes se duplicaron como resultado de la guerra.
Más allá de las estadísticas, existe una capa oculta de esta crisis dentro de nuestras comunidades, que varía en grados de secretismo, donde demasiadas personas ocultan sus desafíos de salud mental por temor a ser marginadas.
A medida que avanza la ciencia, entendemos cada vez más que los desafíos de salud mental pueden ser de naturaleza circunstancial. La exposición a traumas, el estrés crónico, una mala alimentación, trastornos del sueño y el consumo de sustancias (ilegales, legales e incluso algunos medicamentos recetados) pueden aumentar los factores de riesgo para desarrollar síntomas de salud mental.
Incluso los judíos que están físicamente alejados de la guerra en Israel o de incidentes antisemitas siguen estando en riesgo de sufrir un trauma por exposición. Un simple desplazamiento por Instagram durante el desayuno puede ser suficiente para alterar el sistema nervioso por el resto del día. Los efectos emocionales de ver fotos y videos pueden ser traumáticos en sí mismos, y se ha demostrado que están vinculados en adolescentes tanto al TEPT como a síntomas depresivos.
El Dr. Viktor Frankl, el renombrado psiquiatra que sobrevivió a Auschwitz y escribió El hombre en busca de sentido, escribió: “Una respuesta anormal a una situación anormal es un comportamiento normal”. Durante una época que se siente anormal, por decirlo suavemente, podemos acoger las palabras del Dr. Frankl.
Experimentar una gama completa de emociones humanas y comportamientos "anormales" durante tiempos difíciles no revela personas con una patología, sino circunstancias patológicas desordenadas que están generando niveles crecientes de necesidad y atención para todos los afectados.
Una forma en que podemos comenzar a afrontar todo esto como comunidad es a través de la concientización. Al comprender los posibles factores de riesgo de los síntomas de salud mental, podemos contextualizar las luchas que tantos están enfrentando. Al desarrollar una comprensión más amplia de lo que está causando nuestra crisis actual, podemos asegurarnos de que nuestras comunidades ofrezcan apoyo y no vergüenza.
Mi propia experiencia al compartir mis luchas con judíos de diversas comunidades ha sido increíblemente positiva, mucho más de lo que jamás imaginé. Aunque inicialmente temía ser juzgada o rechazada, al final encontré personas que extendieron su compasión y se sintieron identificadas con mi historia mucho más de lo que yo esperaba.
Cada vez que estuve mal, mis comunidades tanto en los Estados Unidos como en Israel respondieron con comidas y visitas, sin preguntar jamás por los detalles de mi situación. En años más recientes, al compartir esos detalles, la gente siguió estando presente, con aceptación y, para mi sorpresa, a menudo con una capacidad real de identificarse.
La parte más difícil de mi lucha a lo largo de los años fue mantenerlo en secreto frente a mis amigos y mi comunidad. Ahora, al abrirme, escucho a personas que enfrentan o han enfrentado desafíos de salud mental, lo cual me confirma que las cifras que estamos viendo son reales, y que se necesita una solución comunitaria.
Abordar la salud mental en nuestras comunidades es esencial para nuestra resiliencia en las generaciones venideras.
La investigación muestra que los entornos que priorizan la seguridad psicológica, donde las personas se sienten aceptadas e incluidas, generan mejores resultados de salud, relaciones más fuertes y miembros más sanos. Cuando los líderes normalizan las conversaciones informadas sobre salud mental, empoderan a las personas a pedir y brindar el apoyo necesario sin sufrir una vergüenza innecesaria ni temer al aislamiento.
Esto no requiere cambios radicales, y puede hacerse respetando la sensibilidad cultural de cada comunidad. Comienza reconociendo que las luchas mentales son respuestas normales ante situaciones anormales. Continúa respondiendo con compasión y brindando a los demás el beneficio de la duda, el principio judío de dan lekaf zejut: juzgar favorablemente.
Si tenemos la apertura y la honestidad para abordar esta crisis global de salud mental en nuestras comunidades, podremos honrar el principio sagrado judío: “Quien salva una vida, es como si salvara al mundo entero” (Mishná Sanedrín 4:5)
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Excelente articulo muy cierto ! Tengo un hermano con ese tema y me gustaria poder comunicarme con la Dra q lo escribio por favor