10 razones por las que amo ser judía
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"No está en los cielos, para que digas: '¿Quién subirá por nosotros al cielo y nos la traerá?'" (Devarim 30:12)
¿Qué mitzvá le darías al pueblo judío como su primera tarea al entrar en la Tierra de Israel?
En la porción de la Torá de esta semana descubrimos cuál fue esa mitzvá. Pero en lugar de conquistar Jerusalem o construir un gran altar, Dios ordena al pueblo judío levantar enormes piedras y grabar en ellas toda la Torá en los 70 idiomas principales del mundo (Devarim 27:1-8). Los versículos repiten este mandamiento tres veces, lo que el Talmud(1) interpreta como la instrucción de erigir e inscribir tres conjuntos de piedras.
Para comprender la magnitud de esta mitzvá, hagamos un poco de matemáticas:
Y recordemos: cada letra debía ser tallada en piedra, sin herramientas ni tecnología modernas. Entre todos los mandamientos de la Torá, esta mitzvá se encuentra probablemente entre las más laboriosas. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿por qué Dios eligió una tarea tan monumental como la prioridad número uno al entrar en la Tierra de Israel?
El Rambán, el célebre sabio del siglo XIII, ofrece dos bellas interpretaciones:
Aunque estas enseñanzas aclaran la misión fundamental del pueblo en Israel, todavía no explican qué hace tan extraordinaria esta mitzvá en particular. Seguimos preguntándonos:
Para responder, debemos volver a un episodio anterior de la Torá. Antes de entrar en la Tierra Prometida, los israelitas enviaron doce espías para explorarla. La misión terminó con consecuencias desastrosas: los espías regresaron hablando mal de la tierra que Dios les había dado. Al escuchar su informe, el pueblo cayó en la desesperación y maldijo a Dios por haberlo sacado de Egipto. Como consecuencia, Dios decretó que aquella generación vagaría cuarenta años por el desierto.
Pero ¿por qué aquellos distinguidos líderes dieron un informe tan negativo? Según la innovadora explicación del Alter Rebe, fundador de Jabad, los espías deseaban conservar su elevado estado espiritual sin tener que involucrarse en las preocupaciones materiales. La vida en el desierto ofrecía pura trascendencia:
En cambio, la Tierra de Israel implicaba:
Cuando los espías dijeron que Israel era "una tierra que devora a sus habitantes", el Alter Rebe explica que se referían a que las exigencias materiales consumirían su tiempo y energía, impidiéndoles dedicarse plenamente al estudio de la Torá y a la contemplación espiritual.
En otras palabras, los espías se negaron a renunciar a la utopía espiritual del desierto para tener que enfrentar los desafíos de una vida terrenal en la Tierra de Israel.
Pero, ¿estaban realmente tan equivocados al querer dedicar su tiempo y su energía a alcanzar elevadas alturas espirituales? ¡Este parece un ideal noble y sagrado! Quizás deberíamos celebrar a estos puristas espirituales en vez de condenarlos.
Esta perspectiva representa un malentendido básico de la espiritualidad judía. Piensa en esto: Si Dios hubiera querido únicamente espiritualidad pura, ¿por qué nos creó con cuerpos físicos en un mundo material? Evidentemente, Él desea que interactuemos con ese mundo. Este paradigma aparece a lo largo de la Torá, casi todos los mandamientos requieren interacción con el mundo físico: los tefilín necesitan cajas de cuero sobre brazos humanos. La jalá requiere masa auténtica y un horno. La sucá exige habitar una cabaña física. La espiritualidad judía no consiste en escapar del mundo material, sino en transformarlo. Utilizamos los elementos físicos para servir a objetivos espirituales, elevando el mundo mediante nuestro servicio a Dios.
¿Qué tiene que ver esto con la Tierra de Israel?
La Tierra de Israel representa el lugar donde esta misión de santificar lo físico alcanza su máxima expresión. Muchas mitzvot solo pueden cumplirse allí: las fiestas de peregrinaciones, los preceptos agrícolas, la construcción del Templo y muchas otras. Además, como temían los espías, vivir allí obliga a enfrentarse a las realidades de la existencia: ganarse la vida, proteger las fronteras y administrar una sociedad. Pero en contra de las suposiciones de los espías, precisamente esas tareas constituyen la forma más elevada de espiritualidad: hacer descender el cielo a la tierra. Para impregnar esta verdad esencial en el corazón de las personas, Dios ordenó que la primera acción del pueblo al entrar en la tierra fuera grabar toda la Torá en piedra.
La piedra representa la materialidad en su estado más puro: pesada, densa e inerte. La palabra de Dios, la Torá, es exactamente lo contrario: sublime, trascendente, divina. Grabar la Torá en piedra simboliza la presencia de lo divino dentro de lo mundano y resume el propósito del pueblo judío en la Tierra de Israel.(2)
Como ya hemos mencionado, Dios ordenó repetir este proceso tres veces. Si prestamos atención a los versículos, veremos que el lugar del mandamiento cambia en cada repetición: una vez en el lecho del río Jordán, la siguiente en las llanuras de Guilgal y finalmente en el monte Eival. Observemos el patrón:
El mensaje es claro: cada lugar tiene su potencial único y particular, pero la misión nunca cambia. Debemos elevar todos los aspectos del mundo físico para servir a Dios.
Queda aún una pregunta: ¿Por qué 70 idiomas? Porque, para llevar verdaderamente la Torá al mundo y hacer descender la Divinidad a la tierra, el pueblo judío debe convertirse en una luz para las naciones. El Talmud enseña que la humanidad se divide en setenta naciones que hablan setenta lenguas.(3) Al grabar la Torá en todos esos idiomas, cualquier visitante, sin importar su origen, podía acceder a la sabiduría divina en su propia lengua. El mensaje es claro: si Israel cumple correctamente su misión, cualquier persona que llegue a esa tierra podrá percibir la conexión tangible entre el cielo y la tierra y sentirse inspirada para seguir el camino de Dios.(4)
El proyecto de grabar la Torá en piedra fue mucho más que una declaración pública: fue como un retiro estratégico de una empresa antes de lanzar una gran iniciativa. Mientras el pueblo tallaba cada letra en cada uno de los idiomas, iba interiorizando cada aspecto de su misión:
Esta misión interiorizada guiaría al pueblo judío durante generaciones, tanto en la Tierra de Israel como a lo largo de su exilio.
Rav Israel Salanter, fundador del movimiento del Musar, encarnó perfectamente este principio. Un año, antes de Iom Kipur se anunció que él dirigiría las plegarias. Multitudes acudieron para escucharlo en el día más sagrado del año.
La sinagoga estaba llena. Llegó la hora. Todos esperaban... Pero él nunca apareció.
Más tarde descubrieron que cuando iba camino a la sinagoga, oyó llorar a un bebé. Rav Salanter esperó a que apareciera algún familiar para atender al bebé, pero nadie vino. Comprendió que los padres habían dejado solo al niño para asistir a sus plegarias. Entonces entró en la casa y cuidó del bebé hasta que ellos regresaron.
Los padres pensaban que la espiritualidad consistía en ir a la sinagoga. Rav Salanter comprendía que la verdadera espiritualidad comienza atendiendo las responsabilidades concretas y urgentes de este mundo.(5)
La colosal mitzvá de grabar la Torá en piedra nos recuerda que ningún acto espiritual supera a aquel que produce un impacto real en el mundo. Por supuesto, también necesitamos reservar tiempo para cultivar nuestra vida interior.(6) Solo podemos entrar en la Tierra Prometida después de haber vivido en el desierto. Pero en definitiva, nuestra misión consiste en llenar el mundo físico de espiritualidad, haciendo descender el cielo a la tierra.
Al acercarse las Altas Fiestas, examina las circunstancias d etu vida y pregúntate: ¿Estoy viviendo una etapa de "desierto", dedicada al crecimiento espiritual, o una etapa de "trabajar la tierra"? ¿Dónde necesito recuperar el equilibrio?
Si estás profundamente dedicado al estudio, la contemplación o la formación religiosa, pregúntate: ¿He puesto tanto énfasis en mi desarrollo interior que he descuidado mis responsabilidades prácticas? ¿Dónde deben convertirse mis ideas en acciones?
Si, por el contrario, tu vida gira principalmente en torno al trabajo y las obligaciones materiales, pregúntate: ¿Estoy llevando los ideales de la Torá a mi trabajo, mis finanzas y mi hogar? ¿Cómo puedo transformar mis actividades cotidianas en un servicio espiritual?
Que encontremos la fuerza para manifestar la presencia de Dios incluso en los momentos más mundanos.
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