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La expansión del "yo"

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Ajarei Mot-Kedoshim (Levítico 16-20 )

por Rav Dr. Mordejai Schiffman

¿Qué es el amor? Por lo general relegamos su exploración a las artes, pero hay algunos psicólogos que condujeron investigaciones científicas y trataron de entender mejor este concepto tan reticente. Una teoría del amor que tiene ciertas bases empíricas fue presentada por una pareja casada, Arthur y Elain Aron en los años 80. Su teoría, el modelo del amor de la autoexpansión, cuenta con dos componentes principales. Un componente es que por lo general estamos motivados a expandir nuestro propio "yo" al entrar en una relación con otras personas, lo cual ayuda a incrementar nuestro propio potencial y nuestra efectividad. El otro componente es que en este impulso por expandir nuestro "yo" a través de las relaciones, otras personas llegan a estar incluidas en cierto grado en nuestra propia sensación de "yo". Expandimos nuestra identidad para incluir a otros.

Hay dos directivas fundamentales en la Parashat Kedoshim que impactan en gran medida nuestra vida ética y religiosa: Sean santos (kedoshim tihiú), y ama a tu prójimo como a ti mismo (veahavta lereajá kamoja). Ambas directivas son muy abarcadoras, colorean numerosas interacciones e influyen sobre muchas decisiones.

Sin embargo, tanto la santidad como el amor son conceptos abstractos y complejos y no es fácil definirlos. ¿Qué significa realmente ser santo? ¿Qué implica el amor? ¿Acaso es realista esperar que amemos a otra persona tanto como nos amamos a nosotros mismos? En la introducción a su obra talmúdica Sharei Iosher, Rav Shimon Shkop presenta un fascinante análisis que entrelaza estos dos mandamientos de una manera que se refiere al amor como una forma de expansión del "yo".

Una de las dificultades para entender por completo qué significa ser santos, es que el versículo declara que debemos ser santos porque Dios es santo (Vaikrá 19:2). Cualquier definición que presentemos de santidad, debe tener en cuenta la capacidad de describir también a Dios como sagrado. El Midrash agrega una inserción curiosa al texto. Después de ordenarnos ser santos, Dios pregunta retóricamente: "¿Acaso piensas que puedes ser tan santo como Yo?" Eso es imposible, porque "Mi santidad es mayor que tu santidad". Si seguimos la lectura midráshica, nuestra definición de santidad también debe contener un elemento jerárquico respecto a que la santidad de Dios es mayor que la nuestra.

Construyendo sobre estos dos puntos, Rav Shkop busca una definición de santidad que abarque no menos que "toda la base y la raíz de nuestro propósito en la vida". La santidad puede ser definida como existir y actuar en completa dedicación para ayudar a los demás. De tal forma, Dios, Quien creó y dirige este mundo por el bien de otros, sin ningún beneficio "personal", sirve como el máximo paradigma de santidad.

Sin embargo, como lo deja claro el Midrash, nunca podemos llegar a semejante nivel ni debemos aspirar a un grado tan intenso de santidad. Dios nos creó con un ego. A todos nos importa nuestro propio ser. El mandamiento de "amar al prójimo como a ti mismo" fue formulado por Hilel de forma negativa: "No le hagas al otro lo que no te gusta que te hagan". Rav Shkop dice que esto se debe a que cuando se trata de brindar beneficios positivos, es adecuado darnos prioridad a nosotros mismos. Además, Rabí Akiva enseñó que nuestra vida tiene precedencia sobre la vida de los demás, por lo que debemos dar prioridad a salvar nuestra vida antes que salvar a otros. Si bien debemos evitar dañar a otros, de todos modos estamos primero.

El desafío es equilibrar estos dos conceptos que parecen empujar en direcciones diferentes. Por un lado, somos egoístas y nos enfocamos en nosotros mismos. Por otro lado, somos sagrados y hacemos cosas por los demás. Rav Shkop sugiere que la clave para reconciliar estos conceptos se encuentra en nuestra definición del "yo" o "ani". Nuestro punto de partida es con un "Ani" centrado en sí mismo, que sólo se preocupa por el ser físico. Podemos expandir la definición del "yo" e incluir nuestros elementos espirituales. Un paso más adelante sería incluir en nuestro "yo" a los miembros de nuestra familia, y continuar expandiéndolo para incluir a todo el pueblo judío, e incluso a toda la creación.

Ser santo es hacer por otros. Ignorar nuestros propios intereses es un delirio. Debemos comenzar con un "yo" sano y desarrollado, cuyas necesidades psicológicas y físicas sean prioritarias, pero esforzarnos para no quedarnos allí. Trabajamos para expandir nuestra definición de "yo", para preocuparnos y ayudar a tantas personas como podamos, aspirando a ser tan santos como sea humanamente posible.




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