La falsa narrativa del "holocausto de Gaza" en redes sociales

26/11/2025

5 min de lectura

Hay que elegir la creación sobre la destrucción, la educación sobre el adoctrinamiento y la vida sobre la muerte para reconstruir y convertir el mundo en un lugar mejor.

La autora en el Comité de Inmigración, Absorción y Asuntos de la Diáspora de la Knéset. (Crédito de la foto: RAPHAEL POCH)

Necesito hablar de algo que me molesta. De hecho, es más que molestia. Me rompe el corazón y en la misma medida me hace hervir la sangre.

Se trata de una tendencia reciente en las redes sociales por parte de personas en Gaza que afirman: “Sobreviví al holocausto de Gaza”. Si bien la guerra es terrible y toda pérdida de vidas es devastadora, hay cosas que simplemente no son comparables. Necesitamos tener una conversación honesta sobre las palabras, porque las palabras importan. La historia importa. Y lo que más importa es lo que los sobrevivientes eligen hacer con su supervivencia.

Permítanme ser absolutamente clara sobre el Holocausto. El Holocausto fue un genocidio sistemático e industrializado diseñado para erradicar a cada persona judía de la faz de la tierra. Seis millones de judíos fueron asesinados. Hombres, mujeres, niños y bebés –arrancados de los brazos de sus madres– fueron arrojados a cámaras de gas y asesinados de otras maneras. Familias enteras fueron borradas. Comunidades antiguas que habían existido durante siglos, desaparecieron. Un millón y medio de niños judíos fueron asesinados. También fueron exterminados sistemáticamente otros millones de personas (gitanos, personas con discapacidad, homosexuales y prisioneros políticos).

La intención era la aniquilación total. No territorio, no política. Se trataba de exterminar por completo la existencia judía.

Hablemos de Gaza

Ahora, hablemos de Gaza. La proporción de víctimas civiles frente a combatientes en este conflicto ha sido aproximadamente de 1:1, incluso de acuerdo con estimaciones independientes. Esto es increíblemente más bajo que en la mayoría de los escenarios modernos de guerra urbana. En la Segunda Guerra Mundial, esa proporción fue de 3:1. En Irak, fue casi 3:1. El ejército de los Estados Unidos estima que, en la guerra urbana moderna, una proporción típica es de 9:1.

Durante el Holocausto no hubo proporción alguna, porque fue un genocidio puro e intencional de civiles.

El influencer gazatí Saleh Al-Jafaraw, Mr. FAFO, utilizando una calcomanía compartible de Instagram con la frase “Un sobreviviente del Holocausto de Gaza” en árabe e inglés. (crédito: Captura de pantalla de Instagram, sección 27A de la ley de derechos de autor)

En Gaza, Israel proporcionó advertencias de evacuación, abrió corredores humanitarios y suministró ayuda incluso mientras estaba bajo ataque. Los nazis acorralaron a los judíos en guetos y luego en campos de exterminio con fría y metódica precisión. Sin advertencias; sin rutas de escape. Solo muerte.

La población de Gaza ha crecido constantemente en las últimas décadas, de aproximadamente 1.400.000 en el 2005 a más de dos millones en la actualidad. Durante el Holocausto, dos tercios de la población judía europea fueron aniquilados en solo seis años. Ramas enteras de mi árbol genealógico simplemente terminan en la década de 1940 sin que quedaran descendientes. Eso es genocidio. Eso es un holocausto.

La guerra es terrible. Las muertes de inocentes son tragedias. Pero llamar a esto un holocausto es un insulto a los verdaderos sobrevivientes del Holocausto y un intento de borrar el mal específico que se perpetró contra el pueblo judío.

Lo que resulta más preocupante de esta apropiación histórica no es solo el uso de la palabra “holocausto”, lo que ya es lo suficientemente espantoso, sino lo que viene después. Tenemos verdaderos sobrevivientes del Holocausto de quienes aprender, y su ejemplo es extraordinario.

La generación de mis abuelos emergió del infierno literal. Tenían números tatuados en los brazos. Vieron a sus padres, hermanos e hijos ser asesinados. Pueblos enteros fueron borrados; la gente fue obligada a cavar fosas comunes y luego alineada y fusilada dentro de ellas. Los bebés eran lanzados al aire para ser usados como práctica de tiro. Y quienes sobrevivieron a los campos de concentración fueron forzados a marchas de la muerte. Los sobrevivientes de estos eventos tenían todas las razones, todas las justificaciones del mundo, para ser amargados, buscar venganza o renunciar por completo a la humanidad.

¿Qué hicieron? Reconstruyeron.

Reconstrucción, no odio

No enseñaron a sus hijos a odiar. No ataron bombas a sus hijos ni los enviaron a explotar cafeterías alemanas. No exigieron que el mundo sintiera lástima por ellos ni que ellos y las generaciones futuras fueran tratados como sobrevivientes a perpetuidad. No se regodearon en el victimismo.

En cambio, aprendieron nuevos idiomas en nuevos países. Crearon negocios desde cero. Se volvieron a casar después de perder a sus primeras familias. Tuvieron hijos y nietos, no para crear la próxima generación de buscadores de venganza, sino para afirmar la vida misma. Eligieron la esperanza sobre el odio.

Miren lo que ellos construyeron. La contribución judía al mundo después del Holocausto es asombrosa. Somos el 0.2% de la población mundial, pero hemos ganado más del 20% de los Premios Nobel. Los sobrevivientes judíos y sus descendientes han hecho contribuciones innovadoras en medicina, tecnología, ciencia, artes y paz. Construyeron Israel a partir de un desierto, convirtiéndolo en una democracia próspera. Construyeron sus propias comunidades mientras contribuían y fortalecían otras alrededor del mundo.

Cuando los sobrevivientes eligen la creación sobre la destrucción, la educación sobre el adoctrinamiento y la vida sobre la muerte, pueden rehacer el mundo y convertirlo en un lugar mejor.

La decisión que toma cada sobreviviente 

Esto es lo que quiero que entiendan los jóvenes en Gaza, y cualquier otra persona afectada por la guerra y el trauma: ustedes tienen poder, un poder enorme, el poder de decidir qué significa su supervivencia.

Los verdaderos sobrevivientes no solo sobreviven, prosperan. Toman el regalo de la vida y se preguntan: “¿Qué voy a hacer con esto? ¿Cómo puedo hacer que mi familia, mi comunidad y mi mundo sean mejores porque yo sigo aquí?”

El victimismo es seductor. Es fácil. No requiere nada de ti, excepto estar enojado y exigir cosas a los demás. Pero la condición de sobreviviente, el verdadero sobrevivir, exige todo de ti. Exige que crezcas, que construyas y que crees significado a partir del sufrimiento.

Los sobrevivientes del Holocausto que he conocido no tuvieron vidas más fáciles que los demás. Cargaron traumas inimaginables. Durante décadas, muchos se despertaron gritando por sus pesadillas. Pero tomaron una decisión cada día: ser constructores, no destructores.

¿A dónde vamos desde aquí?

Por eso, cuando veo esta tendencia de “Sobreviví al holocausto de Gaza”, no solo veo revisionismo histórico. Veo una oportunidad desperdiciada. Veo a jóvenes a quienes les enseñan a creer que sobrevivir significa reclamar un estatus de víctima en lugar de poder. Eso significa exigir simpatía en vez de construir un futuro mejor.

La guerra es horrorosa. La pérdida es real. El dolor merece reconocimiento. Aun así, la respuesta al sufrimiento es lo que nos define.

¿Usarás tu supervivencia para crear o para destruir? ¿Para construir puentes o para volarlos? ¿Para criar hijos que contribuyan al mundo o que busquen dañarlo?

Los verdaderos sobrevivientes del Holocausto nos mostraron el camino. Demostraron que incluso después del peor mal que la humanidad haya producido, es posible elegir la vida, elegir la creación, elegir la esperanza.

Ese es el legado de los verdaderos sobrevivientes. Eso es a lo que todos deberíamos aspirar.

Por eso las palabras importan. Cuando confundimos guerra con genocidio, no solo distorsionamos la historia, sino que privamos a la próxima generación de los ejemplos más poderosos de resiliencia humana que tenemos.

Aprendan de los verdaderos sobrevivientes, aprendan a construir.

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ManuelYagodnik
ManuelYagodnik
10 días hace

Cuando dejemos de decir quienes somos y los otros comprendan que la vida no se encuentra en la sangre que se derrama sin un fin que merezca un comentario justificativo entonces judíos por naturaleza no nos veremos más en una actitud de auto descripción.Nuestra etnia milenaria perseguida masacrada asesinada por ser lo que es esta humanidad degradada deberá reformularse con mentes preclaras donde el concepto de vida deberá ser único de un valor que no podrá ser destruido jamás.

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