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La génesis del amor

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Bereshit (Génesis 1:1-6:8 )

por Rav Jonathan Sacks

En "La soledad del hombre de fe", Rav Soloveitchik llama la atención sobre el hecho de que hay dos relatos de la creación. El primero en Génesis 1, el segundo en Génesis 2-3, y ambos son significativamente diferentes.

En el primer relato, Dios es llamado Elokim, en el segundo, Hashem Elokim. En el primero, el hombre y la mujer son creados de forma simultánea "varón y mujer Él los creó". En el segundo relato, fueron creados de forma secuencial: primero el varón y después la mujer. En el primer relato, a los humanos se les ordena "llenar la tierra y dominarla". En el segundo, el primer ser humano es colocado en un jardín "para servirlo y preservarlo". En el primer relato, los humanos son descriptos como "a imagen y semejanza" de Dios. En el segundo, el hombre es creado "del polvo de la tierra".

Rav Soloveitchik dice que la explicación es que la Torá está describiendo dos aspectos de nuestra humanidad, a los cuales él llama respectivamente el hombre majestuoso y el hombre del pacto. Somos amos majestuosos de la creación: este es el mensaje de Génesis 1. Pero también experimentamos una soledad existencial, buscamos un pacto y una conexión. Este es el mensaje de Génesis 2.

Sin embargo, también hay otra extraña dualidad; una historia relatada de dos modos bastante diferentes, que tiene que ver no con la creación sino con las relaciones humanas. Hay dos relatos diferentes de la forma en que el hombre dio nombre a la primera mujer.

Este es el primer relato:

"Esta vez es hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada ishá (mujer) porque fue tomada del ish (varón)".

Y este es el segundo relato, varios versículos más adelante:

"El hombre llamó el nombre de su mujer Javá, pues ella fue la madre de todo ser vivo"

Las diferencias entre estos dos relatos son muy importantes.

(1) En el primer relato, el hombre da nombre no a una persona sino a una clase, a una categoría. Él no usa un nombre sino un sustantivo. Para él, la otra persona es simplemente "mujer", una clase, no un individuo. En el segundo relato, le da a su esposa un nombre. Para él, ella se convirtió en una persona por derecho propio.

(2) En el primer relato, Adam enfatiza sus similitudes: ella es "hueso de mis huesos y carne de mi carne". En el segundo, enfatiza la diferencia. Ella puede dar a luz, él no. Podemos oír esto en el sonido mismo de los nombres. Ish e Ishá suenan similares, porque ellos son similares. Adam y Javá no suenan en absoluto parecido.

(3) En el primer relato, la mujer es presentada como dependiente: "ella fue tomada del hombre". En el segundo, es lo contrario. Adam, de la adamá, representa la mortalidad: "Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que regreses al suelo (haadamá), ya que de él fuiste tomado". Javá es quien redime al hombre de la mortalidad al traer nueva vida al mundo.

(4) Las consecuencias de los dos actos de dar nombre son completamente diferentes. Después del primero, viene el pecado de comer el fruto prohibido y el castigo: el exilio del Jardín del Edén. Sin embargo, después del segundo leemos que Dios hizo para la pareja "prendas de cuero" ("or" aquí está escrito con la letra ain), y los vistió. Este es un gesto de protección y amor. En la escuela de Rabí Meir, leían esta frase como "prendas de luz" ("or" con una alef).(1) Dios los vistió con brillo y resplandor.

Sólo después de que el hombre le dio a su mujer un nombre apropiado, vemos que la Torá se refiere a Dios mismo por Su Nombre propio, es decir Hashem (En Génesis 4). Hasta entonces, Él es descripto como Elokim o Hashem Elokim. Elokim es el aspecto impersonal de Dios: Dios como ley, Dios como poder, Dios como justicia. En otras palabras, nuestra relación con Dios es paralela a nuestra relación con otras personas. Sólo cuando respectamos y reconocemos la singularidad de la otra persona, somos capaces de respetar y reconocer la singularidad de Dios mismo.

Volvamos ahora a los dos relatos de la creación, esta vez no para ver qué nos dicen sobre la humanidad (como en "La soledad del hombre de fe"), sino simplemente lo que nos dicen sobre la creación.

En Génesis 1, Dios crea cosas, elementos químicos, estrellas, planetas, formas vivas, especies biológicas. En Génesis 2-3, Él crea personas. En el primer capítulo, Dios crea sistemas. En el segundo capítulo, crea relaciones. Para la perspectiva de la realidad de la Torá es fundamental que estas cosas pertenezcan a mundos diferentes, narrativas diferentes, historias separadas. Formas alternativas de ver la realidad.

También hay diferencias de tono, En el primer relato, la creación no involucra ningún esfuerzo por parte de Dios. Él simplemente habla. Él dice "que haya" y todo se crea. En el segundo relato, Dios está involucrado de forma activa. Cuando se trata de crear al primer hombre, Él no se limita a decir "Creemos un hombre a nuestra imagen y semejanza". Dios mismo lo crea, como un escultor que forma una imagen con barro: "Entonces Hashem Elokim formó al hombre del polvo de la tierra e insufló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo".

En Génesis 1, sin ningún esfuerzo Dios da existencia al universo. En Génesis 2, Él se convierte en un jardinero: "Ahora Hashem Elokim sembró un jardín…". Podemos preguntarnos por qué Dios, que acababa de crear todo el universo, necesitaba convertirse en un jardinero. La Torá nos da la respuesta y es muy conmovedora: "Hashem Elokim tomó al hombre y lo puso en el Jardín del Edén para trabajarlo y cuidarlo". Dios quiso darle al hombre la dignidad del trabajo, de ser un creador y no ser sólo una creación. Y en caso de que el hombre pudiera ver esa tarea como algo indigno, Dios mismo se convirtió en un jardinero para mostrarle que también eso era un trabajo Divino, y que al realizarlo, el hombre se convierte en socio de la obra de la creación.

Entonces encontramos un versículo extraordinariamente conmovedor. "Hashem Elokim dijo: 'No es bueno que el hombre esté solo. Le haré una ayuda idónea para él'. Dios se compadece del aislamiento existencial del primer hombre. No hubo algo así en el capítulo previo. Allí, Dios simplemente creó. Aquí, Dios empatiza. Él entra en la mente humana. Siente lo que nosotros sentimos. No hay un momento similar en ninguna otra parte de toda la literatura religiosa antigua. Lo que es radical sobre el monoteísmo bíblico no es que sólo haya un Dios, no sólo que Él es la fuente de todo lo que existe, sino que Dios está más cerca de nosotros de lo que nosotros mismos lo estamos. Dios entiende la soledad del primer hombre incluso antes de que él mismo la reconozca.

Esto es lo que nos dice el segundo relato de la creación. Crear cosas es relativamente sencillo. Crear relaciones es difícil. Veamos la tierna preocupación que Dios manifiesta por los primeros seres humanos en Génesis 2-3. Él quiere que el hombre tenga la dignidad del trabajo. Él quiere que el hombre reconozca que el trabajo mismo es algo Divino. Él le da al hombre la capacidad de poner nombre a los animales. Él se preocupa cuando ve surgir la soledad. Él crea a la primera mujer. Observa, exasperado, cómo la primera pareja comete su primer pecado. Finalmente, cuando el hombre le da a su esposa un nombre adecuado, reconociendo por primera vez que ella es diferente a él y que puede hacer cosas que él nunca podrá hacer, entonces Dios los viste a ambos, para que no vayan desnudos por el mundo. Este es el Dios no de la creación (Elokim) sino del amor (Hashem).

Esto es lo que hace que el relato doble de la forma en que se puso nombre a la primera mujer sea de forma tan significativa un paralelo del relato doble de la creación del universo. Tenemos que crear relaciones antes de encontrar al Dios de las relaciones. Tenemos que hacer espacio para la diferencia de los otros humanos para poder ser capaces de hacer espacio para la singularidad de la Divinidad. Tenemos que dar amor antes de poder recibir amor.

En Génesis 1, Dios crea el universo. No podemos imaginar nada más vasto y constantemente seguimos descubriendo que el universo es más grande de lo que pensábamos. En el año 2016, un estudio basado en imágenes tridimensionales producidas por el telescopio espacial Hubble, concluyó que hay entre 10 y 20 veces más galaxias de las que pensaban previamente los astrónomos. Hay más de cien estrellas por cada grano de arena que hay en la tierra.

Sin embargo, al mismo tiempo que habla de la panoplia de la creación, la Torá nos dice que Dios se tomó el tiempo de insuflar aliento de vida al primer ser humano, de darle un trabajo digno, de entrar en su soledad, crearle una esposa y vestirlos a ambos con prendas de luz cuando llegó el momento de dejar el Jardín del Edén y abrirse camino en el mundo.

La Torá nos está diciendo algo muy fuerte. Nunca pienses en las personas como si fueran cosas. Nunca pienses en las personas como clases; son individuos. Nunca estés satisfecho creando sistemas; preocúpate por las relaciones.

Yo creo que las relaciones son el lugar donde la humanidad nace, crece y florece. Al amar a las personas aprendemos a amar a Dios y sentimos por completo cuánto Él nos ama.

¡Shabat Shalom!


NOTAS

(1) Bereshit Rabá 20:21




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