La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


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Irán no es solo una amenaza militar. Es un sistema de opresión que mantiene cautivas a 90 millones de personas, evocando la historia de Pésaj.
El año pasado, en una reunión en Washington conmemorando el aniversario del Día D, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le comentó al canciller alemán Friedrich Merz que el 6 de junio de 1944 no fue “un día agradable” para Alemania.
Merz respondió simplemente: “Es cierto, pero fue la liberación de mi país de la dictadura nazi”.
Es impactante. Un líder alemán expresando gratitud por una guerra que devastó a su país, porque esa guerra hizo posible su futuro. Los Aliados estuvieron dispuestos a sacrificarse no solo por su propia supervivencia, sino para liberar a la propia Alemania de un régimen que la había consumido.
La Segunda Guerra Mundial trató de desmantelar un sistema de opresión y hacer posible un futuro diferente, tanto para quienes fueron atacados como para quienes quedaron atrapados dentro de ese sistema.
En su momento, la Segunda Guerra Mundial se entendió como una lucha por la supervivencia. En retrospectiva, emerge su significado más profundo: se trató de desmantelar un sistema de opresión y hacer posible un futuro diferente, tanto para quienes fueron atacados como para quienes estaban atrapados dentro de ese sistema.
Como dijo Winston Churchill, el objetivo era nada menos que asegurar que no fueran extinguidas “las luces de la libertad”.
Hoy, gran parte del debate en torno a la guerra con Irán es limitado y táctico. ¿Se neutralizará la amenaza? ¿Se lograrán los objetivos? ¿Habrá un resultado decisivo? Estas son preguntas importantes, pero no capturan la realidad completa de lo que está ocurriendo.
Irán no es solo una seria amenaza militar para Israel, Estados Unidos y muchos otros. Hay decenas de millones de personas viviendo bajo regímenes que suprimen la libertad. Solo en Irán, 90 millones de personas viven bajo un sistema que castiga la disidencia, controla el pensamiento y exporta inestabilidad mucho más allá de sus fronteras. Ese mismo sistema se extiende a Líbano, Yemen, Irak y otros lugares, atrapando a sociedades enteras en ciclos de violencia y fracaso.
La guerra actual, que en realidad comenzó el 7 de octubre del 2023, cuando un grupo proxy respaldado por Irán llevó a cabo una brutal masacre (alimentada con años de financiación, entrenamiento y apoyo iraní), no es solo una confrontación con una amenaza. Es una confrontación con una estructura de opresión que ofrece esperanza tanto de salvación como de libertad. Cuando tales estructuras se debilitan, incluso si no se desmantelan por completo, algo profundo comienza a suceder. Las condiciones para la libertad empiezan a surgir.
El lenguaje del Éxodo se convirtió en el lenguaje mismo de la libertad. Pero antes de ser un canto, fue una confrontación.
Esto hace eco de la historia de Pésaj, el modelo de esperanza humana frente a la opresión a lo largo de la historia. No es casualidad que los afroamericanos esclavizados recurrieran a esta narrativa, dando voz a su lucha a través del espiritual:
“Desciende Moshé a la tierra de Egipto, y dile al faraón: deja ir a mi pueblo”.
El lenguaje del Éxodo se convirtió en el lenguaje mismo de la libertad.
Pero antes de ser un canto, fue una confrontación.
Moshé se presentó ante el faraón y desafió al régimen más poderoso de su tiempo, y uno de los sistemas de opresión más absolutos de la historia: un régimen que esclavizó al pueblo judío durante generaciones, ejerciendo un control tan absoluto que, como enseña el Midrash, ningún esclavo pudo escapar.
Cuando Moshé entró en la contienda, al principio las cosas empeoraron. El sufrimiento aumentó y la presión se intensificó. De hecho, Dios le dijo a Moshé que eso era lo que ocurriría.
Un sistema entero debía ser desmantelado y deslegitimado antes de que un pueblo pudiera ser libre.
Pésaj es la historia de cómo la liberación se vuelve posible.
Los Sabios enseñan: “Ábreme una apertura como el ojo de una aguja, y yo te abriré como la entrada de un gran salón”. La redención puede venir de lo alto, pero comienza con la iniciativa humana. Alguien debe dar el primer paso antes de que el resultado sea claro.
Hoy estamos presenciando no solo una lucha por la seguridad, sino una confrontación con fuerzas que moldean la vida de millones más allá de nuestro horizonte inmediato. El resultado es incierto y los costos son reales, pero lo que está en juego va mucho más allá del campo de batalla inmediato.
La Hagadá nos recuerda: “En cada generación, se levantan contra nosotros para destruirnos”. Esto es un recordatorio de que la lucha entre la opresión y la libertad, entre la luz y la oscuridad, continúa a lo largo de las generaciones. Hoy es la República Islámica de Irán la que lidera la lucha contra Dios y Su pueblo.
El debilitamiento de los sistemas opresivos, incluso si es incompleto, puede abrir la puerta a un futuro diferente. Actos de valentía, realizados sin certeza, pueden transformar la realidad de maneras que solo se vuelven visibles más adelante.
Necesitamos luchar contra las fuerzas opresivas para hacer posible la libertad.
El resultado no está garantizado. Al propio Moshé Dios le dijo que el proceso implicaría retrocesos y que las condiciones empeorarían antes de mejorar.
Pero sin ese primer paso, nada habría cambiado.
Ese es el mensaje perdurable de Pésaj. Necesitamos enfrentar a las fuerzas opresivas para hacer posible la libertad.
Esto comienza con la claridad para nombrar el mal, exige el coraje para confrontarlo y se desarrolla a través de acciones emprendidas mucho antes de que el resultado sea seguro.
Cuando eso sucede, la historia puede cambiar, no solo para un pueblo, sino para muchos millones de personas, y para el mundo entero.
En momentos como este, damos gracias a Dios, y a los Estados Unidos e Israel por enfrentar a las fuerzas de opresión. Tal valentía no garantiza el éxito, pero transformará la historia, debilitará regímenes destructivos y, con la ayuda de Dios, abrirá el camino hacia una mayor libertad para las generaciones futuras.
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