Seis lecciones del 11 de septiembre
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Devarim, 32:7: “Acuérdate de los días antiguos; comprende los cambios de cada generación; pregunta a tu padre y él te lo dirá; [pregunta] a tu anciano y él te hablará”.
El versículo en Haazinu nos instruye a recordar la historia y a comprender los cambios de cada generación. La parte final del versículo parece no estar relacionada con las dos primeras cláusulas. Nos dice que preguntemos a nuestro padre y a los ancianos, pero no explica a qué se refiere. Rav Eljanan Wasserman explica que el versículo nos enseña que, de la misma manera que debemos comprender la Torá, también debemos contemplar todos los acontecimientos del mundo y entenderlos a través de la lente de la Torá. La manera de hacerlo es preguntando a los ancianos que tienen más experiencia en el mundo, y a los Sabios de la Torá que efectivamente ven el mundo a través de un lente de Torá.
Esta idea no se limita únicamente al estudio de la historia judía, sino que es esencial ver la mano de Dios en toda la historia. Rav Wasserman cita versículos que indican que el propósito de toda la historia es por el bien del pueblo judío. De hecho, la Guemará nos dice que el sufrimiento sólo llega al mundo por el bien del pueblo judío, lo que significa que sirve para enseñarnos una lección.
De manera similar, Rav Avigdor Miller escribe sobre el valor de Torá de estudiar la historia general:
“Al examinar su historia pasada, cada persona puede descubrir una gran red de planes y propósitos intrincados, que la hacen consciente de la guía constante de Dios en los pasos del individuo. Al examinar los acontecimientos de la historia de la humanidad, uno se vuelve consciente de la guía de Dios en los asuntos de las naciones”.(1)
En este sentido, Rav Iaakov Astor(2) señala que el estudio general de la historia en el mundo, incluidos muchos libros de historia usados en escuelas observantes, carece totalmente de una perspectiva de Torá, lo que puede tener un efecto desensibilizador en los estudiantes de historia, llevándolos a ver los acontecimientos de manera puramente secular, desvinculados de la idea de que hay una Mano guiando o un propósito en los eventos.
Aunque reconoce que nunca podemos estar completamente seguros de por qué ocurren eventos específicos, Rav Astor cita a Rav Miller, quien afirma que siguiendo los principios expuestos por los Sabios, uno puede discernir un plan general. En consecuencia, el Rabino Astor (con aprobación de Sabios de la Torá) escribió un libro completo intentando ver la Providencia Divina en algunos de los principales acontecimientos mundiales del siglo XX. Él presenta numerosos casos, algunos más evidentes que otros, donde ciertos eventos aparentemente menores cambiaron el curso de la historia de manera monumental. Varios de estos ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial, que es el ejemplo más claro del choque entre el bien y el mal total, y donde si el lado del mal hubiera prevalecido, las consecuencias para el pueblo judío y el mundo entero habrían sido aún más devastadoras de lo que ya fueron.
Un evento clave en esta guerra fue la Batalla de Gran Bretaña.(3) Para fines de mayo de 1940, los alemanes habían invadido la mayor parte de Europa. Rusia no entraría en la guerra hasta un año después, y Estados Unidos varios meses más tarde. El único bastión restante contra el avance alemán era Gran Bretaña. La estrategia alemana para la invasión de Inglaterra, llamada “Operación León Marino”, consistía en obtener primero la superioridad aérea sobre el enemigo, lo que facilitaría una invasión alemana. Para lograrlo, atacarían a la RAF, la Fuerza Aérea Británica. Los alemanes estaban muy confiados en el éxito de esta guerra aérea, ya que su Luftwaffe superaba en número a la británica casi cuatro a uno, con 1.300 bombarderos, 760 cazas y 300 bombarderos en picado.
Rav Astor narra cómo se desarrolló esta batalla:
“Ola tras ola de bombarderos y cazas nazis, generalmente en tres niveles, atacaron convoyes en el Canal de la Mancha, así como aeródromos y estaciones de radar vitales en tierra, con la intención de asestar un golpe mortal a la RAF. Los pilotos británicos lucharon valientemente desde el principio. Pero a mediados de agosto, la Luftwaffe intensificó los ataques, golpeando los objetivos más estratégicos de Inglaterra. La RAF se estaba agotando y realmente se estaban quedando sin pilotos… A medida que avanzaba agosto, Goering(4) estaba lo suficientemente confiado para asegurar a Hitler que unos días más de ataques concentrados sobre la RAF permitirían que la operación “León Marino” prosiguiera. Justo entonces, cuando la situación parecía más sombría, un ‘giro del destino’ cambió el curso de la batalla… y de la historia”.
En ese mismo momento, cuando la situación era más crítica, un evento aparentemente menor cambió el curso de la batalla y de la historia. Las órdenes de la Luftwaffe eran destruir bases militares y arsenales, pero evitar bombardear civiles por miedo a represalias sobre ciudades alemanas. Sin embargo, una noche, una flotilla de bombarderos alemanes perdió su rumbo. Sin darse cuenta de que estaban directamente sobre Londres, lanzaron sus bombas, destruyendo casas y matando civiles. Los británicos efectivamente respondieron y bombardearon civiles en Berlín. La incursión no mató a ningún berlinés, pero el efecto sobre los alemanes fue devastador. Goering había prometido que nunca caerían bombas sobre Berlín. Los bombarderos de la RAF continuaron bombardeando Berlín, y Hitler, al cambiar su política, ordenó que sus aviones pasaran de atacar objetivos militares a objetivos civiles. Esta decisión fue muy popular en Alemania, pero, por consenso, le costó la Batalla de Gran Bretaña y, según muchos, en última instancia, la guerra.
Los alemanes efectivamente causaron grandes daños en Gran Bretaña: cientos murieron, miles resultaron heridos y decenas de miles quedaron sin hogar. Sin embargo, a pesar del gran terror y la masacre de civiles, este cambio en la estrategia alemana brindó un respiro crucial a la RAF, permitiéndole reparar sus aeródromos, equipos, restablecer comunicaciones y recuperar fuerzas. Las fábricas de aviones británicas pudieron continuar la producción. Eventualmente, los alemanes desistieron en su intento de invadir Gran Bretaña, y la Batalla de Gran Bretaña fue ganada. Además de asegurar que un bastión contra los alemanes permaneciera hasta la entrada de rusos y estadounidenses en la guerra, Rav Astor señala que esta batalla fue clave también a nivel psicológico: “La victoria británica marcó la primera falla de la maquinaria de guerra de Hitler. También señaló un cambio en la opinión estadounidense en un momento en que muchos estadounidenses creían que Gran Bretaña no podría sobrevivir”.(5) Además del "error" de los bombarderos alemanes, el hecho de que Hitler alterara su estrategia de manera tan imprudente también indica la existencia de una Mano Oculta.
Rav Astor observa:
“Los historiadores seculares a menudo emplean el término ‘mala suerte’ o ‘pura casualidad’ para describir eventos como aquel que desvió a los bombarderos nazis, causando que bombardearan Londres y cambiando el curso de la guerra. Sin embargo, la perspectiva de la Torá entiende que es la mano de Hashem la que mueve a los ‘jugadores’ en el campo de juego, no los paneles de instrumentos ni los mapas de navegación”.(6)
Estudiar historia a través de los ojos de la Torá puede llevarnos a una gran Emuná y apreciación de la Providencia Divina.
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