La historia de una mujer que no dejó que el dolor la definiera

24/12/2025

8 min de lectura

Orit perdió a su padre en un atentado, a su hermano en un accidente y a otro hermano y un primo en la guerra. Pero eligió vivir y traer luz al mundo.

Mark Ettinger creció en Otniel, una pequeña localidad de Judea. El nombre hebreo Orit significa “luz”, una palabra que llegaría a sentirse dolorosamente irónica después de lo que ocurrió el primer día de las vacaciones de verano, un viernes que ella recuerda como “el día más feliz de mi vida”.

Aquella mañana, los padres de Orit salieron rumbo a Jerusalem con dos de sus diez hijos, para pasar Shabat en la casa de sus abuelos. Pedaia, de 15 años, y Tehilá, de 14, iban con ellos en el coche. Los demás hermanos se quedaron en el barrio con familiares y amigos. La propia Orit permaneció en Otniel, planeando pasar Shabat con su primo Eljanán y su esposa, Shlomit.

Llevaban solo seis minutos de viaje cuando terroristas emboscaron el coche.

Se desató un tiroteo: 29 balas en total. La primera alcanzó a Tehilá en el estómago. La mayoría de las balas impactaron en la cabeza y la columna del padre de Orit. El disparo final atravesó el ojo de su madre, provocando una lesión masiva que se extendía desde la frente hasta la parte superior de la mejilla. Pedaia fue el único que no recibió un disparo, pero resultó herido por los vidrios que estallaron a su alrededor.

La fuerza del ataque volcó el coche, dejándolos atrapados dentro. Un hombre árabe acudió en su ayuda, los ayudó a salir del vehículo destrozado y a encontrar asistencia.

El auto de los padres de Orit

Gracias a ese hombre árabe, la madre de Orit hoy está viva. Lamentablemente, la lesión le dejó una personalidad alterada y psicosis. Durante un año habló por teléfono con su esposo fallecido, creyendo que aún estaba vivo. Tiene una cuidadora a tiempo completo.

Orit explicó: “Si bien hoy mi madre es consciente de la muerte de mi padre, su personalidad no es la misma. La lesión afectó el funcionamiento de su cerebro, pero puede caminar por la calle y aparenta estar bien. Es un milagro que esté viva. Es una mujer increíble”.

Los padres de Orit, Rav Mijael Mark, z”l, y su madre Java

Pedaia y Tehilá también sobrevivieron y eventualmente sirvieron en las FDI.

Aprender a vivir de nuevo

Cuando asesinaron al padre de Orit, ella era apenas una adolescente. Se quedaba en la cama y lloraba. Su desesperanza se agravó por la ausencia de su madre, que se recuperaba en el hospital.

Pero rápidamente Orit avanzó con positividad. Quería ser feliz y continuar viviendo para honrar a su padre.

Al principio pensó que podría manejar la casa como cuando sus padres se ausentaban, pero la realidad se impuso rápidamente: no iba a ser tan sencillo. Su hermana mayor, Shira, asumió el rol de dirigir el hogar, mientras que su hermano mayor, Shlomi, se convirtió en la figura paterna de la casa. Él hacía kidush los viernes por la noche y se convirtió en el referente de los demás niños.

Tuvieron que empezar de nuevo y aprender a adaptarse a sus nuevas vidas. Mucha gente de su comunidad y del país los apoyó.

One Family es una organización que literalmente nos tomó de la mano desde el principio”, dijo Orit. “Desde que mi madre estaba en el hospital, estuvieron a nuestro lado. Unos meses después del atentado, me llevaron a Canadá por una semana para relajarme y pasar tiempo con otras mujeres que también habían perdido a alguien cercano. Para mí era importante saber que no estaba sola en esta situación”.

Orit eligió mirar hacia afuera y ver cómo podía ayudar a los demás.

Mientras estaba sentada en el hospital junto a su madre herida, Orit notó cuántos pacientes yacían solos, sin nadie que los visitara. Pensó en cuánto podría cambiar la vida de alguien si siquiera una persona pasara tiempo con ella, brindando atención, presencia y amor.

“Decidí que donde no hubiera luz, yo podía ser la luz”.

Orit fundó la organización Or Mijael, llamada así en honor a su padre fallecido. La organización provee voluntarios para visitar a enfermos y heridos en hospitales de todo Israel y ha ayudado a muchísimas personas.

“No solo vivimos en el mundo, podemos cambiar el mundo y cambiar vidas”.

Orit explica que no finge no estar triste. Siente rastros de tristeza todo el tiempo, pero elige enfocar su mente en lo positivo, como los milagros que ha vivido y lo que tiene ahora, a pesar de lo que le falta.

Más pérdidas

Menos de tres años después del asesinato de su padre, su hermano Shlomi (que servía en el Mosad) acababa de ayudar a una familia tras un atentado terrorista. De repente, un coche beduino sin matrícula pasó y lo atropelló.

Durante dos días, su estado fue crítico.

“Pensé: no hay manera de que muera alguien más. No hay manera. Me dije: el rayo no cae dos veces en el mismo lugar”.

Un domingo por la mañana, después de que Orit rezara con toda su alma, los médicos lo declararon muerto.

Orit se rindió y le dijo a Dios: “No tengo idea de lo que estás haciendo”.

El hermano de Orit, Shlomi, acompañándola a la jupá en su boda

Después de la muerte de su padre, Orit vio mucha luz en su vida: conoció a su futuro esposo durante la shivá; hizo su servicio nacional con One Family y pudo ayudar a otras personas en su misma situación; y fundó Or Mijael. Con todas esas bendiciones, vio con sus propios ojos que podía haber luz después de la oscuridad. Pero cuando murió su hermano, sintió que era demasiado.

“La segunda vez fue mucho más difícil. La primera vez no sabes adónde vas; la segunda es mucho más dura porque sabes lo difícil que es. Conoces el camino que tendrás que recorrer”.

Shlomi había completado una tarjeta de donación de órganos y, tras su fallecimiento, salvó la vida de cinco personas.

“Imaginen: el mismo día en que yo estaba tan triste, el día de la muerte de mi hermano, el día más triste de mi vida, para cinco familias fue el día más feliz de sus vidas. Eso es perspectiva. Hay un mundo grande ahí afuera. Dios sabe exactamente lo que hace, incluso si yo no lo entiendo”.

Propósito desde el dolor

Orit le preguntó a Dios: “¿Por qué? ¿Por qué el dolor? ¿Por qué los accidentes de auto, las enfermedades, las dolencias crónicas, la guerra, el antisemitismo?”.

Pero entonces vivió una experiencia que renovó su esperanza.

Un día en Jerusalem, una mujer la detuvo y le dijo: “Orit, te sigo en Instagram. Tienes una enfermedad crónica, igual que yo”.

La mujer contó que había luchado contra una enfermedad terrible durante diez años, y que ver a Orit compartir públicamente su lucha lo cambió todo.

“Del dolor podemos ayudar a otros. No elegimos nuestro dolor, pero si desde nuestro dolor ayudamos a las personas, prevalecemos. Cuando un rayo de luz se fragmenta, crea muchas lucecitas más, como un arcoíris”.

7 de octubre de 2023

Orit publicó un libro sobre su historia titulado Broken Ray of Light (Un rayo de luz fragmentado), y un mes después Hamás atacó a Israel.

El 7 de octubre a las 8:30 de la mañana, su hermano menor fue a Kfar Aza a combatir con sus soldados. Sus primos, Menajem, Etiel y Eljanán, fueron al kibutz Beeri para ayudar a la gente, salvando a más de cien personas.

Una de las sobrevivientes que Eljanán, Etiel y Menajem salvaron era una mujer en la 40 semana de embarazo. El bebé, Arbel, está vivo gracias a ellos.

Pero Menajem resultó herido y Eljanán fue asesinado.

Orit con el presidente Herzog

Eljanán era muy cercano a Orit. Tras la muerte de su padre, fue él quien la presentó al hombre que se convertiría en su esposo. Cuando lo mataron, Orit pensó que no podría seguir adelante.

Después de la muerte de Eljanán, un oficial de las FDI llamó a Orit y le pidió que fuera al norte para dar ánimo a los soldados.

“Yo estaba realmente destrozada. Fue la primera vez en mi vida que dije: ‘No puedo. No tengo fuerzas. No sé cómo manejar esto yo misma. ¿Cómo podré ayudar a otros?’ Empecé a decir: ‘Lo siento mucho, pido disculpas…’”.

Entonces pensó: ¿una madre quiere que su hijo vaya a luchar a Gaza? No. ¿Alguien quiere subirse a una ambulancia y retirar cuerpos sin vida? No. Nadie quiere eso, y nadie quiere la guerra. Sin embargo, estamos en guerra ahora mismo. Solo hay una opción: ganar. Y si ellos están luchando en las FDI, en el norte o en el sur, entonces yo también tengo que ayudar.

Después de hablar con los soldados, alguien se le acercó y le dijo: “Está bien. Tenemos que encontrar la luz, y todo lo que dijiste… pero ¿cómo?”.

Orit no sabía qué responder.

Entonces pensó en la historia de su propia familia. Después del Holocausto, todos fueron asesinados y quedó una sola persona que hizo aliá a Israel, donde se casó y tuvo un hijo: Beni Kalmenson.

Y Beni tuvo un hijo: Eljanán.

Y el 7 de octubre, Eljanán salvó a cien personas. Y si su abuelo hubiera elegido no continuar, esas personas no estarían vivas.

Gracias a ellos, podemos vivir nuestras vidas.

Tenemos una responsabilidad: despertar por la próxima generación, y también por todas las personas que fueron asesinadas en el pasado para que nosotros pudiéramos vivir.

Tenemos la responsabilidad de continuar.

Tras esa experiencia inicial, Orit habló ante muchos grupos de soldados que se dirigían a Gaza.

Un día, después de una charla, se encontró con un primo y un tío que estaban en servicio activo, y pudo sentarse a conversar con ellos en una oficina. Al cabo de unos minutos, entraron varios soldados en la sala.

“Los vi y dije: ‘¡Dios mío! Realmente aprecio todo lo que están haciendo para ayudarnos. Gracias, gracias, gracias…’”

La interrumpieron.

“¿Eres Orit?”, preguntaron.

“Sí, soy yo. ¿Por qué?”

Los soldados dijeron solemnemente: “Queríamos informarte que tu hermano, Pedaia, murió en Gaza”.

¡NO!

Gritó: “¡Sé que me están mintiendo, no es posible!”.

“Ni siquiera lloré. Estaba totalmente en shock. A mi padre lo asesinaron en el 2016. Mi hermano mayor murió sirviendo en el Mosad. Eljanán acababa de morir en Beeri. No había manera de que mi hermano menor también hubiera muerto”.

Soportó otro funeral. Volvió a sentarse en shivá con su familia.

“Cuando una familia pierde a una persona, eso destruye a la familia. A menudo la gente ni siquiera se levanta de la cama… Pero incluso después de haber soportado pérdida tras pérdida, hoy sé que hay luz”.

Orit mencionó: “Es realmente muy duro. El dolor no desaparece, pero elijo encontrar la luz y el sentido, especialmente al hablar en público”.

Orit describió a una familia que perdió a su hijo en la guerra. “No lograron seguir adelante después de perder a su hijo. Y después de mi charla, dijeron que ese fue el punto de inflexión de sus vidas”.

Orit ve su vida dividida en dos partes: las cosas que están en sus manos y las que no.

“Las cosas que no puedes cambiar, déjalas de lado. Consumen una enorme cantidad de energía. No las toques. Toma toda tu energía y viértela en las cosas que sí están en tus manos. Concéntrate en la clase de persona que estas eligiendo ser”.

El mensaje final de Orit

A pesar de circunstancias horribles, Orit ha aprendido que la felicidad es una elección. “Estar triste o feliz no depende de las circunstancias de tu vida. Depende de tus decisiones. La vida puede ser insoportablemente dura y, aun así, elegimos cómo presentarnos”.

Cuando las personas mueren, han completado su misión. Si tú sigues aquí, Dios está diciendo: te necesito aquí. El mundo te necesita. “Tu luz falta si no estás aquí”.

Lo más importante: dedica unos minutos cada día a agradecer las bendiciones que aún tienes, a pesar de tu pérdida. Este momento de gratitud puede ser simple. O profundo. Pero Orit cree que entrena al cerebro para notar lo bueno, incluso en los momentos más oscuros.

“Puedes llorar. Puedes sentir dolor. Y aun así puedes amar tu vida. No son contradicciones”.

A pesar de años de dolor y desafío, Orit ha elegido seguir sonriendo. Se despierta cada mañana a las 4:30, ya que es panelista en un programa de televisión de las 6 am en el Canal 13. También da conferencias en todo el mundo, compartiendo herramientas de esperanza y resiliencia con audiencias globales. Está casada y tiene dos hijos, a quienes describe como las luces de su vida.

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