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Pero no cualquier israelí, Eyal Waldman ha ayudado a construir lazos entre palestinos e israelíes, a pesar de que su hija fue asesinada el 7 de octubre.
Hay gestos que valen más que mil palabras. Y hay rechazos que también.
Esta semana se viralizó en las redes un video filmado en Venecia. En él se ve a un hombre que se acerca, con calma, a un grupo de manifestantes propalestinos. Tiende la mano. Dice su nombre: Eyal Waldman. Ofrece paz.
La respuesta que recibe son gritos e insultos.
This short video from Italy tells you everything you need to know about the Israeli-Palestinian conflict and about the anti Israel protesters around the world pic.twitter.com/QhX7eCwHh3
— The Uri (@uricohenisrael) May 6, 2026
Eyal Waldman es un israelí que fundó una empresa tecnológica y que, durante años, contrató de manera deliberada a ingenieros de Gaza. No como gesto político, sino porque creía que el trabajo compartido construye puentes que promueven la paz y la convivencia. Eyal también donó 360.000 dólares a un hospital en Gaza y ha dedicado gran parte de su vida adulta a tender lazos entre israelíes y palestinos.
Eyal también ha vivido el conflicto en carne propia. El 7 de octubre de 2023, su hija fue asesinada en el festival Nova por terroristas de Hamás.
Piénsalo por un momento. Un hombre que perdió a su hija en el ataque más brutal contra el pueblo judío desde el Holocausto, un hombre que aun así extiende la mano, que aun así busca el diálogo, que aun así cree que es posible un futuro distinto.
Ese hombre fue rechazado a gritos por un palestino.
Es fácil quedarse con la anécdota, con la imagen impactante del rechazo y los insultos. Pero hay algo más profundo que merece atención.
El manifestante no gritó en defensa propia o porque Eyal lo confrontaba, el manifestante rechazó a alguien que le ofrecía precisamente lo que, en teoría, toda su causa proclama: convivencia, diálogo, paz. Lo rechazó en el instante en que supo que era israelí. Sin escucharlo. Sin saber su historia. Sin conocer el nombre de su hija que fue asesinada por terroristas palestinos.
"Habrá paz cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros." — Golda Meir
Las palabras de Golda Meir, pronunciadas décadas atrás, resuenan hoy con una claridad incómoda. Para que haya paz se necesitan dos partes. Por ahora, como vemos en el video, solo hay una.
La historia de Eyal Waldman es una historia sobre lo que significa "tender la mano" cuando tienes todo el derecho del mundo para "cerrar el puño".
Es más fácil odiar desde la comodidad de una plaza en Venecia que construir desde la devastación de haber perdido a una hija. Waldman ha elegido lo segundo. Y esa elección merece respeto, independientemente de las opiniones políticas de cada uno.
La paz no es un eslogan. No se proclama en pancartas ni se grita en manifestaciones. La paz se construye gesto a gesto, conversación a conversación. Comienza cuando alguien tiende la mano. Y avanza cuando el otro, en lugar de rechazarla, la toma.
Mientras eso no ocurra, mientras el odio sea más fuerte que el deseo de diálogo, la declaración de Golda Meir seguirá siendo, dolorosamente, la más vigente de todas.
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El palestino no conoce la historia y por tanto actúa con lo único que tiene:
Odio, odio hacia los israelíes, odio hacia los judíos. La nobleza de este hombre no es para demostrarla en una manifestación pro-odio (pro-palestina es lo mismo). Así que, a mi juicio, se equivocó de lugar y de momento. Creo que su historia merece ser difundida en los medios. Contada en público y quizás en boletines que reparta en Gaza. Perdón pero para mí se equivocó!!!
Es un ser humano noble, buscando trascender y encontrar sentido en medio de toda esta locura. Pero tenemos que aprender la lección.
Así como en otros contextos de relaciones nocivas sabemos que, cuando se trata de un psicópata, un acosador o un narcisista todas las acciones positivas o de apertura o muestras de amor van a traer todo lo contrario y dañan más de lo que ayudan, es lo mismo y más con estos asesinos.
Ellos sólo buscan muestran destrucción, aniquilación, muerte y desgracia, mientras que al mismo tiempo actúan como las víctimas.
Toda esa nobleza se debe de invertir en nuestro propio pueblo, no faltan víctimas reales, huérfanos, viudas y viudos que necesitan ese apoyo y recursos para salir adelante. Así que empecemos mejor con los nuestros.