La historia judía de Viena

02/12/2025

17 min de lectura

Desde la época medieval hasta la actualidad, descubre la fascinante historia de los judíos de Viena y sus impactantes lecciones sobre el antisemitismo.

La comunidad judía de Viena tiene una historia fascinante pero trágica. Es una ciudad donde los judíos fueron poderosos financieros, asesores, ganadores del Premio Nobel y psicólogos de renombre mundial. Sin embargo, en esta misma ciudad, los judíos fueron expulsados tres veces, sus hogares y sinagogas fueron destruidos, y aun en los mejores tiempos vivieron en un ambiente de antisemitismo abierto. No es coincidencia que Hitler fuera austríaco que vivió en Viena durante años, y que muchas de sus ideas surgieran en ese período.

El primer judío – Asesor financiero del duque

Aunque en Viena hubo presencia judía desde el siglo X, los primeros judíos registrados llegaron a finales del siglo XII. El primer judío, conocido como Shalom (Salomón), fue un experto en acuñar monedas y asesor financiero del duque Leopoldo V, y su presencia fue documentada en 1194. En un patrón cruel que se repetiría en la historia vienesa, en 1196 Shalom y otros 15 judíos fueron asesinados por cristianos de la Tercera Cruzada.

Leopoldo recibiendo el estandarte del emperador Enrique VI, Babenberger Stammbaum, Monasterio de Klosterneuburg, 1489–1492

En 1238, el emperador Federico II concedió a los judíos de Viena una Carta de Privilegios, identificando a los judíos como "siervos de cámara", lo que significaba que el estatus legal de los judíos era que "pertenecían" al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Seis años después, el duque Federico II emitió la “Carta de los Judíos”, que detallaba los términos para su protección y las directrices sobre los préstamos de dinero.

Durante la epidemia de peste negra en 1348–1349, Viena fue una de las pocas ciudades que no culpó a los judíos por causar la plaga. Como consecuencia, se convirtió en un refugio para los refugiados judíos, algo que volvería a verse más adelante en la historia de Viena. Durante el siglo XIV, los judíos constituían aproximadamente el cinco por ciento de la población de la ciudad.

Una comunidad vibrante con Rabinos de renombre mundial

Durante este período, la comunidad de Viena estaba dirigida por líderes rabínicos de renombre mundial. Rav Itzjak de Viena (circa 1200–1270) fue alumno de los Tosafistas de Francia y Alemania. Él introdujo en Viena un estudio talmúdico de alto nivel, el sello distintivo de una comunidad judía erudita. Rav Itzjak es conocido por su obra "Or Zarúa", un trabajo de Halajá (ley judía) citado por los eruditos desde su publicación.

Su hijo, Rav Jaim Or Zarúa, también se desempeñó como Rabino en Viena. Él adaptó la obra clásica de su padre, "Or Zarúa", para hacerla más accesible, incluyendo sólo las decisiones sin toda la justificación.

Rav Meir ben Baruj Halevi (1320–1390) fue rabino de Viena durante los últimos 30 años de su vida e instituyó el requisito de que un estudiante de Talmud no pudiera oficiar como rabino a menos que recibiera ordenación de un rabino debidamente ordenado. Esta práctica, que exige que los rabinos tengan ordenación, fue adoptada por las comunidades asquenazíes en las generaciones siguientes y continúa vigente hasta el día de hoy.

Rav Israel Isserlin (1370–1440) es considerado el último gran rabino de la Austria medieval. Fue autor de la obra clásica "Terumat ha-Deshen" y de un super comentario sobre el comentario de Rashi a la Torá.

La tierra de sangre

Hacia fines del siglo XIV, comenzó a aumentar el antisemitismo entre los burgueses, probablemente debido a los celos hacia sus vecinos judíos. En 1406, durante un gran incendio que destruyó la sinagoga, los burgueses aprovecharon la oportunidad para atacar los hogares judíos.

La persecución pronto se volvió mucho peor. El 23 de mayo de 1420, el duque Alberto V emitió el Decreto de Viena, ordenando el encarcelamiento de todos los judíos acomodados y la confiscación de sus bienes. Los judíos que ya eran pobres antes del decreto fueron expulsados por la fuerza a Hungría. Los judíos encarcelados fueron torturados, e intentaron convertirlos por la fuerza al cristianismo. Separaron a los niños de sus padres y los entregaron a monasterios para su conversión. Después de que el Papa se pronunciara en contra de los bautismos forzados, el duque respondió quemando en la hoguera a los judíos que quedaban (210 hombres y mujeres) el 12 de marzo de 1421. Ni siquiera la sinagoga se salvó. Sus piedras se usaron para construir un nuevo edificio para la Universidad de Viena.

La comunidad judía de Viena fue completamente destruida y se prohibió a los judíos vivir en la ciudad.

El principal sabio asquenazí, Rav Iaakov Moelin (1365–1427), conocido como el Maharil, que en ese momento vivía en Maguncia, Alemania, registró los horrendos acontecimientos y se refirió con dureza a Austria como “la tierra de sangre”.

El siglo XV: una presencia limitada

En 1451, les permitieron a algunos judíos regresar a Viena y recibieron protección especial de parte de los emperadores Habsburgo. Para 1512, había en Viena 12 familias judías. Un pequeño número de judíos continuó viviendo en Viena durante el siglo XVI, aunque vivían bajo la amenaza constante de la expulsión.

En 1624, el emperador Fernando II confinó a los judíos de Viena a un gueto en el sitio del actual barrio de Leopoldstadt, que constaba de 15 casas. Su número aumentó de manera constante. Para 1670, 136 viviendas albergaban a 500 familias. Cuando los judíos de Ucrania enfrentaron las infames masacres de Chmielnicki en 1648–49, conocidas como Taj veTat, algunos optaron por escapar a la seguridad de Viena.

Durante un tiempo, la comunidad de Viena recuperó su posición respetada en el mundo judío, y los rabinos de la comunidad renovada volvieron a ser líderes de renombre mundial. Entre ellos se encontraban Rav Iom Tov Lipman Heller, conocido como el Tosafot Iom Tov (1579–1654), y Rav Shabtai Sheftel Horowitz (1590–1660), autor de Vavei Amudim, renombrado por su pericia tanto en Halajá como en Cábala.

Odio renovado

La segunda expulsión de los judíos de Viena ocurrió a mediados del siglo XVII.

El obispo Kollonitsch, un antisemita astuto e influyente, se desempeñó como Gran Chambelán del emperador Leopoldo I (1658–1705). A instancias suyas, el emperador Leopoldo decretó la expulsión de los judíos de Viena, a pesar del tremendo impacto económico negativo que eso tendría sobre su reino, ya que los judíos eran sus financiadores y asesores.

Expulsión de los judíos de Viena, 1670. Grabado de un folleto de 1932 sobre la expulsión de los judíos de Viena y otros lugares

Los judíos influyentes de la comunidad hicieron todo lo posible por detener o limitar la expulsión. Intentaron entregarle al emperador la enorme suma de 100.000 florines, pero fueron rechazados. Ellos solicitaron la intervención de la reina Cristina de Suecia, quien, aunque intercedió, fue ignorada. El 1 de marzo de 1670, el emperador Leopoldo ordenó que todos los judíos abandonaran Viena y toda Austria. La fecha límite fue el 1 de agosto, y los últimos judíos de Viena fueron exiliados en el mes de Av. La Gran Sinagoga fue convertida en una iglesia católica, y la zona judía fue renombrada Leopoldstadt en honor al “éxito” del emperador Leopoldo I en eliminar a los judíos de Viena. (Ese nombre se mantiene hasta hoy). Como nota adicional, el obispo Kollonitsch sigue siendo venerado por los ciudadanos vieneses, y hay una enorme estatua suya frente al ayuntamiento de Viena.

Los judíos de la Corte de Viena

Poco tiempo después, la expulsión comenzó a afectar negativamente la economía de Viena.

El primer judío al que se le permitió regresar a vivir en Viena fue Samuel Oppenheimer, quien recibió permiso oficial en 1676. Los que lo acompañaban formaron el núcleo de una comunidad muy pequeña y no reconocida legalmente. No se les permitió tener una sinagoga, y todos los servicios debían realizarse en casas particulares.

Samuel Oppenheimer por Josef Kriehuber

Oppenheimer proporcionó suministros necesarios para el ejército austríaco, incluyendo uniformes, alimentos, caballos para la caballería e incluso suministros para el hospital. Sin embargo, a pesar de todo lo que él hizo por Austria, sufrió antisemitismo. El obispo Kollonitsch lo acusó de intentar asesinar al rabino Samson Wertheimer (protegido de Oppenheimer, gran erudito de la Torá y futuro líder del judaísmo austríaco), y Oppenheimer fue encarcelado. Sólo fue liberado tras pagar una suma enorme, y su declaración de inocencia fue aceptada. Oppenheimer apoyó a muchos eruditos judíos y construyó sinagogas y ieshivot en varias comunidades. También rescató judíos capturados en las guerras con los turcos. Tras su muerte en 1703, su hijo Emanuel apeló para que Austria pagara las deudas que tenía con su padre. Como respuesta, en lugar de pagarle los seis millones de florines que le debían, el estado reclamó que Emanuel pagara cuatro millones. Esta familia acaudalada quedó en la ruina.

Junto con Oppenheimer, se permitió el regreso a Viena de un número muy limitado de judíos. En total, residían en Viena diez familias adineradas, conocidas como judíos de la Corte. Inicialmente ellos pagaron 300.000 florines por este privilegio y un impuesto adicional de 10.000 florines cada año.

A pesar del antisemitismo y la falta de derechos civiles, la influencia de los judíos de la Corte creció. Como resultado, Viena se convirtió en un centro de diplomacia y filantropía judía para los judíos de todo el imperio.

Los judíos sefaradíes y Diego D'Aguilar

En 1718, debido a los tratados de paz con el Imperio Otomano, se concedió permiso a los ciudadanos turcos para viajar y residir temporalmente en Austria. Irónicamente, aunque los judíos austríacos no podían residir en Austria, los judíos turcos sí podían hacerlo. Los judíos sefaradíes provenientes de Turquía formaron una comunidad legalmente reconocida en Viena. (Con el típico ingenio judío, algunos judíos austríacos viajaron a Turquía, obtuvieron la ciudadanía y pasaportes turcos, y regresaron para residir legalmente en Austria).

Durante el reinado de María Teresa, un judío de Lisboa ocupó una posición particularmente poderosa en el Imperio. Diego D'Aguilar nació en una familia de conversos en España y fue separado por la fuerza de sus padres siendo niño para ser criado como sacerdote católico. Tras ser ordenado, su madre logró obtener una audiencia con él y le recordó emotivamente sus raíces judías. Su hermana había sido descubierta practicando el judaísmo, y su madre esperaba que él pudiera evitar que fuera quemada en la hoguera.

Aunque no pudo salvar a su hermana, este encuentro reavivó en él el deseo de volver al judaísmo que apenas conocía, y escapó junto con su madre a Viena. En Viena, D’Aguilar se convirtió en un judío observante pleno y tuvo éxito financiero gracias a su reorganización de la industria del tabaco. Irónicamente, se convirtió en el favorito de la emperatriz antisemita María Teresa. Él recaudó enormes cantidades de dinero para préstamos gubernamentales y reconstruyó el Palacio de Schönbrunn en Viena. Se mantuvo leal a la comunidad judía y logró evitar la expulsión de los judíos de Moravia y Praga en 1744.

El Palacio de Schönbrunn

La emperatriz María Teresa otorgó a D’Aguilar el título de barón en reconocimiento a sus servicios a Austria. Gracias a su influencia, ella también abandonó sus planes de expulsar a los judíos del Imperio en 1748.

D’Aguilar dejó Viena repentinamente en 1749 cuando el gobierno español exigió su extradición. Se trasladó a Londres con su esposa y su numerosa familia de 14 hijos. Antes de abandonar Viena, obsequió a la comunidad hermosas coronas de plata para los Rollos de la Torá, en las que estaba grabado su nombre.

La emperatriz María Teresa

A pesar de sus sentimientos positivos hacia D’Aguilar, la emperatriz María Teresa seguía siendo una antisemita ferviente. Aparte de las 12 familias prominentes, no se permitía a ningún otro judío austríaco vivir en Viena, y todos los decretos antisemitas seguían vigentes.

El emperador José II: Mayor tolerancia hacia los judíos

El lento proceso de eliminación de restricciones a la comunidad judía comenzó en noviembre de 1780, cuando José II, sucesor de María Teresa, se convirtió en emperador y gobernó los territorios de los Habsburgo entre 1780 y 1790. En 1781, eliminó el impuesto Leibmaut, que los judíos debían pagar para entrar en ciertas ciudades desde la Edad Media. (Este impuesto era especialmente degradante, ya que se trataba de un impuesto sobre bienes y declaraba implícitamente que los judíos eran propiedad, no personas).

En 1782, el emperador José II proclamó un Edicto de Tolerancia para hacer que los judíos fueran “de mejor utilidad para el Estado”, según el preámbulo de la resolución. Los judíos ya no tenían que usar una banda amarilla, podían asistir a escuelas y universidades (aunque seguían limitados en su elección de profesiones) y podían vivir en cualquier lugar de Viena (aunque no podían ser propietarios). Él tomó medidas para asimilarlos a la sociedad, exigiendo que el hebreo y el ídish fueran reemplazados por el idioma nacional en el discurso público y prohibió que los documentos y libros de texto se imprimieran en hebreo. También exigió que los judíos adoptaran apellidos aprobados por las autoridades austriacas.

Muchos judíos aprovecharon las nuevas oportunidades que se les ofrecieron, pero en el proceso, muchos también perdieron su judaísmo. En el Congreso de Viena de 1815, los salones de las anfitrionas judías asimiladas servían como lugares de encuentro para los gobernantes de Europa. Una de las anfitrionas más famosas fue Fanny Arstein, cuyo salón era frecuentado por personalidades destacadas de la época, incluido el emperador y Mozart. En 1821, nueve judíos de Viena fueron nombrados caballeros y elevados a la nobleza.

Con los nuevos derechos adquiridos, la comunidad judía contrató al renombrado arquitecto Josef Kornhäusel para construir el Stadttempel, la sinagoga central de Viena, la primera sinagoga legal que se inauguró desde 1671. La magnífica sinagoga fue inaugurada en 1826, pero en cumplimiento de la ley, fue construida oculta a la vista desde la calle.

El Stadttempel, la sinagoga central de Viena

A pesar de toda la “tolerancia”, los judíos continuaban existiendo como una no-comunidad, ya que la ley les prohibía constituirse formalmente como comunidad, hasta 1867, cuando fueron reconocidos como ciudadanos con igualdad de derechos.

La Edad de Oro de los judíos de Viena

En 1848, bajo el reinado del emperador Francisco José, se concedieron a los judíos derechos civiles limitados. En 1852, se permitió a la comunidad judía establecer una comunidad legalmente reconocida, aunque con un estatus temporal. Finalmente, en 1867, la ley constitucional creó una igualdad total para todos los ciudadanos de Austria, incluidos los judíos. Con su aceptación oficial y reconocimiento legal como comunidad, comenzaron a emigrar a Austria judíos del este del imperio austrohúngaro, particularmente de Galitzia, Chequia y Hungría.

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, refugiados judíos de las zonas de guerra del este llegaron en gran número a Viena. Por primera vez, miles de judíos jasídicos y sus Rebes se trasladaron a Viena, uniéndose a los seguidores vieneses del Jatam Sofer, conocidos como “Oberlander”. Ellos asumieron que residirían en la relativa tranquilidad de Viena hasta que acabara la guerra.

Sin embargo, durante esos años Viena se convirtió inesperadamente en un centro floreciente del jasidismo. Cuando terminó la guerra, los refugiados se dieron cuenta de que Viena era una opción mucho mejor que sus pueblos destruidos. Comenzaron a establecerse y a reconstruir allí sus comunidades.

Tras la Primera Guerra Mundial, para 1923, el porcentaje de judíos en Viena alcanzó su punto máximo constituyendo un 10,8 % de la población, convirtiendo a Viena en la tercera comunidad judía más grande de Europa.

Judíos jasídicos en Leopoldstadt, 1915

Debido a sus prominentes rabinos y su comunidad, Viena albergó las dos primeras Knesiá Guedolá (Gran Congreso) de Agudat Israel Internacional en 1923 y 1929.

El movimiento de la Ilustración en Viena

Durante su Edad de Oro, Viena también se convirtió en un centro del "Movimiento de la Ilustración", que promovía el secularismo y una disminución en la educación judía. Entre 1848 y 1938, los judíos austríacos seculares fueron prominentes en la vida intelectual, cultural y política de Viena. Sin embargo, a diferencia de los judíos vieneses acaudalados e influyentes de épocas anteriores, que eran muy observantes, muchos de los judíos destacados de esta época se asimilaron o incluso se convirtieron al cristianismo.

Los judíos asimilados contribuyeron a los logros culturales y científicos de Viena. Renombrados médicos y psicólogos judíos, como Sigmund Freud, Alfred Adler y Viktor Frankl, vivieron y enseñaron allí. Los judíos también participaron activamente en la música y el teatro, entre ellos Gustav Mahler, Arnold Schönberg, Oscar Straus, Emmerich Kálmán, Max Reinhardt, Fritz Kortner, Lily Darvas y Elisabeth Berner. Los escritores Arthur Schnitzler, Stefan Zweig y Felix Salten alcanzaron fama mundial por sus obras.

Alfred Adler y Sigmund Freud

Theodor Herzl, fundador del sionismo político secular, vivió y murió en Viena. Muchos judíos fueron líderes del partido socialdemócrata. Victor Adler y Otto Bauer, quienes sirvieron como ministros de Relaciones Exteriores de Austria tras la Primera Guerra Mundial, también eran judíos.

En el campo de la medicina, tres de cuatro ganadores austríacos del Premio Nobel de Medicina en ese tiempo fueron judíos. Más de la mitad de los médicos y dentistas de Austria eran judíos, al igual que más del 60% de los abogados y un número considerable de profesores universitarios.

Sin embargo, a pesar de su éxito y fama, el antisemitismo seguía siendo una constante en el ambiente austríaco. Como observó el reconocido historiador judío Rav Berel Wein: “Austria siempre se destacó por su antisemitismo”. Y ese odio hacia los judíos pronto se manifestaría de la manera más atroz imaginable.

Dos antisemitas infames

Mientras los judíos se enfocaban en integrarse y sobresalir en la sociedad vienesa, se desarrolló un nuevo antisemitismo. Esta vez no era un antisemitismo religioso que atacaba a los judíos por no convertirse al cristianismo. Era un antisemitismo racial que se aplicaba a todos los judíos, independientemente de su religión.

Dos antisemitas particularmente influyentes fueron Georg Ritter von Schönerer y Karl Lueger.

Georg Ritter von Schönerer

Georg Ritter von Schönerer fue un político que innovó ideas que luego adoptaría Hitler, como expulsar a los judíos de su movimiento, adoptar el título de Führer y el saludo de Heil. Él les decía a sus seguidores que tendría lugar una batalla entre alemanes y judíos, y que “¡si no expulsamos a los judíos, seremos nosotros, los alemanes, los expulsados!”. Estuvo en la cárcel por saquear la oficina de un periódico judío y agredir a sus empleados. Sin embargo, tras su liberación, continuó desarrollando con éxito su movimiento pangermanista. Veintiún miembros del partido nacionalista antisemita Alldeutsche Partei fueron elegidos para el Parlamento austríaco.

Otro antisemita austríaco influyente fue Karl Lueger, quien fue elegido alcalde de Viena cinco veces entre 1897 y 1910. Al principio, el emperador Francisco José se negó a apoyarlo debido a su antisemitismo, pero tras su quinta reelección, aceptó su poder. (Como nota adicional, su éxito político es otra prueba de cuán aceptado era el antisemitismo en Austria). Lueger culpaba a los judíos de los problemas económicos de Viena y avivaba a las multitudes con su fervor antisemita. Curiosamente, en privado aún tenía varios amigos judíos. Se dice que respondió a quienes cuestionaban esta contradicción con la frase: “Yo decido quién es judío”, una afirmación que encaja bien con el enfoque histórico de Viena hacia sus judíos.

Karl Lueger

Las ideas de Lueger influyeron fuertemente en Adolf Hitler, quien se mudó a Viena en 1906. En Mein Kampf, Hitler menciona a Lueger como una de las personalidades que moldearon sus opiniones sobre los judíos, al igual que von Schönerer, como ya mencionamos.

El Anschluss

El 12 de marzo de 1938, las tropas alemanas marcharon hacia Austria, y la Alemania nazi anexó el país en un evento que se conoció como el Anschluss. Esa misma noche, se saquearon tiendas y apartamentos judíos, y los judíos fueron perseguidos por las calles y humillados, obligados a fregar las aceras ante los vítores de los observadores austríacos. Casi de inmediato, los nazis realizaron las primeras deportaciones de judíos a Dachau. Este cambio radical de ciudadanos exitosos e integrados a un pueblo perseguido y degradado fue un completo shock para la judería austríaca.

Para mayo, se aplicaron en la Austria ocupada las Leyes Raciales de Núremberg. En poco tiempo, los judíos —que, como se ha descrito antes, eran muy prominentes e influyentes en Austria, tanto política como profesionalmente— perdieron sus libertades civiles. Fueron expulsados de las universidades, excluidos del servicio público y de la mayoría de las profesiones, y obligados a usar una estrella amarilla. Se emitieron más decretos: se les prohibió el acceso a los parques públicos, se cerraron sus tiendas y se les obligó a adoptar un segundo nombre, Sara o Israel.

Todas las organizaciones e instituciones judías fueron clausuradas. Sin embargo, algunas reabrieron más tarde cuando los nazis comenzaron a forzar la emigración, y las organizaciones judías fueron utilizadas para coordinar ese proceso. Adolf Eichmann colaboró estrechamente con la Policía de Seguridad de Viena para establecer la Oficina Central para la Emigración Judía en Viena, que instaló sádicamente en el Palais Albert Rothschild “arianizado”, que fue confiscado a Louis von Rothschild.

Para el 17 de mayo de 1939, casi 130,000 judíos habían partido de Austria bajo la política de emigración forzada. La mayoría de sus bienes fueron “legalmente” tomados por los alemanes mediante varios impuestos y requisitos de permisos de salida. Cuando los judíos intentaron emigrar a Suiza, los suizos respondieron pidiendo a Alemania que marcara los pasaportes con una J, de Jude (judío), para saber a quién rechazar. Los judíos austríacos fueron donde pudieron: Inglaterra, Francia, Checoslovaquia, Estados Unidos, Shanghái, África, Australia y Argentina.

La sinagoga en ruinas

Durante el pogromo de la Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht), del 9 al 10 de noviembre de 1938, incendiaron las sinagogas de la ciudad, y 4.000 tiendas y negocios judíos fueron vandalizados y saqueados. La única sinagoga que quedó en pie fue la sinagoga central, la cual había sido ocultada de la vista desde la calle debido a la ley. Quizás esto también fue para evitar que el fuego se propagara al cercano Hotel Metropol, que era la sede del partido nazi. Durante Kristallnacht, más de 6.500 judíos austríacos fueron deportados a Dachau y Buchenwald.

A partir de octubre de 1941, 35.000 judíos vieneses fueron deportados a los guetos de Minsk, Riga y Lodz, así como a Theresienstadt y otros lugares en Europa Oriental. Para fines de 1942, sólo quedaban en la ciudad 8.102 judíos. Estos judíos fueron enviados al mayor campo de concentración de Austria, Mauthausen.

Las deportaciones masivas de judíos vieneses comenzaron en octubre de 1941.

Antes de la guerra, había aproximadamente 190.000 judíos en Austria. Solo 5.816 vivieron para ver la liberación de Austria; 65.459 judíos austríacos fueron asesinados. Este porcentaje fue menor que en otros países porque en un inicio los judíos austríacos fueron obligados a emigrar.

En comparación con otros países, muy pocos austríacos intentaron salvar a judíos. Yad Vashem cuenta con una lista de los Justos entre las Naciones que salvaron judíos durante el Holocausto. Austria ocupa el puesto 18, con solo 113 personas en la lista. Aún más revelador, Simon Wiesenthal, quien vivió en Viena después de la guerra, dijo: “Solo el ocho por ciento de la población del Tercer Reich eran austríacos. [Sin embargo] los austríacos fueron responsables de la mitad de los asesinatos de judíos perpetrados bajo el régimen nazi”.

La vida judía en Viena después del Holocausto

En abril de 1945, la Comunidad Judía de Viena se reestableció, aunque muy pocos judíos vieneses regresaron a vivir a la ciudad tras la guerra. Los judíos fueron rechazados al intentar recuperar sus hogares y propiedades. Viena también sirvió como campo de personas desplazadas para sobrevivientes judíos de Europa Oriental.

En las décadas posteriores al Holocausto, Austria tuvo una actitud muy ambigua hacia sus ciudadanos judíos. Por un lado, cuando los soviéticos permitieron a los judíos emigrar, hubo un campo de tránsito en Viena para aquellos que iban rumbo a Israel. Años después, cuando los judíos iraníes escaparon tras la caída del Sha y necesitaban un lugar de paso, usaron el mismo campo de tránsito.

Por otro lado, el antisemitismo abierto sigue siendo prevalente y aceptado en Austria. Entre otros ejemplos, en 1986, los austríacos eligieron como presidente a Kurt Waldheim, un colaborador nazi. Esto a pesar de su papel en la Segunda Guerra Mundial como intérprete y oficial de inteligencia para una unidad del ejército alemán que deportó a la mayoría de los 56.000 judíos de Salónica a la muerte. Comprensiblemente, el embajador estadounidense en Austria, Ronald S. Lauder, se negó a asistir a la asunción de Waldheim.

Esta foto de archivo del 22 de mayo de 1943, publicada por el Congreso Judío Mundial, muestra al ex secretario general de las Naciones Unidas Kurt Waldheim, al centro, en una pista de aterrizaje en Podgorica, Yugoslavia.

En el año 2000, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), de extrema derecha, liderado por Jörg Haider, un hombre con simpatías neonazis abiertas, entró en el gobierno austríaco. Tras los comentarios antisemitas de Haider hacia Ariel Muzicant, presidente de la Federación de Comunidades Judías de Austria, Israel retiró a su embajador en señal de protesta. Luego de negociaciones en Jerusalem con el ministro de relaciones exteriores austríaco, las relaciones diplomáticas se restablecieron en el 2003.

Debido a la presión pública, a finales de la década de 1980, el gobierno austríaco comenzó a reexaminar su papel en el Holocausto, revisando el "mito de Austria como víctima" al que se habían aferrado desde la Segunda Guerra Mundial. En 1991, el canciller Franz Vranitzky dio un discurso ante el Parlamento austríaco en el que reconoció la responsabilidad compartida de los austríacos por el sufrimiento infligido a la comunidad judía del país. En julio de 1993, Vranitzky reiteró esta admisión en un discurso ante la Knéset israelí.

Además, Austria comenzó a implementar varios programas e incentivos para apoyar la educación sobre el Holocausto y combatir el antisemitismo.

Hoy en día, hay una población judía en crecimiento en Viena. Está compuesta principalmente por descendientes de sobrevivientes y refugiados de Europa Oriental de la era posterior al Holocausto. También hay judíos rusos e iraníes que llegaron a Viena por el campo de tránsito y decidieron quedarse en lugar de continuar a otros destinos. Últimamente también hubo un crecimiento de la población israelí. Viena cuenta con aproximadamente 15.000 judíos registrados en su comunidad, aunque el número real probablemente sea mayor.

La mayoría de las instituciones, organizaciones y restaurantes kosher están ubicados en el barrio históricamente judío de Leopoldstadt, que es el distrito judío central. La sinagoga Stadttempel, la única que sobrevivió al Holocausto, alberga las oficinas comunitarias y el rabinato principal. La sinagoga tiene horarios de visita limitados y una fuerte seguridad debido al ataque terrorista palestino de agosto de 1981. De manera sorprendente, muchos de los miembros de la sinagoga no viven en Viena. Ellos apoyan a la comunidad porque sus bisabuelos eran miembros, y mantienen fuertes lazos emocionales con ella.

Actualmente, la comunidad judía de Viena es considerada una de las más dinámicas de la Unión Europea, aunque sigue siendo una sombra de la grandeza de su Edad de Oro. El impacto más significativo de Viena hoy es su lección eterna: los judíos pueden ser exitosos, poderosos e influyentes. Pueden ser líderes gubernamentales, empresarios exitosos y académicos famosos. Pero si el antisemitismo no es combatido, la posición judía siempre seguirá siendo precaria.

 

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