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La imaginación cronológica

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Behar (Levítico 25:1-26:2 )

por Rav Jonathan Sacks

Hoy quiero referirme a una de las características más distintivas y menos entendidas del judaísmo: la imaginación cronológica.

El mundo moderno cobró forma a través de cuatro revoluciones: la inglesa, la norteamericana, la francesa y la rusa. Dos de ellas, la inglesa y la norteamericana, se vieron inspiradas por la Biblia Hebrea, la cual por primera vez estuvo ampliamente disponible en los siglos XVI y XVII debido a la Reforma y a la invención de la imprenta. En contraste, la revolución francesa y la rusa estuvieron inspiradas por la filosofía. La revolución francesa por la obra de Jean Jacques Rousseau; la rusa por los escritos de Karl Marx.

Sus historias fueron marcadamente diferentes. En Inglaterra y Estados Unidos, la revolución provocó una guerra, pero llevó a un crecimiento gradual de libertades civiles, derechos humanos, un gobierno representativo y eventualmente la democracia. Las revoluciones francesa y rusa comenzaron con sueños utópicos y terminaron con una pesadilla infernal. Ambas dieron lugar al terror, al derramamiento de sangre y a la represión de los derechos humanos.

¿Cuál es la diferencia entre la filosofía y la visión política que se encuentra en el eje mismo del Tanaj? La respuesta está en la diferente concepción del tiempo.

La porción de la Torá de Behar establece un modelo revolucionario para una sociedad de justicia, libertad y dignidad humana. En la base se encuentra la idea del Jubileo, cuyas palabras ("Proclamarán libertad en la tierra para todos sus habitantes") fueron grabadas en uno de los mayores símbolos de la libertad, la "Campana de la libertad" en Filadelfia. Una de sus provisiones es la liberación de los esclavos:

Si tu hermano empobrece y es vendido a ti, no lo harás trabajar con trabajo de esclavo. Como empleado o residente será contigo. Hasta el año del Jubileo trabajará contigo, entonces él y sus hijos serán liberados y retornará a su familia y al patrimonio de sus ancestros retornará. Pues ellos son Mis siervos, a los que saqué de la tierra de Egipto; no podrán ser vendidos como esclavos. No los subyugarás por medio de trabajo quebrantador; y temerás a tu Dios… Porque los hijos de Israel son Mis siervos; ellos son Mis siervos, a quienes saqué de la tierra de Egipto. Yo soy Hashem tu Dios.

Los términos del pasaje son claros. La esclavitud es incorrecta. Es un ataque a la condición humana. Ser creados a "imagen de Dios" implica haber sido creados para una vida de libertad. La idea misma de la soberanía de Dios implica que sólo Él puede requerir el servicio de la humanidad. Quienes son siervos de Dios no pueden ser esclavos de nadie más. A esta distancia temporal es difícil recapturar el radicalismo de esta idea, que derrumbó los fundamentos de la religión en la antigüedad. Las civilizaciones antiguas (Mesopotamia, Egipto) se basaban en las jerarquías de poder, que se consideraban inherentes a la naturaleza misma del cosmos. Ellos creían que tal como había rangos y grados entre los cuerpos celestiales, así también era en la tierra. Los grandes rituales y monumentos religiosos fueron diseñados para reflejar y fortalecer esas jerarquías. En este aspecto, Karl Marx tenía razón. La religión en la antigüedad era el manto de santidad que ocultaba la desnuda brutalidad del poder. Ella canonizaba el estatus quo.

Pero en el corazón de Israel había una idea que era prácticamente impensable para la mente antigua: que Dios interviene en la historia para liberar a los esclavos; que el Poder Supremo está del lado de los indefensos. No es accidental que Israel naciera como nación bajo condiciones de esclavitud. A lo largo de la historia, Israel llevó el recuerdo de esos años, el pan de la aflicción y las hierbas amargas de la servidumbre, porque el pueblo de Israel sirve como un recordatorio eterno para sí mismo y para el mundo de la necesidad moral de la libertad y la necesidad de protegerla. El Dios libre desea el servicio libre de seres humanos libres.

Sin embargo, la Torá no anuló la esclavitud. Esta es la paradoja que encontramos en Behar. Por cierto, era algo limitado y humanizado. Cada siete días, los esclavos tenían descanso y podían sentir el sabor de la libertad. En el séptimo año los esclavos israelitas eran liberados. Si escogían lo contrario, entonces eran liberados el año del Jubileo. Durante sus años de servicio debían ser tratados como empleados. No podían ser sujetos a labores forzadas ni que quebraran su espíritu. Todos los aspectos deshumanizantes de la esclavitud estaban prohibidos. Sin embargo, la esclavitud misma no se prohibió. ¿Por qué? Era algo incorrecto, debería haber sido anulada. ¿Por qué la Torá permitió que continuara una institución defectuosa?

En "La guía de los perplejos", Moshé Maimónides explicó la necesidad del tiempo para la transformación social. Él argumenta que todos los procesos en la naturaleza son graduales. El feto se desarrolla lentamente en el útero. El niño va madurando etapa por etapa. Lo que se aplica a los individuos se aplica también a las naciones y civilizaciones:

Es imposible pasar repentinamente de un extremo al otro. De acuerdo con la naturaleza humana es imposible que la persona de repente deje atrás cualquier cosa a la que estaba acostumbrada.

De forma acorde, Dios no les pidió a los israelitas que abandonaran de golpe todo aquello a lo que se habían acostumbrado en Egipto. "Dios evitó prescribir aquello que el pueblo por su disposición natural sería incapaz de obedecer". Pero sin duda Dios puede hacer cualquier cosa, incluso cambiar la naturaleza humana. ¿Por qué entonces no transformó simplemente a los israelitas para que fueran capaces de llegar de inmediato a la virtud más elevada? La respuesta de Maimónides es simple:

No digo esto porque creo que para Dios sea difícil cambiar la naturaleza de cada individuo. Por el contrario, es posible y está dentro de Su poder… Pero nunca fue Su voluntad hacerlo, y nunca lo será. Si hubiera formado parte de Su voluntad cambiar la naturaleza de cualquier persona, la misión de los profetas y la entrega de la Torá hubieran sido superfluas.

En los milagros Dios cambia la naturaleza, pero nunca la naturaleza humana. Si Él lo hiciera, todo el proyecto de la Torá (el servicio libre de los seres humanos) se anularía. No hay nada grandioso en programar un millón de computadoras para que obedezcan instrucciones. La grandeza de Dios se encuentra en haber tomado el riesgo de crear un ser, el homo sapiens, capaz de elegir y de asumir responsabilidad, de obedecer a Dios libremente.

Dios quiso abolir la esclavitud, pero por propia elección de los seres humanos, y eso lleva tiempo. Las economías antiguas dependían de la esclavitud. La forma particular que encontramos en Behar (la esclavitud a causa de la pobreza) era el equivalente funcional de lo que hoy llamamos "sistema de trabajo", es decir, beneficios sociales a cambio de trabajo. La esclavitud como tal sólo fue abolida en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en el siglo XIX, y en Norteamérica después de una guerra civil. El desafío al cual responde la legislación de la Torá es: ¿cómo se puede crear una estructura social en la cual, por propia voluntad, las personas eventualmente lleguen a ver la esclavitud como algo malo y elijan libremente abandonarla?

La respuesta se encuentra en un solo giro: cambiar la esclavitud de ser una condición ontológica ("¿qué es lo que soy?") a una circunstancia temporal. Ningún israelita tenía permitido ser o verse a si mismo como un esclavo. Podía verse reducido a la esclavitud por un período de tiempo, pero se trataba de una situación pasajera, no de una identidad. Comparemos esto con el relato de Aristóteles:

Por analogía, necesariamente se debe aplicar a la humanidad en su conjunto. Por lo tanto, todos los hombres que se diferencian entre sí en lo que difiere el alma del cuerpo o el cuerpo del hombre de una bestia salvaje… esas personas son esclavas por naturaleza, y para ellas es mejor verse sujetas a esta clase de control, tal como es mejor para las otras criaturas que he mencionado. Porque un hombre que es capaz de pertenecer a otra persona es por naturaleza un esclavo… (Políticas 1.5)

Para Aristóteles, la esclavitud es una condición ontológica, un hecho de nacimiento. Algunos nacen para dominar y otros para ser dominados. Esta es precisamente la perspectiva del mundo a la cual se opone la Torá. Todo el complejo de legislación bíblica está diseñado para asegurar que ni el esclavo ni su amo lleguen a considerar la esclavitud como una condición permanente. Un esclavo debe ser tratado "como un empleado o un residente". En otras palabras, con el respeto debido a un ser humano libre. De esta forma la Torá aseguró que a pesar de que la esclavitud no pudiera abolirse de la noche a la mañana, eventualmente llegara a abolirse. Y eso fue lo que ocurrió.

Existen profundas diferencias entre la filosofía y el judaísmo, y una de ellas radica en la forma que entienden el tiempo. Para Platón y sus herederos, la filosofía trata sobre la verdad que es atemporal (o para Hegel y Marx, de la "inevitabilidad histórica"). El judaísmo trata de verdades (como la libertad humana) que se convierten en hecho en y a través del tiempo. Esta es la diferencia entre lo que yo llamo la imaginación lógica y cronológica. La imaginación lógica da lugar a la verdad como sistema. La imaginación cronológica da lugar a la verdad como historia (una historia es una secuencia de eventos que se extienden a lo largo del tiempo). Las revoluciones basadas en sistemas filosóficos fracasaron, porque el cambio en los asuntos humanos requiere tiempo, y la filosofía es incapaz de entender la dimensión humana del tiempo. El resultado inevitable es que (en la famosa frase de Rousseau), "obligaron a los hombres a ser libres", una contradicción de términos, y la realidad de la vida bajo el comunismo soviético. Las revoluciones basadas en el Tanaj triunfaron porque ellas marcharon en la dirección de la naturaleza humana, reconociendo que hace falta tiempo para que las personas puedan cambiar. La Torá no abolió la esclavitud, pero puso en movimiento un proceso que llevaría a que la gente llegara por sí misma a la conclusión de que era algo incorrecto. Cómo lo logró es una de las maravillas de la historia.




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