La leyenda del temible tirano otomano y Purim

03/03/2026

4 min de lectura

En Grecia en el siglo XIX, la inusual manera en que la comunidad judía hacía ruido durante Purim llamó la atención del despótico gobernante otomano que entró en la sinagoga.

Cuando el temible líder militar entró en la sinagoga, la congregación quedó en silencio, sin saber por qué estaba allí ni qué iba a exigir. En ese momento no lo sabían, pero el incidente pronto quedaría grabado en la memoria colectiva de la antigua comunidad.

Muchos conocen la costumbre judía de usar un “raashán” (matraca) o hacer ruido de otras maneras cada vez que se menciona a Hamán, el malvado antagonista de la historia de Purim, durante la lectura tradicional del Libro de Ester (la Meguilá) en la festividad.

Algunos han llevado esta práctica ruidosa a otro nivel, como los judíos de Ioánnina, en la Grecia moderna. Se ha afirmado que los judíos han vivido en Ioánnina desde la destrucción del Primer Templo hace unos 2.500 años. Aunque los académicos creen que esto es exagerado, coinciden en que por más de mil años hubo judíos en la ciudad, aunque solo un pequeño grupo permaneció después de que la comunidad casi desapareciera durante el Holocausto.

Los judíos de Ioánnina se tomaban muy en serio el hacer ruido en Purim y literalmente martillaban el suelo cada vez que se mencionaba el nombre del malvado Hamán durante la lectura de la Meguilá.

Según la leyenda local, contada por el nativo de Ioánnina Isaac Batish, una víspera de Purim hace unos 200 años, el gobernador otomano local, un hombre llamado Ali Pasha Tepelini, conocido como “el León de Ioánnina”, pasó por una de las sinagogas locales con su séquito.

Cuando oyó el tumulto proveniente del interior de la sinagoga, decidió que sería prudente averiguar qué sucedía. Después de todo, no es común escuchar decenas de martillos golpeando al unísono a intervalos aparentemente aleatorios en la noche, y si eres un gobernador local siempre vigilante ante posibles levantamientos, tales sonidos serían motivo de preocupación.

Cuando Ali Pasha y su asesor de confianza entraron en la sinagoga, todos los presentes temieron estar en peligro de muerte.

Retrato de Ali PAsha Tepelini

Aunque el hombre llamado el “Napoleón de los Balcanes” a veces era conocido por su relativa tolerancia y buenas relaciones con grupos minoritarios, apodos como “el León de Ioánnina” generalmente estaban bien ganados. De hecho, Ali Pasha Tepelini comenzó su carrera como un infame bandido albanés de montaña, famoso por aplastar despiadadamente a sus oponentes, así como por imponer tasas de impuestos opresivamente altas a voluntad.

El gobernante se acercó a uno de los miembros de la congregación y le pidió que explicara lo que ocurría. “Hace mucho tiempo…” comenzó el hombre, y relató la historia de Purim y la antigua tradición de despreciar a Hamán haciendo ruido cada vez que se menciona su nombre en la Meguilá.

“¿Hace mucho tiempo?” preguntó el León de Ioánnina. “¿Hace cuánto tiempo?”

Cuando se le dijo que la historia de Purim ocurrió hace miles de años, el gobernador otomano supuestamente respondió: “Los judíos tienen buena memoria; no olvidan. Hay que tener cuidado con ellos, no vaya a ser que nos cause daño también a nosotros”.

Una historia similar y más conocida cuenta que Napoleón pasó por una sinagoga en Tishá BeAv, el día en que los judíos lloran la destrucción del Templo y otras calamidades nacionales que los han afectado a lo largo de los siglos. Al ver que los judíos lamentaban eventos ocurridos hace tanto tiempo, el emperador francés supuestamente dijo: “¡Ciertamente, un pueblo que ha llorado la pérdida de su Templo durante tanto tiempo sobrevivirá para verlo reconstruido!”

Independientemente de la historicidad de esta historia de Purim, Ali Pasha Tepelini fue una persona muy real que supervisó “el período más importante del dominio otomano en Ioánnina”, de acuerdo con la académica Annette B. Fromm, autora de “Why is it important? The Jewish Community of Ioannina”.

Aunque en el folclore judío local se le recuerda con cierto afecto por su aparición en su historia de Purim, Ali Pasha en general fue bastante perjudicial para muchos judíos locales, revocando libertades económicas previamente otorgadas a las poblaciones no musulmanas de la región e imponiendo impuestos tan altos a los judíos adinerados que muchos de ellos simplemente se marcharon, prefiriendo trasladarse a zonas con menores tasas de impuestos como Corfú, Zante, Trípoli, Larisa, Volos y Salónica, de acuerdo a Fromm. No obstante, Ali Pasha mostró cierta indulgencia hacia los judíos pobres, e incluso aparentemente debido a esto hubo un ingreso de judíos menos acomodados de áreas vecinas.

Ali Pasha puede no ser recordado como un villano similar a Hamán incluso por la exiliada comunidad judía acomodada de Ioánnina, pero tuvo un final similar al del infame antagonista de la historia original de Purim. Tras irritar a las autoridades centrales en Estambul con diversas apropiaciones de tierras y otras decisiones excesivamente agresivas, enviaron fuerzas otomanas para someter al León de Ioánnina. Aunque las circunstancias exactas de su muerte en 1822 siguen siendo inciertas, con múltiples versiones circulando a lo largo de los siglos, al menos un hecho es indiscutible: fue decapitado. Su cabeza fue enviada a Estambul, donde (similar a la muerte de Hamán) fue exhibida al público en las puertas del palacio del sultán junto con las cabezas de sus hijos.

Su cuerpo fue enterrado en un mausoleo junto a la mezquita Fethiye en Ioánnina, no muy lejos de la sinagoga que supuestamente había visitado tras escuchar el misterioso sonido de martillos golpeando una noche de Purim.


Imagen del título por eduartinehistorise

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