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La luz en el arca

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Noaj (Génesis 6:9-11:32 )

por Rav Jonathan Sacks

Descubrir la Torá, interna y externamente.

En medio de todo el drama del diluvio inminente y la destrucción prácticamente de toda la creación, vemos que al construir el arca Nóaj recibió una instrucción detallada:

Haz un tzóar para el arca y en un codo la terminarás por arriba. (Génesis 6:16)

Aquí hay una dificultad obvia para entender qué significa tzóar, porque esta palabra no aparece en ninguna otra parte del Tanaj. Todos están de acuerdo en que se refiere a una fuente de iluminación. Es lo que va a dar luz dentro del arca. ¿Pero qué es exactamente? Rashi cita un Midrash en el cual dos Sabios discuten sobre el significado de esta palabra:

Algunos dicen que es una ventana; otros dicen que es una piedra preciosa que los iluminaría.1

El Bartenura sugiere que lo que está en juego entre estas dos interpretaciones es la etimología de la palabra tzóar. Una postura considera que viene de la palabra tzoharaim, que significa "mediodía". En este caso, el brillo llegaría del sol, del cielo, del exterior. Por lo tanto, tzóar significa "una ventana, un tragaluz". La otra opinión es que tzóar tiene relación con zóhar, "resplandor", lo que sugiere algo que irradia su propia luz, y de aquí la idea de una piedra preciosa milagrosa.

El Jizkuni y otros sugieren que Nóaj tenía ambas cosas: una ventana (desde la cual liberó al cuervo, Génesis 8:6), y alguna forma de iluminación artificial para el prolongado período del diluvio, cuando el sol estaba completamente oculto por nubes y el mundo estaba envuelto en penumbra.

No podemos evitar preguntarnos por qué los Sabios del Midrash, y Rashi mismo, dedicaron tanto tiempo a una pregunta que no tiene ninguna relevancia práctica. En la parashá de esta semana, Dios prometió que no habrá otro diluvio. No habrá un nuevo Nóaj. En cualquier futura amenaza a la existencia del planeta, un arca flotando en el agua no será suficiente para salvar a la humanidad. Entonces, ¿por qué preocuparnos respecto a cuál era la fuente de iluminación que Nóaj tenía en el arca durante esos días tempestuosos? ¿Cuál es la lección que deben aprender de esto las futuras generaciones?

Me gustaría ofrecer una especulación midráshica. Yo sugiero que la respuesta se encuentra en la historia del lenguaje hebreo. A lo largo de la era bíblica, la palabra teivá significaba un arca, grande en el caso de Nóaj y el diluvio; pequeña en el caso de la canasta de papiro recubierta con alquitrán en la cual Iojeved colocó al pequeño Moshé y luego lo depositó en el Nilo (Éxodo 2:3). De forma más general, teivá significa una caja. Sin embargo, en la época del Midrash teivá también había llegado a significar "palabra".

En mi opinión, los Sabios del Midrash no estaban comentando tanto sobre Nóaj y el arca, sino que reflexionaban sobre un tema fundamental. ¿Dónde y cuál es el tzóar, el resplandor, la fuente de iluminación, de la teivá, de la "palabra" (la Torá)? ¿Es algo que sólo surge de adentro, o también es externo? ¿La Torá, la "palabra", viene con una ventana o con una piedra preciosa?

Sin duda están quienes creen que la Torá es autosuficiente. Si algo es difícil en la Torá se debe a que las palabras de Torá son pobres en un lugar, pero ricas en otro.2 En otras palabras, la respuesta a cualquier pregunta de la Torá puede encontrarse en otra parte de la Torá. Voltéala para un lado y para el otro, porque todo está en ella.3 Probablemente esta es la opinión mayoritaria, considerada históricamente. No hay nada que se pueda aprender fuera de ella. La Torá está iluminada por una piedra preciosa que genera su propia luz. Esto incluso queda aludido en el título de la gran obra del misticismo judío, el Zóhar (ver Bartenura más arriba).

Sin embargo, hubo otras opiniones. La más famosa es la de Maimónides, quien creía que un conocimiento de ciencia y filosofía, una ventana hacia el mundo exterior, era esencial para entender el mundo de Dios. Maimónides sugirió en Mishné Torá (Hiljot Iesodei Hatorá 2:2), que precisamente estas formas de estudio eran la manera de llegar a amar y temer a Dios. A través de la ciencia, del conocimiento de "Aquél que habló y dio existencia al universo", obtenemos una sensación de la majestad y la belleza, el alcance casi infinito y los intrincados detalles de la creación y, por lo tanto, del Creador. Esa es la fuente del amor. Entonces comprendemos qué pequeños somos y qué breves son nuestras vidas dentro del esquema total de las cosas: esta es la fuente del temor.

El planteamiento de Maimónides en el siglo XII, mucho antes del surgimiento de la ciencia, se ha visto reforzado miles de veces con el acelerado conocimiento desarrollado sobre la naturaleza del universo. Cada nuevo descubrimiento de la inmensidad del cosmos y de las maravillas del microcosmos, llena nuestra mente de asombro y reverencia. "Eleva tus ojos y observa el cielo. ¿Quién lo ha creado?" (Isaías 40:26).

Maimónides no consideraba que la ciencia y la filosofía fueran disciplinas seculares. Él creía que eran antiguas formas de sabiduría judía, que los griegos habían adquirido de los judíos y las habían mantenido en una época en la que el pueblo judío, debido al exilio y la dispersión, las había olvidado. Por lo tanto, no era tomar prestado algo ajeno. Maimónides estaba reclamando una tradición que había nacido dentro de Israel mismo. No se trataba de una fuente de iluminación independiente. Simplemente eran una ventana a través de la cual la luz del universo creado por Dios podía ayudarnos a decodificar la misma Torá. Entender el mundo de Dios nos ayuda a entender la palabra de Dios.

Esto marcó una significativa diferencia en la manera en que Maimónides pudo transmitir la verdad de la Torá. Por ejemplo, su conocimiento de las antiguas prácticas religiosas (a pesar de estar basado en fuentes no siempre confiables) le brindó un profundo entendimiento (en La guía de los perplejos) respecto a que muchos de los jukim, los estatutos, las leyes que no parecen tener una razón, se dirigían directamente contra específicas prácticas idólatras.

Su conocimiento de la filosofía aristotélica le permitió formular una idea que existe tanto a lo largo del Tanaj como en la literatura rabínica, pero que no había sido articulada previamente con tanta claridad: el hecho de que el judaísmo tiene una virtud ética. Al judaísmo no le interesa sólo lo que hacemos sino quiénes somos, la clase de persona en la que nos convertimos. Esta es la base de su pionera obra Hiljot Deot, "Las leyes del carácter ético".

Mientras más entendemos cómo es el mundo, más entendemos por qué la Torá es como es. Es nuestro mapa a través de la realidad. Es como si el conocimiento secular y científico fueran el mapa y la Torá la ruta.

Esta perspectiva, articulada por Maimónides, fue desarrollada en la época moderna en diversas formas. Los seguidores de Rav Shimshon Rafael Hirsch la llamaron Torá im derej eretz, "Torá con cultura general". En Yeshiva University se la conoce como Torá uMadá, "Torá y ciencia". Al igual que Aarón Lichtenstein zt"l, yo prefiero la frase Torá veJojmá, "Torá y sabiduría", porque la sabiduría es una categoría bíblica.

El escritor David Epstein publicó un libro fascinante llamado Amplitud (Range): Por qué los generalistas triunfan en un mundo erspecializado.4 Él señala que concentrarse de forma desmesurada sobre un único tópico especializado es bueno para la eficacia pero malo para la creatividad. Los verdaderos creativos, los ganadores del premio Nóbel, son aquellos que tienen intereses externos, quienes conocen otras disciplinas o tienen pasiones o hobbies fuera de sus disciplinas. Incluso en un campo como el deporte, por cada Tiger Woods, quien tuvo una habilidad especial por el golf incluso antes de empezar a hablar, hay un Roger Federer, que ejercitó sus habilidades en muchos deportes antes de elegir, a una edad relativamente tardía, enfocarse en el tenis.

Lehavdil, precisamente la amplitud de conocimiento que tenía Maimónides de ciencia, medicina, psicología, astronomía, filosofía, lógica y muchos otros campos, fue lo que le permitió ser tan creativo en todo lo que escribió, desde sus cartas, hasta su Comentario a la Mishná, y el mismo Mishné Torá, estructurado de una forma diferente a cualquier otro código de ley judía, y todo el camino hasta llegar a La guía de los perplejos. Maimónides dijo cosas que muchos pudieron haber sentido antes, pero que nadie había expresado de forma tan convincente y poderosa. Él demostró que es posible ser completamente devoto a la fe y a la ley judía y a la vez ser creativo, mostrar a los demás profundidades espirituales e intelectuales que nunca antes habían visto. Esta fue su forma de hacer un tzóar. Una ventana para la teivá, el mundo Divino.

Por otro lado, el Zóhar considera a la Torá como una piedra preciosa que da su propia luz y no necesita nada externo. Su mundo es un sistema cerrado, una búsqueda sumamente profunda, apasionada y continua de intimidad con lo Divino que habita dentro del universo y dentro del alma humana.

No estamos obligados a elegir ni a uno ni al otro. Recuerden que el Jizkuni dijo que Nóaj tenía una piedra preciosa para los días oscuros y una ventana para cuando el sol volviera a brillar. Algo similar ocurre también en relación a la Torá. Durante los oscuros días de persecución, el misticismo judío floreció y la Torá fue iluminada desde adentro. Durante los días benignos cuando el mundo estuvo más abierto para los judíos, ellos tuvieron una ventana al exterior, y así surgieron figuras como Maimónides en la Edad Media, y Shimshon Rafael Hirsch en el siglo XIX.

Yo creo que el desafío de nuestra época es abrir una serie de ventanas para que el mundo pueda iluminar nuestro entendimiento de la Torá y la Torá nos guíe para seguir nuestro camino por el mundo.

Shabat Shalom


NOTAS

1. Génesis Rabá 31:11

2. Ierushalmi, Rosh Hashaná 3:5

3. Mishná Avot 5:22

4. David Epstein, Amplitud (Range): Por qué los generalistas triunfan en un mundo especializado, 2020.




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