La masacre de Chmielnicki

04/06/2026

8 min de lectura

Esta semana recordamos uno de los ataques más devastadores de la historia judía.

Imagina una serie de ataques físicos contra comunidades judías que son negados, mientras que los perpetradores son exaltados como defensores de la libertad y héroes. Imagina una época en la que los judíos combaten a sus enemigos en defensa propia, solo para ser acusados por esos mismos enemigos de emplear fuerza desproporcionada y cometer crímenes de guerra.

Hace más de 300 años, los judíos de lo que hoy es Ucrania fueron aterrorizados por una ola de violencia inimaginable y ataques brutales. Alrededor de 100.000 judíos fueron asesinados en lo que llegó a conocerse como los pogromos de Chmielnicki.

La vida judía todavía lleva las cicatrices de aquella tragedia. Sin embargo, pocos recuerdan hoy ese período de terror antijudío, y Bogdán Chmielnicki, el líder de la matanza, hoy es venerado como un héroe.

Los judíos en la línea de fuego

A comienzos del siglo XVII, la Mancomunidad polaco-lituana dominaba una gran parte de Europa. Existió entre 1569 y 1795, reuniendo territorios pertenecientes a la familia real polaca y a la aristocracia lituana. Incluía regiones de las actuales Bielorrusia, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, Polonia, Rusia, Eslovaquia y Ucrania. En una época en la que la población europea era mucho menor que la actual, más de 10 millones de personas habitaban la Mancomunidad polaco-lituana, alrededor del 13 % de la población.

Cientos de miles de judíos vivían en la Mancomunidad, muchos concentrados en la región que hoy corresponde a Ucrania. El estudio y la cultura judíos florecían. El cronista judío Gabriel ben Iehoshúa Schlossburg escribió en 1651 que la Mancomunidad era "una delicia entre todas las tierras del exilio por su Torá, honor y grandeza".

Sin embargo, los judíos de la zona eran ampliamente despreciados. La mayor parte de las tierras de la actual Ucrania pertenecía a nobles polacos católicos, que trataban de forma brutal a las clases bajas, incluidos los campesinos arrendatarios. Los campesinos que trabajaban la tierra eran cristianos ortodoxos de habla ucraniana. Ellos soportaban impuestos aplastantes, opresión religiosa y una explotación constante de los terratenientes. Los terratenientes polacos no recaudaban personalmente los impuestos, sino que contrataban a judíos para administrar sus propiedades y cobrar tributos a los campesinos. Los judíos también trabajaban para los señores polacos como taberneros y prestamistas. Para muchos miembros de las clases bajas, los judíos representaban el rostro más visible de un sistema injusto que limitaba sus vidas.

La clase baja ucraniana veía los judíos como extranjeros odiados, y lo mismo sentían los nobles polacos que los empleaban. Los nobles no asumían responsabilidad alguna por la seguridad ni los derechos de sus trabajadores judíos. Odiados por todos y protegidos por nadie, los judíos ucranianos quedaron peligrosamente expuestos al creciente descontento popular de mediados del siglo XVII.

Una revolución en gestación

Este ambiente tóxico de explotación y resentimiento popular estaba maduro para la revolución. Cuando esta llegó, comenzó en el sur de la Mancomunidad. La zona sur estaba habitada por pueblos seminómadas y guerreros tribales que se llamaban a sí mismos kazak, palabra turca que significa hombre libre o aventurero" Hoy los conocemos como cosacos. Los cosacos frecuentemente eran contratados por los nobles polacos como milicias privadas.

Más al sur, del otro lado del límite de la Mancomunidad polaco-lituana, se encontraba el Imperio Otomano y las tierras habitadas por los tártaros, un grupo étnico musulmán. Tradicionalmente enemigos, cosacos y tártaros tenían una larga historia de incursiones mutuas y captura de esclavos. Sin embargo, esta enemistad pronto sería superada cuando ambos grupos se alzaron contra polacos y judíos.

Las tensiones estallaron en 1635 y nuevamente en 1636. Campesinos y cosacos de los alrededores de la ciudad de Pereyáslav se rebelaron contra los terratenientes polacos. Durante algunos meses lograron establecer un territorio "libre" y aprovecharon esa breve independencia para masacrar a los judíos de la zona. Alrededor de 2.000 judíos fueron asesinados en una sola semana. Otros miles huyeron antes de que la rebelión fuera sofocada.

Surge un héroe cosaco

Bogdán Chmielnicki (también escrito Chmielnicki o Khmelnitski) era un combatiente cosaco que había luchado contra los tártaros al servicio de los nobles polacos. Cuando superaba los cincuenta años, era un antiguo militar de caballería que había fracasado en varios negocios. En 1647 Chmielnicki vivía con su esposa en la región de Czehryn cuando el gobernador polaco cometió un crimen terrible que lo empujó hacia una violencia desenfrenada. EL gobernador envió tropas a la casa de Chmielnicki y ordenó que secuestraran a su esposa.

Bogdan Chmielnicki

Chmielnicki se unió entonces a los cosacos zapórogos, un grupo de convictos y esclavos fugitivos que sobrevivían mediante incursiones y ataques a comunidades locales. Él ascendió hasta convertirse en hetman (comandante militar), impuso disciplina militar y obtuvo el apoyo del kan tártaro de Crimea, quien prometió la lealtad tártara al grupo de Chmielnicki.

En 1648, los soldados de Chmielnicki comenzaron una gran insurrección contra la nobleza polaca. Pronto se les unieron campesinos, habitantes de los pueblos y sacerdotes de toda la Mancomunidad polaco-lituana. El nuevo ejército obtuvo éxitos espectaculares y conquistó amplias zonas del reino en pocos meses.

En octubre de 1648 las fuerzas de Chmielnicki capturaron Leópolis (Lviv), una de las mayores ciudades de Ucrania. Para 1649, Chmielnicki tenía suficiente poder como para firmar el Pacto de Zboriv con el rey polaco Juan Casimiro, estableciendo un territorio cosaco autónomo. (El territorio de Chmielnicki continuó sometido a los terratenientes polacos, y en 1651 reanudó la guerra. Finalmente, en 1654, ofreció la lealtad de sus seguidores a Rusia).

Una barbarie inconcebible

Los cosacos infligieron una crueldad indescriptible a quienes se interponían en su camino. Violaron monjas y decapitaron sacerdotes y obispos católicos antes de saquear sus iglesias e incendiarlas. Los nobles polacos eran capturados para exigir rescates y, en muchos casos, torturados hasta la muerte incluso después de que les hubieran pagado.

La violencia más brutal fue dirigida contra los judíos. Rav Natan Hanover, sobreviviente de las masacres de Chmielnicki, describió los acontecimientos en su obra Yeven Metzulá (El abismo de la desesperación), publicada en 1653. Un pasaje representativo describe las comunidades judías situadas cerca del río Dniéper, que constituía el principal bastión de los seguidores de Chmielnicki:

A algunos les arrancaban la piel en vida y arrojaban su carne a los perros; a otros les cortaban manos y extremidades y dejaban sus cuerpos en los caminos... A algunos les causaban graves heridas y los arrojaban en las calles para que agonizaran lentamente; se retorcían en su sangre hasta exhalar su último aliento. Otros eran sepultados vivos. Los enemigos degollaban a los niños en los brazos de sus madres. Los cortaban en rodajas como si fueran peces. Abrían los vientres de mujeres embarazadas, sacaban a sus bebés y los arrojaban contra sus caras. A otras mujeres les abrían el vientre, les introducían gatos vivos y luego lo cosían con los gatos adentro. Cortaban las manos de las víctimas… Los bebés eran colgados de los pechos de sus madres. Algunos niños fueron atravesados con lanzas, asados al fuego y llevados a sus madres para que los comieran. Muchas veces usaron los cuerpos de niños judíos como puentes improvisados sobre los cuales cruzaron…

Otro testigo ocular fue el célebre rabino Shabtai ben Meir HaCohen (1621–1662), quien sobrevivió a la matanza y estimó que los seguidores de Chmielnicki asesinaron alrededor de 100.000 judíos. Otro testigo sobreviviente, Shemuel Faivush ben Natan Feitel, describió las masacres en su obra de alrededor de 1650 Tit Ha-Yaven (Infierno). Él cuenta la destrucción de 140 sinagogas y calculó que fueron asesinados 670.000 judíos. (Las estimaciones modernas suelen situar el número de víctimas entre 20.000 y 100.000).

Algunos judíos lograron escapar. Decenas de miles huyeron hacia el norte, a Lituania y otras regiones de Polonia. Otros encontraron refugio en Holanda e Italia. En términos generales, los judíos corrieron mejor suerte bajo los tártaros, quienes capturaron a unos 30.000 judíos ucranianos que posteriormente fueron rescatados mediante el pago de comunidades judías de Italia, Marruecos, Túnez, Grecia, Siria y Jerusalem.

La vida judía transformada

La catástrofe de las masacres de Chmielnicki alteró la geografía del judaísmo europeo, obligando a los judíos a trasladarse a nuevos países, llevando consigo sus costumbres y su lengua.

La vida y el pensamiento judíos también evolucionaron tras el horror de tantas muertes. Algunos judíos comenzaron a abrazar la Cábala, elementos místicos del pensamiento judío. Como señala Rav Berel Wein: "Tras examinar los restos de sus vidas y comunidades, los judíos de Europa oriental concluyeron que el mundo exterior era frío, hostil, letal y aterrador. El mundo interior cabalístico ofrecía esperanza, consuelo y propósito". (Triumph of Survival: The Story of the Jews in the Modern Era 1650–1990, Rav Berel Wein, 1990).

Otro desarrollo importante fue el aumento de la popularidad de una obra fundamental de la erudición judía: el Shulján Aruj, el Código de la Ley Judía. Escrito a mediados del siglo XVI en Tzefad, una ciudad del norte de Israel, por Rav Iosef Karo, el Shulján Aruj describe la ley judía de forma clara y fácil de entender. Cuando las escuelas judías fueron cerradas, los rabinos asesinados, las sinagogas incendiadas y comunidades enteras destruidas, muchos judíos atesoraron sus ejemplares de esta obra, que podía responder preguntas religiosas cuando no había ningún rabino disponible. Como resultado, el Shulján Aruj se volvió aún más omnipresente, contribuyendo a una mayor alfabetización judía en general.

Culpar a los judíos y exaltar a Chmielnicki como un héroe

Tras la derrota de Chmielnicki, los nobles polacos se volvieron contra los judíos de sus territorios, acusándolos de haberse aliado con los cosacos. Durante siglos después del levantamiento, muchos ucranianos culparon a los judíos de haber creado las condiciones que hicieron inevitables —e incluso razonables— las acciones de Chmielnicki. El historiador Zenon Kohut ha señalado que, incluso en tiempos modernos, los ucranianos suelen percibir “al judío como un explotador del pueblo ucraniano, rapaz, deliberado y, en ocasiones, incluso independiente, que los dominaba, controlando y ridiculizando abiertamente la única verdadera fe ortodoxa”.

Monumento a Chmielnicki en Kiev (Wikipedia, © Yuriy Kvach)

Mientras tanto, cuando se recuerda a Bogdán Chmielnicki, es generalmente como un héroe. En Ucrania, numerosas calles y premios llevan su nombre. La imagen de Chmielnicki aparece en el billete de 5 grivnas. En la capital, Kiev, uno de los monumentos más antiguos y famosos es una estatua de Chmielnicki. En 1954, la ciudad de Proskuriv, en el oeste de Ucrania, fue rebautizada en su honor como ciudad de Chmielnicki; toda la región en la que se encuentra también lleva su nombre: el óblast de Chmielnicki.

Chmielnicki también despierta interés fuera de Ucrania. Es ampliamente considerado un héroe en Rusia. El Jardín Cultural Ucraniano de Cleveland alberga un retrato de Chmielnicki. En febrero del 2026, la banda de los Guardias Irlandeses interpretó en el Palacio de Buckingham una marcha militar llamada Bohdan Khmelnytsky, sobre sus hazañas, con motivo del cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania.

Conmemoración judía de las masacres

Los judíos conmemoran las masacres de Chmielnicki el día 20 del mes de Siván. En el año 2026, esta fecha cae desde la tarde del jueves 4 de junio hasta la puesta del sol del viernes 5 de junio.

El 20 de Siván fue elegido porque ese día tuvo lugar una masacre particularmente cruel durante el levantamiento de Chmielnicki: el asesinato de 6.000 hombres, mujeres y niños en la ciudad ucraniana de Nemírov.

Antes de 1648, Nemírov era un centro de estudio judío; miles de judíos vivían en esta ciudad bulliciosa. Era una localidad antigua, rodeada por una muralla de piedra. Cuando avanzaron los cosacos, judíos de ciudades cercanas huyeron hacia Nemírov, aumentando aún más su población judía.

Chmielnicki envió 300 combatientes para conquistar la ciudad. Estos colaboraron con campesinos greco-ortodoxos dentro de la ciudad para engañar a los muchos miles de judíos que se habían refugiado allí. El 20 de junio de 1648, los soldados cosacos marcharon hacia Nemírov llevando banderas polacas. Cuando los guardias, incluidos judíos que ayudaban a defender la ciudad, abrieron las puertas, fueron atacados, y los habitantes no judíos de Nemírov se unieron a la matanza. A los judíos se les ofreció la opción de convertirse al cristianismo ortodoxo oriental para salvar sus vidas, pero la gran mayoría se negó y fueron asesinados en una matanza de proporciones épicas.

Los líderes judíos polacos eligieron esta fecha para conmemorar la muerte de decenas de miles de judíos durante el levantamiento de Chmielnicki.

Durante años, el 20 de Siván se observó como un día de ayuno. Esta práctica se perdió en gran medida con el Holocausto, que destruyó a la mayoría de los judíos de Polonia y Ucrania.

Con las masacres de Chmielnicki en gran parte olvidadas, y con Chmielnicki celebrado como un héroe en gran parte del mundo, hagamos un esfuerzo por recordar este período de la historia judía.

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2 Comments
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Jose
Jose
29 días hace

Que falta de sentimientos humanos en en esos años; tanta persecución al pueblo de Israel.
Que masacre injusticia al pueblo de Israel.

Ariel Kohen
Ariel Kohen
1 mes hace

Precuela del Holocausto.

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