¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


< 1 min de lectura
< 1 min de lectura
< 1 min de lectura
< 1 min de lectura
7 min de lectura
La mayor amenaza para la supervivencia del pueblo judío no se encuentra en los túneles de Gaza ni en las instalaciones nucleares iraníes. Se encuentra en nuestros propios hogares, sinagogas y comunidades. A lo largo de la historia, este enemigo ha demostrado ser más destructivo que cualquier fuerza externa, y está completamente en nuestras manos derrotarlo.
En la porción de la Torá de esta semana, la última de toda la Torá, encontramos una profunda revelación sobre la relación entre Dios y el pueblo judío: "Entonces Él se convirtió en Rey en Ieshurún (Israel), cuando se reunieron los jefes del pueblo, las tribus de Israel juntas".
(Deuteronomio 33:5). Dios se convierte en Rey sobre Israel precisamente cuando los líderes se reúnen y las tribus permanecen unidas. La enseñanza revolucionaria es que la realeza de Dios depende de la unidad del pueblo judío. El Daat Zekenim, un comentario del siglo XII compuesto por discípulos de Rashi, explica:
"Cuando el pueblo judío está verdaderamente unido y se relaciona entre sí como auténticos hermanos, entonces Dios es verdaderamente Rey sobre ellos. Cuando discuten y se enfrentan entre sí, Dios ya no puede ser reconocido plenamente como su Rey".
¿Por qué el reinado de Dios depende de nuestra unidad?
El Gaón de Vilna distingue entre dos términos hebreos para el liderazgo: moshel y mélej. Un moshel gobierna mediante la fuerza, imponiendo su voluntad sobre la nación, mientras que un mélej obtiene su autoridad porque el pueblo acepta voluntariamente su reinado. A lo largo de la Torá, Dios deja claro que Él desea ser reconocido como un mélej, no como un moshel: "He puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; por tanto, escoge la vida". (Deuteronomio 30:19).(1)
Esta distinción explica por qué la unidad es tan importante. Si solo la mitad del pueblo acepta a Dios como Rey, entonces solo será medio mélej. Más aún, incluso si todos reconocemos a Dios como nuestro Rey, si no nos respetamos mutuamente, Su reinado queda fracturado. ¿Cómo podemos afirmar que servimos al mismo Rey mientras tratamos con desprecio a otros de Sus súbditos?
La autoridad de un verdadero rey nace de la aceptación unificada de su pueblo y de su capacidad para trabajar juntos para cumplir su voluntad. El Midrash ilustra esta idea con una poderosa metáfora: imaginemos dos barcos unidos que sostienen un magnífico palacio. Mientras ambos barcos permanezcan unidos, el palacio se mantiene firme. Pero si se separan, el palacio se derrumba. Así ocurre con el pueblo judío: cuando mantenemos nuestros vínculos de unidad, creamos una base para que la presencia divina habite en nuestro mundo.(2)
Existe además otra dimensión fundamental del reinado divino: cuando nos unimos para coronar a Dios como Rey, activamos Su protección divina. El Rambán explica que cuando Israel acepta plenamente la soberanía divina: "Sus vidas ya no están gobernadas únicamente por la naturaleza... Dios bendecirá su pan y su agua y apartará toda enfermedad de en medio de ellos".(3) Cuando permanecemos unidos bajo la soberanía de Dios, accedemos a una protección que trasciende las leyes normales de la historia y de la política.(4)
La unidad y la división han marcado la historia judía de forma sorprendentemente constante.
¿Qué precedió a la entrega de la Torá en el Monte Sinaí? La Torá describe que el pueblo judío "acampó" usando el verbo hebreo en singular ויחן (vaiján) y no en plural ויחנו (vaiajanu). El Talmud(5) explica que esto significa que llegaron al Sinaí para recibir la Torá "como una sola persona con un solo corazón". En este caso, la unidad llevó a la mayor revelación Divina de la historia.(6)
Durante la época del Segundo Templo, aunque el pueblo observaba cuidadosamente la ley de la Torá, las luchas internas condujeron a la catástrofe. El Talmud(7) relata cómo la humillación pública de un judío a manos de otro, sin que los líderes de la generación protestaran, terminó desencadenando el asedio romano y la destrucción del Templo.(8)
En la historia de Purim, Hamán entendió perfectamente este principio. Al convencer al rey Ajashverosh de la vulnerabilidad de los judíos, los describió como "un pueblo disperso y separado entre las naciones". (Ester 3:8). Rav Shlomó Alkabetz explica que "disperso" se refería a su distribución geográfica, pero "separado" describía su desunión interna y su indiferencia mutua. Hamán entendió que un pueblo dividido no podría acceder a la protección divina y por eso planeó su destrucción. La respuesta de la reina Ester fue significativa: ella instruyó a Mordejai: "Ve y reúne a todos los judíos". Mediante el ayuno y el rezo conjunto, Dios restauró Su protección y transformó lo que habría sido la mayor tragedia del pueblo judío en una época de luz y celebración.
Este patrón continuó en décadas recientes. En 1987, Rav Najman Bulman (importante rabino ortodoxo y educador estadounidense), presenció violentos enfrentamientos entre judíos religiosos y seculares en Jerusalem. Él advirtió de manera profética: "Estamos rodeados por decenas de millones de árabes, y sin embargo permanecen tranquilos. Esa paz solo existe gracias a la hermandad entre los judíos. El día en que un judío levante el puño contra otro judío, perderemos toda nuestra protección". Una semana después estalló la Primera Intifada.
Más recientemente, el devastador ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 ocurrió durante un período de intensa división interna en Israel debido a la reforma judicial, un conflicto que llevó al país al borde de una guerra civil. Sin embargo, aquella tragedia provocó un extraordinario resurgimiento de la unidad entre israelíes de distintas posiciones políticas y religiosas. Desde que se recuperó esa solidaridad, Israel ha debilitado sistemáticamente a sus enemigos: eliminando a dirigentes de Hamás y Hezbolá, desmantelando gran parte de la red de aliados de Irán y destruyendo buena parte de la infraestructura militar iraní. Aunque estas guerras costaron vidas israelíes, los logros militares y el nivel de protección de soldados y civiles superaron ampliamente las previsiones de muchos expertos militares.
El patrón es evidente, y el Midrash ilustra este principio con otra metáfora:
"Un hombre tenía un manojo de juncos. Un junco solo podía romperse fácilmente; un manojo entero era imposible de quebrar. Así también sucede con el pueblo judío. Cuando están unidos, ninguna nación puede dañarlos; pero cuando están divididos, pueden ser destruidos uno por uno".(9)
Hoy, cuando el antisemitismo resurge en todoe l mundo, la unidad adquiere una importancia aún mayor. Podemos no estar de acuerdo con todas las decisiones del gobierno de Israel. Podemos discrepar con otros judíos sobre política o práctica religiosa. Incluso puede que sintamos un profundo rechazo hacia algunos miembros de nuestra extensa familia judía. Pero la hermandad fundamental debe prevalecer si esperamos protegernos de las amenazas externas.
Eso implica tomar decisiones concretas: Defender públicamente a otros judíos cuando sean atacados, aunque en privado no coincidamos con ellos. Apoyar a las instituciones judías y al estado de Israel, incluso cuando cuestionemos determinadas políticas. Negarnos a amplificar voces judías que deslegitiman a otros judíos o a Israel. Elegir la solidaridad judía por encima del partidismo político cuando nuestro pueblo enfrenta amenazas existenciales.
El patrón de la historia es claro: Cuando permanecemos unidos, accedemos a una protección divina que desafía toda probabilidad. Cuando nos dividimos, volvemos a quedar expuestos a las vulnerabilidades naturales de una pequeña nación rodeada de enemigos.
En estos tiempos difíciles, procuremos ser "como una sola persona con un solo corazón". Porque cuando permanecemos unidos como una sola nación, permanecemos junto al propio Rey. Y ninguna fuerza puede atravesar la "Cúpula de Hierro" del Rey de reyes.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.