La mayor amenaza que enfrenta el pueblo judío no es el antisemitismo

23/02/2026

5 min de lectura

La asimilación está causando a nuestro pueblo más daño del que cualquier enemigo externo podría causar jamás. Pero la buena noticia es que la respuesta a ambas amenazas es la misma.

Cuando Bob Kraft compró 30 segundos de espacio publicitario en el Super Bowl para abordar el antisemitismo, solo sentí admiración por él. Su compromiso con el pueblo judío es genuino y su generosidad es extraordinaria. Su anuncio me hizo pensar: si yo tuviera cien millones de espectadores y 30 segundos para decir cualquier cosa, ¿cuál sería mi mensaje?

¿Hablaría sobre el odio? ¿Sobre el Holocausto? ¿Sobre el acoso y la marginación?

No lo haría. Y aquí está la razón.

La amenaza de la que no hablamos

El antisemitismo es real, peligroso y exige nuestra vigilancia. Debemos elegir líderes que apoyen a Israel, aprobar legislación que proteja a los estudiantes judíos en los campus y garantizar que nuestras instituciones tengan los fondos necesarios para su seguridad. No lo minimizo ni en lo más mínimo.

Existe una amenaza mucho más perniciosa que el antisemitismo, una que está causando mayor daño a nuestro pueblo a un ritmo más acelerado de lo que cualquier enemigo externo podría causar. Se llama asimilación.

Pero los únicos que aman hablar de antisemitismo son los antisemitas. Cada vez que lo convertimos en el eje central de nuestra conversación comunitaria, ponemos un reflector sobre nuestros enemigos, amplificamos su micrófono y avivamos su fuego. Peor aún, les permitimos escribir nuestra agenda.

Existe una amenaza mucho más perniciosa que el antisemitismo, una que está causando mayor daño a nuestro pueblo y a un ritmo más acelerado que cualquier enemigo externo podría hacerlo. Se llama asimilación.

Si todos los antisemitas del planeta coordinaran sus esfuerzos en una gran conferencia, no podrían causar la desaparición de nuestro pueblo al ritmo en que lo estamos haciendo nosotros mismos. Hasta mediados del siglo XX, la tasa de matrimonios mixtos judíos nunca superó el 3%. Para 1964 había alcanzado el 7%, considerado alarmante en ese momento. Hoy, entre los judíos seculares en Estados Unidos, la tasa de matrimonios mixtos es del 70%. En Europa, es del 50%. En Buenos Aires, Argentina, más del 40%.

El antisemitismo nos amenaza desde afuera. La asimilación nos consume desde adentro.

La respuesta a ambas amenazas

La respuesta al antisemitismo y la respuesta a la asimilación son una y la misma. No es hablar más de ninguna de las dos. Es encender el orgullo judío, profundizar la práctica judía y liberar la pasión judía.

La solución a ambas es encender el orgullo judío, profundizar la práctica judía y liberar la pasión judía.

En una metáfora impactante, el Midrash habla de una persona arrojada al mar que al ahogarse, desesperada, agitando los brazos. La guardia costera le lanza una cuerda y le dice: “Aférrate y sobrevivirás. Suéltala y las olas te arrastrarán”.

El Midrash dice que los flecos del tzitzit son esa cuerda. Y el tzitzit es una metáfora de todas las mitzvot, de la totalidad de la vida y práctica judía. Durante 3.300 años, desde que estuvimos juntos en el Sinaí, nuestra Torá ha sido esa cuerda. Nuestra tarea es aferrarnos a ella y lanzarla a otros que se están ahogando.

Tenemos lo que el mundo está buscando desesperadamente

Un estudio de Harvard reveló que el 60% de los adultos jóvenes reportaron haber experimentado poco o ningún propósito o sentido en sus vidas durante el mes anterior. La mitad dijo que su salud mental se vio afectada negativamente por “no saber qué hacer con mi vida”. Los adultos jóvenes sin un sentido de propósito sufren ansiedad y depresión al doble de la tasa de quienes sí lo tienen. Notablemente, quienes pertenecen a una comunidad religiosa reportaron niveles significativamente más altos de sentido y propósito.

Vivimos en la era más próspera, cómoda y conveniente de la historia humana. Sin embargo, la ansiedad, la depresión y la infelicidad llegan a niveles epidémicos. El mercado le dice a la gente “obedece tu sed” y “simplemente hazlo”, pero no está funcionando. Deja a las personas sintiéndose más vacías.

Nosotros tenemos el antídoto. Lo hemos tenido durante 3.300 años.

Rav Moshé Jaim Luzzatto abre El Camino de los Justos diciéndonos que el fundamento de todos los fundamentos es despertarse cada día y preguntar: ¿cuál es mi deber, mi misión, mi propósito en este mundo? No preguntarnos cuáles son mis derechos y privilegios, sino cuáles son mis responsabilidades. ¿A quién puedo ayudar? ¿A quién puedo amar? ¿Qué diferencia puedo hacer?

Esa pregunta, y la vida que genera, es nuestro regalo para nosotros mismos y nuestro regalo para el mundo.

La lección de Mordejai para nuestro momento

Pronto celebraremos Purim. Cuando Hamán se acercó a Ajashverosh con su plan genocida, inicialmente el rey dudó. Él había oído hablar del Dios de los judíos. Pero Hamán lo tranquilizó con una sola frase: ieshno am ejad — hay cierto pueblo.

El Talmud ofrece una relectura devastadora: no lo leas como ieshno (hay), sino como ioshnu — están dormidos. Hamán dijo: el pueblo judío está profundamente dormido. Es negligente en las mitzvot, está fracturado, distraído, pelean entre sí. Ni siquiera notarán lo que se avecina.

Estuvimos al borde de la extinción porque estábamos dormidos.

Mordejai despertó. Y lo notable de Mordejai es esto: él podría haberse inclinado ante Hamán. Según la ley judía, para salvar vidas, había base para hacerlo. Podría haber pedido un dictamen. Podría haber pasado desapercibido. En cambio, se negó, tercamente, públicamente, sin disculpas. Y cuando el rey buscó honrarlo, Mordejai no rehuyó el protagonismo.

Mordejai entendió que la respuesta tanto al antisemitismo como a la asimilación nunca es inclinarse. Es erguirse más alto. Ser más orgulloso. Ser más judío. Visiblemente, alegremente y sin vergüenza judío.

¿Por qué? Porque Mordejai entendió que la respuesta tanto al antisemitismo como a la asimilación nunca es inclinarse. Es erguirse más alto. Ser más orgulloso. Ser más judío. Visiblemente, alegremente y sin vergüenza judío.

Y así es exactamente como el Rollo de Ester lo recuerda. Shushán tenía muchos judíos (minianim, restaurantes kasher, todo lo necesario). Sin embargo, la Meguilá lo llama simplemente Ish iehudí — el judío. En singular. Porque Mordejai fue el judío que se negó a desaparecer, que se negó a disculparse, que se negó a distraerse. Él puso la identidad judía en plena exhibición y ganó el respeto y el temor del mundo entero.

Así también lo haremos nosotros.

Mi espacio de 30 segundos

Si tuviera la oportunidad de transmitir un anuncio al mundo, esto es lo que diría (no a los cien millones que miran, sino a la pequeña fracción de judíos entre ellos, mientras los demás escuchan):

Sabe de dónde vienes. Siéntete orgulloso de quién eres. Llevas 3.300 años de ADN y un destino que aún se está desarrollando.

No eres simplemente un joven de 19 años en un campus universitario —tienes 3.300 años, y te ves bastante bien para esa edad. Deja de esconderte. Sal a la luz. Eres parte de un pueblo con una misión de reparar y redimir este mundo.

No pidas disculpas por quién eres. No te definas por tus enemigos. Defínete por tu misión.

Levántate. Asóciate con el Todopoderoso. Él cuenta contigo.

Y aquí está la aplicación práctica: envía una mezuzá a cada estudiante judío dispuesto a colocarla en la puerta de su dormitorio. Enví un Maguén David a cada judío dispuesto a usarlo. Envía una kipá, tefilín, velas de Shabat, matzá. Arma a nuestro pueblo no solo con tecnología y conocimiento, sino con los símbolos físicos de orgullo y pertenencia.

Deja de disculparee. Deja de esconderte. Deja de distraerte con quienes quieren frenarnos.

El antisemitismo coloca obstáculos en nuestro camino. La asimilación amenaza con sacarnos completamente de la carretera. Nuestra respuesta a ambas es la misma: pisar el acelerador.

El mundo se está ahogando en la falta de sentido. Nosotros sostenemos la cuerda. Arrójala.


Basado en una charla que Rav Goldberg ofreció en la Cumbre de Aish en Bal Harbour el 11 de febrero del 2026.

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julian
julian
4 meses hace

Por que entonces no nos hacen mas fácil la pertenencia al pueblo judío a los que somos patrilineales con alma yeudí, que nos sentimos de corazón parte del pueblo.
Sean más inclusivos con los que sinceramente somos parte aunque no nos acepten.
Ni siquiera me permiten hacer conversión en mi propio país Argentina. Tan difícil es seleccionar a un beit din calificado que nos permita la conversión en mi país? Tienen que garantizar el derecho a la conversión, no complicarnos la vida para que no podamos acceder a ese derecho!

Editado por última vez 4 meses hace by julian
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