3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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En una audaz operación de inteligencia que dejó atónita a Europa, Israel sacó furtivamente cinco buques de guerra de un puerto de la OTAN.
A lo largo de la historia, robos audaces han alterado el curso de las guerras. Los atracos a bancos acaparan titulares. Los robos de arte inspiran películas. Pero en la víspera de Navidad de 1969, Israel llevó a cabo algo sin precedentes: robó silenciosamente cinco buques de guerra de un país de la OTAN y los hizo navegar 2.000 millas de regreso a casa a través de tormentas invernales.
La historia comienza con una pesadilla que todo ejército teme: quedarse atrás frente a un enemigo con armas y tecnología superiores. En octubre de 1967, ese temor se hizo realidad cuando una lancha misilera egipcia hundió el destructor israelí INS Eilat, el primer buque de guerra destruido por misiles antibuque. La marina israelí aún dependía de equipos de la Segunda Guerra Mundial, mientras que sus enemigos desplegaban buques lanzamisiles soviéticos capaces de matar más allá del horizonte.
Israel sabía exactamente dónde buscar. Francia estaba construyendo buques lanzamisiles de la clase Saar en Cherburgo y estaba dispuesta a venderlas. El acuerdo era por 12 embarcaciones. Siete llegaron a Israel; pero entonces intervino la política. Después de que Israel atacara el aeropuerto de Beirut en diciembre de 1968, el presidente De Gaulle impuso un embargo total de armas. Las cinco embarcaciones restantes quedaron bloqueadas bajo guardia armada, a pesar de que Israel ya había pagado por ellas.
adar Kimche (al centro) y Mordejai Limon (a la derecha), fotografiados en Cherburgo. (Wikimedia Commons / Museo de Inmigración Clandestina y Marina)
Los esfuerzos diplomáticos no sirvieron de nada. Durante ocho meses las embarcaciones permanecieron inactivas en Cherburgo mientras las negociaciones se estancaban. Así que la inteligencia israelí hizo lo que mejor sabe hacer: ideó un plan tan audaz que quizá funcionaría. Lo llamaron Operación Noa y asignaron a su mejor hombre en Francia para ejecutarlo.
El hombre al mando de la operación era el almirante Mordejai Limon, jefe de la misión de compras militares de Israel en París. Limon no era un oficial naval cualquiera. Había pasado años en Francia, entendía cómo funcionaba el sistema y cultivó relaciones tanto en el mundo empresarial como en el gubernamental. Lo más importante: comprendía una regla crítica: si las embarcaciones iban a salir, no podía parecer una operación militar. Tenía que parecer una aburrida transacción comercial, algo que nadie se molestaría en examinar.
Los preparativos el 24 de diciembre en el puerto de Cherburgo. Imágenes con derechos de autor del Museo de Inmigración Clandestina y Marina, Haifa.
Por eso, el almirante Limon creó una falsa compañía petrolera noruega llamada Starboat. Las naves fueron transferidas legalmente a la empresa, haciendo parecer que Noruega las había comprado para operaciones de perforación en alta mar. La documentación estaba lo suficientemente en regla como para que las autoridades francesas la aprobaran sin objeciones.
Mientras tanto, equipos de mantenimiento israelíes ya estaban en Cherburgo, preparando silenciosamente las embarcaciones. Llevaban allí meses: poniendo en marcha los motores a horas extrañas, realizando salidas de prueba al Atlántico y acumulando lentamente combustible y suministros para que nada pareciera inusual. Los habitantes locales se acostumbraron a ver las embarcaciones entrar y salir. Todo parecía normal. Todo parecía aburrido. Y ese era exactamente el objetivo.
A mediados de diciembre comenzaron a llegar las tripulaciones de escape. Durante varios días, casi un centenar de oficiales navales israelíes se infiltraron en Cherburgo en grupos de dos o tres. Entraron por distintos aeropuertos europeos, se alojaron en hoteles diferentes y mantuvieron deliberadamente un perfil bajo. Esta era la fase más peligrosa: si tan solo un policía francés se preguntaba por qué aparecían tantos israelíes justo antes de Navidad, toda la operación podía desmoronarse.
Una de las embarcaciones llegando a Haifa
La víspera de Navidad fue elegida por una razón. La mayoría de los funcionarios franceses estarían en casa con sus familias y el puerto funcionaría con personal mínimo. Menos miradas. Menos preguntas. Pero el Atlántico Norte tenía otros planes.
Una tormenta masiva azotó el golfo de Vizcaya con vientos de fuerza 9. La hora de salida programada, 20:30, llegó y pasó. Luego las 22:30. Luego la medianoche. Cada actualización del meteorólogo daba el mismo veredicto: demasiado peligroso.
Entonces, poco después de medianoche, un informe meteorológico de la BBC sugirió que la tormenta amainaría en cuestión de horas. Esperar más tiempo significaba arriesgarse a ser descubiertos. A las 2:30 de la madrugada de Navidad, el capitán Hadar Kimhi tomó la decisión. Una por una, las embarcaciones encendieron sus motores y se deslizaron fuera del puerto.
Los franceses no se dieron cuenta de que algo iba mal hasta el día siguiente, cuando un reportero de la BBC visitó el puerto, notó los muelles vacíos y lo informó. Así fue como el gobierno francés se enteró de que cinco buques de guerra habían desaparecido de su puerto.
Tres de los cinco buques lanzamisiles franceses llegando al puerto de Haifa en la noche del 1 de enero de 1970.
Para entonces, las embarcaciones ya estaban a cientos de millas de distancia. El escape en sí fue brutal. Olas tormentosas golpeaban las naves con tal fuerza que algunos oficiales tuvieron que atarse a sus asientos. Una embarcación carecía de equipo de navegación adecuado y simplemente siguió las luces del barco que iba delante a través de la oscuridad.
La flotilla llegó a Haifa el 31 de diciembre, justo a tiempo para el Año Nuevo. Israel armó de inmediato las embarcaciones con misiles antibuque Gabriel y sus sistemas más avanzados de guerra electrónica. Cuatro años después, durante la Guerra de Iom Kipur, esas mismas naves combatieron en la Batalla de Latakia contra buques lanzamisiles sirios, la primera batalla naval misil contra misil de la historia. Israel no perdió ni un solo barco.
La ruta de las embarcaciones desde Cherburgo hasta Israel (Creado por Benherz, Wikimedia Commons)
En los años intermedios, Israel había desarrollado nuevas tácticas y tecnologías: interferir los radares enemigos, derrotar misiles entrantes y golpear primero. Las marinas siria y egipcia quedaron devastadas. La guerra naval moderna nació en esas batallas, y ocurrió porque Israel se negó a aceptar que cinco barcos que ya había pagado pertenecieran a alguien más.
La Operación Noa muestra lo que sucede cuando una nación decide que la supervivencia es lo primero y las reglas lo segundo. Las embarcaciones llegaron a casa y la marina israelí sobrevivió a la siguiente guerra. Israel obtuvo lo que necesitaba, cuando lo necesitaba, y pudimos vivir con las consecuencias diplomáticas.
Fue una fusión de trabajo de inteligencia, sincronización precisa, nervios de acero y esa clase de valentía desesperada que surge cuando la supervivencia de un país está en juego.
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Esta operación de rescate, nos muestra la inteligencia israelí guiada por D’s.
Tal como Israel rescata a los judíos en peligro, todo ese plan con la ayuda de D’s sucede cuando hay justicia, interés genuino y fe.
Pero Octubre 7, dejó algo muy claro, sin la ayuda de D’s suceden estas desgracias. El pueblo dividido, la gestión irregular de los dirigentes del Gobierno y el Mosad permitieron este ataque. Me pregunto cuántos ataques más debe sufrir Israel para que tome soberanía de toda la tierra de Israel, de modo que no quede calle ni villa sin población civil israelí. Los árabes no pueden controlar Yehuda y Shomrom ni Gaza, ni la explanada del Monte. Si toda su población apoya a Hamas, son cómplices. Por su parte el gobierno, el Ejército y el Mosad deben responder ante la Ley,
Genial, genial...
Por siempre Israel.
Excelente relato. Siempre adelante Israel, sin ninguna duda en sus acciones. AM ISRAEL JAI !!!