La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


Israel ocupa el octavo lugar en el Informe Mundial de la Felicidad 2026. El país también está en guerra, enfrenta un trauma colectivo masivo y una creciente desconfianza en sus instituciones. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo.
Publicado el 19 de marzo, el informe anual revela una paradoja llamativa: la satisfacción con la vida en Israel se mantiene cerca de los primeros puestos a nivel mundial, impulsada por lo que los investigadores describen como profundas reservas de familia, comunidad, fe y sentido de pertenencia.
Los israelíes jóvenes son quienes más destacan. Los menores de 25 años se ubican en el tercer lugar mundial de felicidad, mientras que sus pares estadounidenses rondan el puesto 60.
Sin embargo, el mismo informe muestra que Israel pasó del puesto 119 al 39 a nivel global en indicadores de angustia, tristeza e ira. La confianza en las instituciones sigue cayendo: el país retrocedió al puesto 107 en percepción de corrupción.
¿Por qué los israelíes son tan felices a pesar de las amenazas?
Esto es lo que señalan los investigadores y los economistas especializados en bienestar:
Los vínculos sociales son excepcionalmente fuertes. Los israelíes tienen algunas de las redes familiares y comunitarias más sólidas del mundo desarrollado. En una crisis, la gente no se aísla, sino que se presenta para acompañar a los demás. Ese tejido social es uno de los predictores más poderosos de la felicidad a nivel mundial.
Propósito compartido y sentido de vida. Los israelíes sienten en gran medida que forman parte de algo más grande que ellos mismos: una historia nacional, una misión histórica, un pueblo con algo verdaderamente importante en juego. Los psicólogos confirman una y otra vez que el sentido de vida actúa como amortiguador del sufrimiento de una manera que el simple confort no puede lograr.
Fe y vida religiosa. Una parte significativa de la sociedad israelí encuentra en la práctica religiosa estructura cotidiana, comunidad y esperanza, factores que correlacionan fuertemente con el bienestar en todo el mundo.
Los israelíes están forjados para la resiliencia. Décadas de conflicto, terrorismo y amenazas existenciales han construido lo que algunos investigadores denominan una "mentalidad de asedio" que, paradójicamente, funciona como un sistema inmunológico emocional. Los israelíes esperan las dificultades y se desestabilizan menos ante ellas que las poblaciones que nunca han vivido ese tipo de experiencias.
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