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La población mundial está a punto de llegar a 8 mil millones de personas

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26/10/2022 | por Jeff Jacoby

Las personas son el recurso más importante.

De acuerdo con las Naciones Unidas, la población mundial está muy cerca de llegar al número redondo de 8.000.000.000.

En su último informe anual, la División de Población de la ONU fijó el 15 de noviembre como la fecha en que se concretará este hito, pero eso es sólo una estimación. Nadie sabe con precisión cuándo o dónde nacerá el bebé que llevará a la población mundial a 8 mil millones. Pero podemos predecir con bastante certeza que ese bebé será recibido por su familia al igual que la mayoría de los recién nacidos: con enorme alegría.

Todos deberíamos alegrarnos de que el club de los seres humanos esté por recibir a su miembro número 8 mil millones. El secretario general de la ONU, António Guterres, considera que esta es "una ocasión para celebrar nuestra diversidad, reconocer nuestra humanidad compartida y maravillarnos por los avances de la salud que han expandido la expectativa de vida y reducido drásticamente las tasas de mortalidad materna e infantil".

La explosión demográfica

Tiene razón, por supuesto. Sin embargo, para muchas elites modernas y educadas, el crecimiento de la raza humana es motivo de desesperación y de angustia, no de alegría.

En algunos círculos, se promueve no tener hijos como algo virtuoso, incluso elegante. En uno de sus videos de Instagram, Alexandria Ocasio-Cortez argumentó que "es una pregunta legítima si todavía está bien tener hijos", ya que "hay consenso científico respecto a que la vida de los niños va a ser muy difícil".

Bill Maher, el presentador de "Real Time" en HBO, alaba a los adultos jóvenes que se mantienen alejados de la paternidad. Él dijo a su audiencia: "No puedo pensar un mejor regalo para nuestro planeta que crear menos humanos que puedan destruirlo".

El movimiento Birthstrike, que propugna dejar de tener hijos, afirma que "no tener hijos es la decisión de mayor impacto que una persona puede tomar para revertir el cambio climático".

Nada de esto es nuevo. Durante siglos hubo voces destacadas que proclamaron que tener más niños era algo malo y predijeron que una "sobrepoblación" llevaría a un desastre. Paul Ehrlich se volvió famoso escribiendo libros éxitos de venta, tales como La explosión demográfica, un libro de 1968 en el cual diagnosticó el creciente número de personas en el mundo como un "cáncer" que debía ser extirpado a través de "decisiones brutales y despiadadas".

Ehrlich afirmó que "cientos de millones de personas morirían de hambre" en la década del 70 y que era demasiado tarde para detener la aniquilación que se avecinaba. Otros alarmistas respecto a la población mundial advirtieron que "la Tierra está llena", e insistieron que los recursos del planeta estaban a punto de agotarse y que si hombres y mujeres no dejaban de tener tantos bebés, ellos podían esperar un futuro sin árboles, sin acceso a agua potable y energía.

Pero los terrores pronosticados nunca llegaron a concretarse. No hubo hambrunas masivas, no se extinguieron los recursos, ni hubo un colapso catastrófico en las condiciones de vida humana. En general, la raza humana nunca tuvo tan buenas condiciones como hoy. Y la mejor evidencia de esto es el inminente nacimiento del bebé que llevará a que la población mundial llegue a ser de 8 mil millones de personas.

Más personas hacen que el mundo sea mejor

Hace cien años, el mundo apenas podía mantener a 2 mil millones de seres humanos. Hace diez siglos, sólo 500 millones podían mantenerse vivos. Las probabilidades que tenía un bebé nacido en el año 1000 de sobrevivir a la infancia eran 50/50, y vivir más de 40 años era un logro notable. En contraste, el bebé promedio que nace en la actualidad puede esperar llegar a festejar 70 cumpleaños sin problema. Y si tiene la fortuna de nacer en una nación rica, su expectativa de vida ronda a los 80 años.

¿En el mundo hay pobreza, sufrimiento, terrorismo y crueldad? Sin duda. Hay espantosos desastres naturales, guerras devastadoras, alarmantes enfermedades nuevas… tal como siempre los hubo. Sin embargo, cuando los padres traen otro bebé a un mundo en el que las cosas a veces marchan terriblemente mal, aumentan las probabilidades de que haya alguien que pueda ayudar a arreglar las cosas. Además de todas las otras razones para tener hijos, existe esta poderosa verdad utilitaria: en definitiva, que haya más personas hace que el mundo sea mejor.

El número de seres humanos se ha más que cuadruplicado desde principios del siglo XX, pero la humanidad está floreciendo como nunca antes. El ex presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, una vez observó: "Si tuvieras que elegir un momento de la historia para nacer, y no supieras de antemano quién vas a ser; sin saber si nacerás en una familia rica o en una familia pobre, en qué país nacerás, si serás hombre o mujer… Si tuvieras que elegir a ciegas en qué momento te gustaría nacer, elegirías nacer ahora".

Nadie puede pasar su vida sin sufrir penas, luchas y desilusiones. Sin embargo, es indisputablemente cierto que la vida en la tierra sigue mejorando. En general, los seres humanos nunca tuvieron más salud, riqueza, seguridad, nunca estuvieron mejor alimentados o mejor educados que ahora. Desde la agricultura hasta los viajes aéreos y la abundancia de bienes de consumo, la vida de hombres, mujeres y niños ha mejorado más allá de lo que incluso el optimista más utópico hubiera podido pronosticar en 1920.

El dato demográfico más preocupante hoy en día no es que estemos por llegar a ser 8 mil millones de personas, sino que las tasas de fecundidad (el número promedio de hijos por mujer), cae en picada. Sólo para mantener un nivel de población, se precisa una tasa de fertilidad de 2,1. En ningún país europeo ni en los Estados Unidos, la tasa de fertilidad es tan alta. En China, la tasa es de 1,7: en Rusia, 1,6; en Japón, 1,4. Incluso en el "superpoblado" mundo en desarrollo, las tasas de fertilidad han caído abruptamente. Nos dirigimos hacia una disminución global abrupta en la cantidad de bebés que nacen, y para fines del siglo, después de llegar quizás a un máximo de 10 mil millones, la cantidad de seres humanos comenzará a reducirse. Entonces realmente tendremos algo de qué preocuparnos.

En las palabras del gran optimista y economista Julian Simon, el recurso más importante son las personas. Mientras más bebés produce cada generación, mayor es la bendición de la siguiente generación.

Simon escribió: "Los humanos han creado más de lo que han destruido... Este es el más fundamental de todos los hechos sobre el progreso de la civilización". Simon señala que si en promedio los hombres y mujeres hubieran destruido más de lo que produjeron, nuestra especie habría acabado hace mucho tiempo. "Pero, de hecho, la gente produce mucho más de lo que consume y el producto más valioso de todos es el nuevo conocimiento respecto a cómo superar los problemas materiales".

Sí, que haya más bebés implica que hay más bocas y en consecuencia más consumo. Pero que haya más bebés también implica que hay más manos y mentes… y en consecuencia hay más ideas nuevas, más esfuerzo, más imaginación, más emprendimientos y más progreso.

Por lo tanto, ¡bienvenido bebé número 8 mil millones! Tu llegada nos da una razón para alegrarnos. Que seas bendecido con una vida larga, fructífera y feliz, y que dejes un mundo aún mejor que el que encuentres al nacer.


Este artículo editorial apareció originalmente en "Arguable", un boletín semanal escrito por Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe.




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