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Un tributo a Ozzy Osbourne, el “Príncipe de las Tinieblas” que siempre defendió a Israel.
El martes pasado, el heavy metal se vistió de luto. Ese día, el mundo despidió a Ozzy Osbourne, el inigualable “Príncipe de las Tinieblas”, figura esencial en la creación del heavy metal junto a su banda Black Sabbath y protagonista de una vida marcada por excesos, redención y una conexión sorprendentemente profunda con Israel y el pueblo judío.
Ozzy Osbourne falleció a los 76 años, según confirmó su familia en un comunicado:
“Con una tristeza que las palabras no pueden expresar, debemos informar que nuestro querido Ozzy ha fallecido esta mañana. Estaba con su familia y rodeado de amor. Pedimos respeto a la privacidad de la familia en este momento”.
Aunque la causa exacta no se ha dado a conocer, el cantante había enfrentado problemas de salud en los últimos años, entre ellos Parkinson y complicaciones derivadas de una caída en 2019. Su muerte marca el fin de una era en la historia de la música: Osbourne no solo redefinió los límites del rock pesado, sino que también derribó barreras culturales al establecer un vínculo sincero con Israel.
Si bien fue criado en la tradición de la Iglesia Anglicana en Birmingham, Inglaterra, la relación de Ozzy con el mundo judío se forjó a través de Sharon Osbourne —nacida Sharon Levy—, su esposa y mánager, hija del legendario productor musical Don Arden, de ascendencia judía ashkenazí.
La identidad de Sharon y su carácter combativo marcaron la vida familiar, inspirando a Ozzy a reflexionar sobre el antisemitismo y a cuestionar sus raíces más irracionales.
“¿Por qué la gente no quiere a los judíos?”, solía preguntarle a Sharon, incapaz de comprender el odio antisemita. Esa curiosidad genuina y su rechazo a los prejuicios sentaron las bases de una relación con Israel que trascendió lo meramente profesional.
En 2010, su famoso “Crazy Train” hizo su primera parada en Tel Aviv para el Ozzfest, celebrado en el parque Hayarkon. Pero el viaje fue más que un concierto: Ozzy y Sharon dedicaron un día completo a explorar Jerusalén. Rezaron en el Muro Occidental, recorrieron la Ciudad Vieja y visitaron Yad Vashem, el museo del Holocausto, en una experiencia que el propio Ozzy describió como “profundamente conmovedora”.
A pesar de las presiones de activistas para cancelar el concierto, la pareja se mantuvo firme. Sharon, con su estilo directo, respondió:
“Soy mitad judía. Tocamos donde queremos tocar. Punto.”
Ozzy, por su parte, dejó claro que su ausencia previa en Israel se debía a sus batallas personales con el alcohol, no a cuestiones políticas. “Tocar aquí es un honor”, declaró en su visita.
Ocho años después, en 2018, Ozzy regresó a Israel en su gira de despedida “No More Tours 2”, con un concierto en el Live Park de Rishon LeZion que reunió a decenas de miles de fans. Para la comunidad del metal en Israel, este concierto fue histórico: marcó el reconocimiento de la escena internacional hacia un público que lucha contra boicots culturales.
Kobi Farhi, líder de la banda israelí Orphaned Land, que abrió el concierto, describió a Ozzy como “un sumo sacerdote” y “un rabino del metal” cuya influencia cambió para siempre el género.
El vínculo de los Osbourne con Israel no se limitó a los escenarios. En marzo de 2025, ambos firmaron junto a más de 200 figuras del entretenimiento una carta abierta denunciando el “sesgo sistemático contra Israel” en la BBC.
En otra ocasión, Ozzy le prohibió al rapero Kanye West que utilizara un sample compuesto con él para una canción. “No quiero que mi música sea utilizada por un antisemita”, dijo Osbourne entonces.
Más recientemente, Sharon pidió revocar las visas en EE. UU. de una banda irlandesa por lo que consideró un “acto de odio” durante su actuación en Coachella. Estas posturas, directas y sin concesiones, resonaron profundamente en la comunidad judía internacional.
Ozzy Osbourne fue más que un ícono del metal. Con Black Sabbath, inventó un lenguaje musical basado en riffs pesados y letras que mezclaban horror y crítica social, transformando canciones como Iron Man y Paranoid en himnos inmortales. Como solista, amplió los límites del género con temas como Crazy Train y Bark at the Moon, mientras que Ozzfest se convirtió en una plataforma vital para bandas emergentes cuando el metal parecía estar fuera de moda.
En paralelo, su espontaneidad y humor británico conquistaron al público masivo con el reality The Osbournes, que lo presentó como un padre entrañable, muy distinto al mito oscuro de los ochenta.
Hoy, mientras sus fans en todo el planeta lloran su partida, en Israel su recuerdo tiene un matiz especial: el de un artista que supo desafiar prejuicios y conectar culturas. Su vida, marcada por luchas personales, triunfos artísticos y una postura firme contra el odio, lo convirtió en algo más que una leyenda musical.
Ozzy Osbourne fue un puente: entre el metal y la espiritualidad, entre el caos del escenario y el respeto a una historia milenaria.
“Mi vida ha sido increíble. No podrías inventar mi historia”, dijo alguna vez.
Quizás esa historia, ahora cerrada, nos recuerde que el verdadero arte no solo electrifica estadios, sino que también tiende lazos de entendimiento.
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Me alegra mucho haber leído este artículo sobre Ozzy Osbourne y poder conocerlo un poco más. No soy seguidora de ese tipo de música, pero Ozzy tiene todas admiración y respeto por su postura sobre Israel. Excelente artículo.