La promesa de la Torá y la historia del pueblo judío

01/06/2026

4 min de lectura

Incluso después de una pérdida insoportable, el espíritu judío jamás puede extinguirse, porque aunque el pergamino arda y las vidas queden destrozadas, las letras eternas de la Torá y de la fe continúan elevándose.

Hace un año, Tzila Gez —embarazada de 9 meses— y su esposo, Jananel, conducían hacia el hospital para el nacimiento de su cuarto hijo cuando terroristas abrieron fuego contra su automóvil. Tzila resultó gravemente herida y Jananel sufrió heridas de menor gravedad. Los médicos lograron milagrosamente traer al mundo al bebé mientras intentaban, sin éxito, salvar la vida de su madre. Trágicamente, Tzila falleció esa misma noche.

Antes del ataque, ella ya le había dicho a su esposo el nombre que le gustaría ponerle al bebé: Ravid.

Jananel dudaba porque su hijo mayor se llama Lavi y los nombres sonaban parecidos, pero ella insistía en que era un nombre hermoso.

Mientras el bebé luchaba por sobrevivir, Jananel y sus rabinos le dieron un nombre para que el pueblo judío pudiera rezar por él: Ravid Jaim.

Ese mismo día, fuerzas israelíes localizaron al terrorista responsable del ataque. Durante la operación, el terrorista volvió a abrir fuego y fue abatido. Después, el oficial al mando fue a informar a Jananel. Al enterarse de que el bebé ya tenía nombre, preguntó cuál era.

"Ravid Jaim", le dijo Jananel

El oficial se emocionó visiblemente y se apartó unos metros. Unos momentos después regresó y dijo en voz baja: "Mi nombre es Ravid Jaim".

Jananel lo abrazó.

En una devastadora continuación de la tragedia, el bebé Ravid Jaim falleció tras luchar por su vida durante quince días. En el funeral, su padre cantó 'Hamalaj hagoel', la canción que los padres cantan a sus hijos antes de dormir.

En momentos como estos, cuesta comprender qué permanece después de que tanto ha sido destruido. Hay momentos en la historia judía y en la vida judía en los que el dolor parece insoportable y la destrucción total. Sin embargo, la Torá nos enseña que incluso cuando algo sagrado se rompe, algo más profundo y perdurable sobrevive.

Las Tablas quebradas

Cuando Moshé descendió del monte Sinaí llevando las dos tablas y vio al pueblo judío adorando el Becerro de Oro, arrojó las tablas de sus manos y las hizo añicos al pie de la montaña. Los Sabios explican que en ese instante la santidad ya había abandonado las tablas. Las letras habían "volado" fuera de la piedra. Las tablas se rompieron, pero las letras permanecieron.

Esa impactante expresión aparece otra vez en la literatura judía. El Talmud describe el martirio de Rabí Janina ben Teradión durante la persecución romana contra el estudio de la Torá. A pesar del decreto que prohibía enseñar Torá, él continuó haciéndolo públicamente. Los romanos lo envolvieron en un rollo de Torá y le prendieron fuego, rodeándolo con lana mojada para prolongar su sufrimiento.

Mientras su maestro ardía ante sus ojos, sus alumnos le preguntaron: "Rabí, ¿qué ves?". A primera vista, la pregunta parece extraña. ¿Qué había para ver? Pero quizá preguntaban algo mucho más profundo. ¿Qué sucede con la Torá cuando sus enemigos intentan quemarla? ¿Qué queda del pueblo judío después de la destrucción? ¿Qué permanecerá con nosotros ahora?

Rabí Janina respondió con palabras que desde entonces resuenan a lo largo de la historia judía: "El pergamino arde, pero las letras se elevan".

La Torá tiene dos dimensiones. Está el pergamino y están las letras. Está la forma física y el espíritu eterno que habita en ella. El pergamino puede arder y la piedra puede quebrarse, pero las letras, las ideas, los valores, la fe y la alianza que contienen, no pueden ser destruidas.

Más allá de lo físico

La entrega de la Torá nunca consistió únicamente en recibir tablas de piedra o rollos de pergamino. Se trataba de recibir letras eternas. La Torá puede escribirse sobre piedra, pergamino, papel o pantallas, pero su esencia vive más allá del material que la contiene. La forma física puede cambiar o incluso ser atacada, pero la Torá misma continúa elevándose a través de las generaciones de judíos que la llevan dentro de sí.

Esa es la historia del pueblo judío. Imperios enteros intentaron borrarnos. Destruyeron nuestros Templos, quemaron nuestras casas de estudio, expulsaron comunidades y asesinaron generaciones enteras. Sin embargo, las letras siguieron elevándose.

Quizá el propio Rabí Janina encontró fuerza en Moshé, quien entendió que aunque las tablas pudieran romperse, las letras sobrevivirían. La esencia de la Torá nunca estuvo confinada a la piedra.

Los Sabios comparan a cada ser humano con un rollo de Torá. Nos ponemos de pie ante ambos. Lloramos por ambos. Ambos poseen una santidad que trasciende su forma física. Una persona también contiene pergamino y letras: un cuerpo y un alma. El cuerpo puede perecer, pero las letras perduran.

Letras eternas

En hebreo, la palabra “elevarse” también significa florecer y crecer. Las letras no simplemente sobreviven a la destrucción. Continúan avanzando. Echan raíces en otros lugares. Crean nueva vida.
Eso es cierto para la Torá. Es cierto para el pueblo judío. Y es cierto para aquellos que hemos perdido.

Jananel Gez describió a su mujer diciendo: "Mi esposa era un ángel". Él habló de las innumerables personas a las que Tzila ayudó mediante terapia, tratamiento de ansiedad y apoyo emocional. Luego dijo algo extraordinario: "Seguimos aprendiendo de ella después de su muerte. Seguimos obteniendo fuerza de ella. Es increíble. Estamos aprendiendo, a partir de los videos que ella dejó, cómo enfrentar la tragedia de haberla perdido".

El terrorista destruyó el cuerpo de Tzila, pero sus letras siguen elevándose. Su bondad, su fe, su valentía, su voz y el impacto que tuvo en los demás no fueron enterrados.

En el desgarrador funeral de Ravid Jaim, su padre dijo que había llegado el momento de que el recién nacido regresara junto a su madre. Habló del espíritu indestructible del pueblo judío y de su fe en Dios.

La Torá no fue entregada una sola vez, sino que continúa viviendo dentro de nosotros hoy. Cada judío que estudia Torá, vive Torá, enseña Torá y transmite Torá pasa a formar parte de esas letras eternas.

Estos últimos años han estado llenos de guerra, pérdida y creciente antisemitismo. Nuestros enemigos han atacado el pergamino del pueblo judío. Han destruido cuerpos, hogares e incluso comunidades enteras. Pero no pueden destruir las letras.

Las letras continúan elevándose: a través de soldados y deudos, a través de padres que cantan 'Hamalaj hagoel' en momentos de pérdidas inimaginables. Se elevan a través de cada judío que todavía cree, todavía estudia, todavía construye y todavía canta.

Esa es la promesa de la Torá y esa es la historia del pueblo judío.

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Carlos Demares
Carlos Demares
13 días hace

Extraordinario y hermoso documento, ciertamente aunque haya destrucciones la letra de la tira sigue viva en corazones de los judíos.

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