Murió el Indio Solari, ¿qué mensaje espiritual podemos aprender de su partida?


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Tu frágil ego hace que tomes las cosas de manera personal. El antídoto eficaz contra la ira es construir una autoestima real.
Quiero ahorrarte 25 años de terapia:
Sucede algo y lo tomas como algo personal → te enojas.
Sucede algo y no lo tomas como algo personal → no te enojas.
Eso es todo.
Por lo tanto, la verdadera pregunta es: ¿por qué te tomas las cosas de manera personal?
La respuesta en una palabra: ego.
Cuando eres egocéntrico, todo se trata de ti.
Una persona choca contigo en una calle concurrida y te das vuelta, molesto… hasta que descubres que es ciego o tiene alguna discapacidad y solo intenta pasar. En el momento en que ves su limitación, tu corazón se abre, tu ego se silencia; de repente ya no sientes que te lo hicieron “a ti”, y la ira se evapora.
O una compañera de trabajo derrama café en tu escritorio y sale corriendo. Estás listo para irrumpir en su oficina… hasta que te enteras de que su hijo acaba de ser llevado de urgencia al hospital. La ira no puede sobrevivir sin esa voz interior que insiste: “Esto me lo hicieron a mí”.
Los seres humanos estamos diseñados para la conexión. La conexión es nuestro placer más profundo. Así que nuestro mayor miedo es el dolor del rechazo o la desconexión.
Si te sientes o no digno de conexión depende de tu sentido de autoestima.
Aquí está la clave: la autoestima y el ego funcionan como un subibaja… uno sube, el otro baja.
Cuanta menos autoestima tienes, más se infla tu ego para compensar por los sentimientos de culpa, inseguridad y vergüenza.
Cuanta más autoestima tienes, más pequeño es el ego. Cuanta menos autoestima tienes, más se infla tu ego para compensar por los sentimientos de culpa, inseguridad y vergüenza.
El ego es el yo falso, una coraza protectora construida cuando no te sientes suficientemente bien por dentro.
¿Y qué hace el ego?
Hace que todo se trate de ti. Y cuanto más involucrado está el ego, más personalmente tomas las cosas, porque te vuelves literalmente egocéntrico.
Rav Israel Salanter (1810–1883), fundador del movimiento de Musar de mejoramiento personal, escribió: “La ira no comienza por el acto en sí, sino por la interpretación que se forma en el corazón de la persona” (Or Israel, Igueret 18).
Porque el ego existe para compensar la baja autoestima. El ego vive con miedo constante de que la forma en que la gente te trata sea una “prueba” de que no eres digno de amor y conexión.
Por eso, cuando alguien es grosero, despectivo o desconsiderado, el ego interpreta eso como una confirmación de tu miedo más profundo: “Tal vez no soy digno de amor”.
Ese miedo se convierte en ira, una emoción secundaria que enmascara la vulnerabilidad.
Esto nos lleva a una de las ideas más cruciales:
Las palabras o acciones de alguien solo duelen por lo que ya sentimos sobre nosotros mismos.
Piénsalo: si alguien te ve como “menos”, eso no te hace menos. Pero si tú te sientes menos, entonces su comportamiento se vuelve aterrador, y el miedo se convierte en ira.
En verdad, la forma en que alguien se comporta contigo refleja su autoestima y no tiene nada que ver con tu valor intrínseco, a menos que tu ego decida que se trata de ti.
Cuando alguien cercano (por ejemplo. tu cónyuge) hace algo que no te gusta, el comportamiento en sí no es lo que te molesta. Lo que te molesta es el significado que le atribuyes.
Puedes pensar: “No, me molesta por lo que HIZO”. Pero mira más de cerca.
Su acción es una cosa. La conclusión a la que llegas sobre lo que esa acción significa respecto a ti, esa es la verdadera fuente de tu ira.
Te dices:
“No me respeta”.
“No me valora”.
“No me ama lo suficiente”.
Aquí está la distinción clave:
No es lo que el otro hizo, sino lo que crees que significa.
Si te molestaras con tu cónyuge y luego te pidiera perdón sinceramente (con lágrimas, asumiendo total responsabilidad, pidiendo tu perdón y haciendo todo lo posible por arreglarlo), ¿podrías seguir sosteniendo la ira?
Seguirías objetando el comportamiento, por supuesto. Pero la ira se desvanecería porque el significado que asignaste cambia, y eso cambia cómo te sientes.
De hecho, en lugar de quedarte dolido, incluso podrías encontrarte tratando de consolar a tu cónyuge y sacarlo de su dolor. Una vez que el ego se atenúa, dejas de estar centrado en el “yo” y surge naturalmente la empatía.
Pero vayamos aún más profundo
¿Y si realmente no te respetan?
Incluso entonces, la pregunta sigue siendo: ¿Qué significa eso?
Puede significar que tu cónyuge carece de autoestima y, por lo tanto, tiene dificultades para dar o recibir amor y respeto. Una persona solo puede dar lo que tiene.
Podría significar que necesitas preguntarte:
“¿He sido afectuoso?” “¿Mi conducta ha contribuido a esta dinámica?”
Pero una conclusión que siempre es incorrecta es la basada en el ego: “Merezco esto porque algo está mal conmigo”.
Nadie quiere ser maltratado, y el dolor puede ser real. Pero la ira surge del significado que tú atribuyes, no de la situación en sí. Y ese significado siempre se basa en una cosa: cómo te sientes contigo mismo.
Si te sientes indigno de amor y conexión, comienzas a buscar “evidencia” en el mundo.
Si no la encuentras, la inventas. Empiezas a leer entre líneas, a sacar conclusiones precipitadas y a conectar puntos para completar la narrativa que refuerza esa creencia.
El Rambam explica que una persona experimenta el mundo no como es, sino “lefi má shehu”, según su estado interior. El Rambam escribe que las creencias internas de una persona generan sus reacciones emocionales: “Las imaginaciones… son las que dan lugar a la ira, la tristeza y el miedo” (Moré Nevujim 3:8).
Esto significa que todos a tu alrededor podrían hacerlo todo bien y aun así tú verías una realidad diferente. Quedas atrapado en estos patrones y, de forma alarmante, con demasiada frecuencia manipulas los eventos de manera subconsciente para que coincidan con tus expectativas. Es como necesitas que sea el mundo.
Cuando el ego domina, tener razón se vuelve una prioridad emocional más importante que ser feliz.
Una vez que esa creencia se afianza, te vuelves hipersensible a cualquier cosa que la apoye. “Ves” lo que necesitas ver para demostrar que tienes razón.
El mundo es como lo predijiste. Te sientes seguro porque tus creencias (sin importar cuán dañinas o distorsionadas) han sido reafirmadas. Tendrás razón, incluso si en el proceso eso te destruye a ti y a tus relaciones.
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